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Con ocasión de la visita del Papa León XIV a Canarias, la Red Eclesial de Hospitalidad Atlántica (REHA) renueva su compromiso a favor de la dignidad de las personas migrantes para “seguir tejiendo puentes entre territorios, comunidades y personas”. En fecha inmediatamente anterior a los actos de la visita apostólica de León XIV en el Puerto de Arguineguín (Gran Canaria) y en Santa Cruz de Tenerife, la REHA, iniciativa impulsada por el Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española (CEE), la Red África-Europa para la Movilidad Humana (RAEMH) y diversas diócesis africanas, ha emitido un comunicado aprovechando la coyuntura de la presencia del papa León que pone en el foco la realidad de la movilidad humana, para dar mayor visibilidad al trabajo que realizan las diócesis, comunidades y organizaciones comprometidas a lo largo de la Ruta Atlántica, así como al proceso de consolidación de la REHA.

No podemos acostumbrarnos al sufrimiento: la Iglesia refuerza su compromiso con las personas migrantes en la Ruta Atlántica
La visita del Papa León XIV a Canarias pone el foco sobre una de las fronteras más mortíferas del mundo y sobre la labor de acogida, acompañamiento y esperanza que desarrollan numerosas comunidades eclesiales a ambos lados del Atlántico.
La próxima visita del Papa León XIV a las Islas Canarias constituye una oportunidad histórica para visibilizar una realidad que interpela profundamente a nuestras sociedades: la movilidad humana en la Ruta Atlántica, una de las rutas migratorias más peligrosas y mortíferas del mundo.
Durante los últimos años, miles de personas han llegado a Canarias tras recorrer un camino marcado por la incertidumbre, la violencia, la pobreza, los conflictos, los efectos del cambio climático y la falta de oportunidades. Muchas otras han perdido la vida en el mar intentando alcanzar un futuro más seguro para ellas y sus familias.
Ante esta realidad, la Iglesia está presente y actúa cada día a lo largo de toda la ruta migratoria, acompañando a las personas en los territorios de origen, tránsito, destino y retorno. Esta presencia se concreta en el trabajo cotidiano de parroquias, diócesis, congregaciones religiosas, organizaciones eclesiales y personas voluntarias que acogen, protegen y acompañan a las personas migrantes, refugiadas y víctimas de trata en cada etapa de su recorrido.
Esta labor cotidiana se traduce en acogida, escucha, orientación, protección, asistencia humanitaria, acompañamiento espiritual, apoyo a la integración y construcción de comunidad. Una respuesta que nace de la convicción de que toda persona posee una dignidad inviolable y merece ser acogida como hermana.
La movilidad humana no es una emergencia pasajera ni una cuestión exclusivamente fronteriza. Constituye uno de los grandes desafíos humanos, sociales y pastorales de nuestro tiempo. Por ello, la respuesta no puede limitarse a la atención inmediata ni a la gestión de fronteras. Es necesario construir procesos de acogida integral, inclusión, convivencia y desarrollo humano que permitan a cada persona reconstruir su proyecto de vida con dignidad.
En este contexto se consolida la Red Eclesial de Hospitalidad Atlántica (REHA), una iniciativa que articula la colaboración entre más de 30 diócesis, organizaciones eclesiales y agentes pastorales presentes a lo largo de la Ruta Atlántica comprometidos con la acogida, la protección, la promoción y el acompañamiento de las personas migrantes, refugiadas y víctimas de trata.
Como recuerda Mons. Victor Ndione, obispo de Nouakchott y presidente de la Comisión Episcopal para las Personas en Movilidad de Mauritania; “la migración nos interpela a todos como Iglesia y nos invita a caminar junto a las personas más vulnerables, allí donde se encuentren”.
La experiencia acumulada por estas comunidades demuestra que la hospitalidad no es únicamente una respuesta asistencial. Genera encuentro, intercambio de dones y experiencias, fortalece los vínculos entre personas y comunidades, y contribuye a construir sociedades más cohesionadas, inclusivas y fraternas.
En palabras de Mario Almeida, miembro del equipo de coordinación para África de la Sección Escucha y Diálogo del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral; “la hospitalidad no consiste únicamente en responder a necesidades inmediatas, sino en reconocer la dignidad de cada persona y construir relaciones que transforman tanto a quienes llegan como a quienes acogen”.
La visita del Santo Padre a Canarias representa una ocasión privilegiada para escuchar el clamor de quienes arriesgan su vida en la Ruta Atlántica, pero también para reconocer el compromiso de tantas comunidades que trabajan cada día para que nadie quede excluido ni reducido a una cifra o a un debate político.
En este contexto, la REHA participará también en distintos espacios de reflexión y encuentro vinculados al Simposio Internacional sobre Migraciones que se celebrará en Tenerife. Estos espacios permitirán visibilizar el trabajo realizado por las Iglesias a lo largo de la ruta atlántica, compartir experiencias pastorales y fortalecer la cooperación entre territorios de origen, tránsito y destino.
Asimismo, la reciente reunión internacional de la REHA, celebrada en mayo de 2026 con representantes de distintos países de la ruta atlántica, permitió reafirmar el compromiso común de seguir fortaleciendo esta red de hospitalidad, coordinación pastoral y solidaridad entre Iglesias.
Hoy más que nunca resulta necesario promover vías seguras y legales para la movilidad humana, reforzar la protección de los derechos fundamentales de las personas migrantes y refugiadas, y apoyar las iniciativas comunitarias que sostienen la acogida y la integración en los distintos territorios.
Más allá de la respuesta humanitaria y de acogida, resulta imprescindible seguir trabajando sobre las causas que obligan a millones de personas a abandonar sus hogares, promoviendo condiciones que hagan efectivo el derecho a no emigrar y permitan a las personas desarrollar sus proyectos de vida en sus propias comunidades cuando así lo deseen.
Las Islas Canarias ocupan hoy una posición singular como frontera, pero también como puente entre continentes, culturas y pueblos. Desde esta realidad, la Iglesia reafirma su compromiso de seguir construyendo espacios de hospitalidad, encuentro y esperanza.
La Ruta Atlántica no puede ser conocida únicamente por el sufrimiento que alberga. También puede convertirse en un espacio de solidaridad, fraternidad y futuro compartido.
La Red Eclesial de Hospitalidad Atlántica renueva así su compromiso de seguir tejiendo puentes entre territorios, comunidades y personas, convencida de que la hospitalidad es una expresión concreta de la fraternidad universal a la que nos invita el Evangelio y una contribución necesaria para construir un mundo más humano, más justo y más esperanzador para todas las personas.



