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El viernes 13 de febrero se respiraba, verdaderamente, fraternidad en el Centro Lerchundi de Martil, durante el acto organizado para recordar y profundizar el “Documento sobre la Fraternidad Humana”, firmado por el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar en Abu Dabi, en 2019.
Esta es la impresión generalizada entre los asistentes, al acabar la celebración. Eran unas cuarenta personas provenientes no solo de Martil y Tetuán, sino también de Fnideq, Tánger, o Larache; cristianos, musulmanes y personas de otras convicciones no religiosas. A través de la música y de la palabra, expresada en diversas lenguas, en forma de testimonio, de exposición, de diálogo, de poesía… la fraternidad fue realmente la protagonista de la tarde.
Para comenzar, el acto se enmarcó en el contexto de la Jornada Internacional de la Fraternidad Humana, que la ONU estableció en 2021 para cada 4 de febrero, coincidiendo con la firma del Documento de Abu Dabi. La hna Sanaa’ y Amparo leyeron unos fragmentos del documento, en árabe y español.

A continuación, se presentaron una serie de breves testimonios, de cómo se pone en práctica en la vida y desde el corazón, la fraternidad humana: Ami y Serge, migrantes de Senegal y Camerún; Mustafa, Abdelatif y Khoceima, profesores en Fnideq, Tetuán y en la universidad Abdelmalek Essaadi; Rahma, Turia y Emilia, dos mujeres marroquíes y una española que colaboran en el Centro de la Mujer, del Centro Lerchundi de Martil.

Después de comprobar cómo existen ya fragmentos de fraternidad, Fray Omar, franciscano párroco de Tetuán y archivero diocesano, ayudó a los presentes a profundizar el mensaje del Documento de Abu Dabi, destacando un fragmento en concreto: “El primer y más importante objetivo de las religiones es el de creer en Dios […], es el CREADOR que nos ha plasmado con su sabiduría divina y nos ha concedido el DON de la vida para conservarlo”. Apuntó también algunas pistas para seguir poniendo en práctica en la actualidad el contenido del documento.

El diálogo con los presentes fue vivo y dinámico, compartiendo impresiones personales, así como nuevos testimonios de cercanía y también algunos retos, vividos por diversos colaboradores del Centro Lerchundi y asistentes en general. Sólo un ejemplo, entre tantos: Fatima, joven universitaria, explicó cómo la sencillez de un cumpleaños sorpresa, celebrado entre personas diversas, puede llegar a ser una tesela más de un mosaico de fraternidad.

El violín, la guitarra y las voces, se entrelazaron en un último momento de diálogo fraternal, con actuaciones preparadas y otras espontáneas, para celebrar que todos somos miembros de la gran familia humana, compartiendo un té y muchas sonrisas, en un clima que dejaba un sentimiento de paz interior en los presentes.
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