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El próximo domingo 18 de octubre se celebra la Jornada Mundial de las Misiones número 100. Nuestro arzobispo nos ha escrito una carta con la que nos desmenuza el mensaje del papa León XVI con motivo de esa Jornada y nos anima a vivir como Iglesia misionera.
RECURSOS para la Jornada del Domund, más abajo.

“UNO EN CRISTO. UNIDOS EN LA MISIÓN”
Carta con motivo de la 100ª JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES
18 de octubre de 2026
A los sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos consagrados y a todos los fieles de la Archidiócesis de Tánger:
Queridos hermanos y hermanas en el Señor:
Nos disponemos a celebrar el próximo 18 de octubre una nueva edición de la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND). Se trata de un acontecimiento que vibra con fuerza en el corazón mismo de la Iglesia universal y que, año tras año, nos convoca a volver la mirada hacia el mandato original de Jesucristo: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15).
Este año, nuestra reflexión y animación se iluminan de manera especial por el Mensaje del Papa León XIV, que nos convoca a celebrar la Jornada bajo un lema que resuena con especial intensidad en nuestro caminar diocesano: “Uno en Cristo, unidos en la misión”. No es un simple eslogan, es una llamada providencial a redescubrir que la tarea misionera no es una acción separada e independiente; la vida de la Iglesia y la de cada creyente no se estructura a base de compartimentos estancos, sino como un cuerpo armónico en el que cada miembro ocupa un lugar y tiene una misión insustituible; es en este contexto que nuestra acción evangelizadora misionera se manifiesta como el fruto maduro de la comunión con el Señor y entre nosotros.
Para quienes conformamos la Archidiócesis de Tánger, que institucionalmente depende de PROPAGANDA FIDE, esta Jornada tiene cada año un significado vivencial único. Nosotros no miramos la misión desde la distancia; nosotros somos y vivimos en tierra de misión; con las diócesis hermanas en el Norte de África (Túnez, Argelia y Libia) somos una Iglesia misionera. Nuestra archidiócesis es heredera y continuadora al mismo tiempo de la entrega, el testimonio silencioso y la comunión en la diversidad de las generaciones que nos han precedido; somos una Iglesia local en la que, con más fuerza aún que en otros lugares, la unidad -que no la uniformidad- es una fuerza evangelizadora de primera magnitud.
- “Uno en Cristo”: El Señor es nuestra fuente de comunión
El Papa León XIV nos recuerda que antes de los frutos en forma de acción misionera debe estar la raíz del árbol: no podemos ser auténticos testigos si cada uno de nosotros no estamos profundamente injertados en la vid verdadera que es Jesucristo. En el contexto particular de nuestra archidiócesis, donde somos un pequeño rebaño compuesto por personas de múltiples nacionalidades, lenguas y culturas, esta premisa se vuelve vital.
Nuestra diversidad no tiene por qué conducir a la disgregación; hay que percibirla como un don, pero sin olvidar nunca que es la centralidad de Cristo la que nos hace un solo cuerpo. En nuestras parroquias la Eucaristía dominical y la oración compartida son el espacio donde experimentamos esta verdad: por encima de nuestras diferencias de origen, somos uno en Cristo. De esa fuente brota la fuerza para nuestra presencia en Marruecos, una presencia humilde pero viva y ardiente; un “resto” (cf. Is 49,6; Jer 6,9; Ez 9,8; Sof 3,13…) que se niega a terminar siendo “desperdicio”.
- “Unidos en la misión”: El testimonio del encuentro
Estar unidos en la misión implica que cada comunidad parroquial, cada congregación religiosa y cada estructura diocesana trabaja en sintonía, no para promocionarse a sí misma, sino para hacer visible el Reino de Dios. En Marruecos, este envío conjunto se traduce en dos realidades muy concretas:
- El diálogo islámico-cristiano: La misión aquí adquiere el rostro del respeto mutuo, la hospitalidad y la cultura del encuentro. Unidos, manifestamos la belleza de una Iglesia que, sin renunciar ni disminuir su identidad, no busca imponer, sino proponer el amor de Dios compartiendo el día a día con nuestros vecinos musulmanes, tejiendo con ellos lazos de amistad y colaboración en el bien común.
- El rostro de la misericordia con el sufriente: A través de Cáritas y de nuestras múltiples obras y proyectos, nos convertimos en un solo corazón empeñado en acoger, proteger, promover e integrar a los más vulnerables: a los migrantes que transitan por nuestras ciudades en busca de un futuro digno. A las mujeres en dificultad, a los niños en situación de calle, a las familias que no pueden cubrir sus necesidades más básicas… Cuando atendemos al caído en el camino, no actuamos de forma aislada cada grupo o cada persona; es toda la Iglesia diocesana la que se une para ser bálsamo de Cristo.
- El DOMUND: Corresponsabilidad de una Iglesia universal
Celebrar el DOMUND nos pide levantar la mirada de nuestras propias fronteras y necesidades locales. Aunque somos una diócesis numéricamente pequeña y con recursos limitados, formamos parte de la Iglesia católica. Formar parte de este fondo solidario universal con el que el Papa sostiene los territorios de misión es un ejercicio concreto de comunión eclesial.
Por ello, me invito y os invito a vivir esta jornada atendiendo a dos dimensiones fundamentales:
- La oración comunitaria y personal: La misión es, ante todo, obra del Espíritu Santo. Os pido que intensifiquemos la oración por todos los misioneros del mundo -especialmente por los que trabajan en situaciones de conflicto, persecución o aislamiento- para que el Señor les conceda fortaleza y fidelidad perseverante.
- La generosidad material: La colecta del DOMUND sostiene los proyectos educativos, sanitarios y pastorales de las Iglesias más jóvenes o desfavorecidas. Sé bien que nuestras comunidades parroquiales y de vida consagrada son económicamente frágiles, como lo es la entera archidiócesis, pero esto no me impide exhortaros a colaborar con generosidad, desprendiéndonos de lo nuestro para que la esperanza de Cristo siga dando frutos de vida y dignidad en todo el mundo. Nadie es tan rico que no necesite de los demás y nadie es tan pobre que no pueda ofrecer de lo suyo a los otros.
- Gratitud y envío
Quiero expresar mi más profundo agradecimiento a todos los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que gastáis y desgastáis vuestra vida en la archidiócesis de Tánger. Gracias por vuestra fidelidad cotidiana, por vuestra paciencia y por ser la traducción viva del lema que el Papa nos propone este año: “Uno en Cristo, unidos en la misión”
Que la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Marruecos, nos enseñe a vivir siempre unidos en la misión que su Hijo nos ha confiado.
Os bendigo de corazón y os deseo una fructífera y santa Jornada del DOMUND.
Fraternalmente en Cristo,
Fr. Emilio Rocha Grande OFM
Arzobispo de Tánger
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