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Las circunstancias meteorológicas que estamos viviendo en el norte de Marruecos desde hace semanas están generando una situación complicada para la población en general y para las personas más necesitadas en particular.
Las autoridades marroquíes y muchas personas de buena voluntad están sumando esfuerzos para ayudar a quien más lo necesita en estos momentos. También desde la Iglesia tratamos de aportar nuestro granito de arena, estando al lado de los más vulnerables. Son quizá pequeños gestos, pero que hablan de fraternidad, acogida y servicio.

En Tánger, el proyecto el Faro, que trabaja con niños en situación de calle, lanzó una llamada para atender las necesidades sobrevenidas de alimento y cobijo. Ha sido entrañable ver cómo desde otras obras de la archidiócesis y personas particulares, cristianas y musulmanas, adultos y niños, han aportado mantas, bocadillos y alimentos para ellos, o se ofrecen con su tiempo para ayudar en lo necesario.
Hay fieles en algunas parroquias que han ofrecido su aportación económica para facilitar alojamiento a quien lo necesita.
La comunidad de Hijas de la Caridad presente en Ksar el Kebir, como el resto de la población, ha tenido que abandonar la ciudad con carácter preventivo. Transitoriamente se han trasladado a la casa de las religiosas presentes en Temara, dispuestas a volver cuando sea posible y ayudar a los damnificados, según sus posibilidades.
A estas pequeñas acciones, se une la oración confiada a Dios en favor de la población marroquí que nos acoge en esta tierra.
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