Del misterio del Siervo al misterio de la Iglesia:

Has celebrado ya el nacimiento de Cristo. Acércate ahora al misterio del Hijo que ha sido bautizado, del Maestro que te va a guiar, del Médico que te va a curar, del Enviado que te va a rescatar.

No vengas si no buscas luz. No te acerques si no buscas salvación. Nada hallarás en este sacramento si no buscas redención.

Lo que en esta celebración vas a oír es evangelio sólo para quien busca, sólo para quien sueña, sólo para pobres con esperanza, para pecadores con hambre de renovación.

Para los demás, tu evangelio, como tu sacramento, no es buena noticia, no es siquiera noticia; es apenas mito con aburrimiento.

Pero tú, que buscas, que sueñas, que esperas, que hambreas la justicia del reino de Dios, tú gozarás hoy al escuchar en la celebración las palabras de la revelación: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”; este es el Siervo de Dios, este es el Hijo de Dios.

Cuando Juan vio a Jesús que venía hacia él, el precursor descubrió en aquel hombre al Siervo del Señor, el profeta señaló en aquel bautizado al Cordero de Dios, el testigo reconoció en aquel ungido al Hijo de Dios.

Considera el misterio que celebras: Hoy, en tu eucaristía, no te encuentras con el precursor sino con el Enviado; en la comunidad reunida no te espera el profeta sino el Anunciado; en la liturgia de la Iglesia no oirás el eco de la voz sino la verdad de la Palabra. Hoy viene a ti el que es luz de las naciones, hoy te visita el sol que nace de lo alto, hoy la salvación llega para ti hasta el confín de tu tierra. Hoy rocía las jambas de tus puertas la sangre de Cristo, Cordero sin mancha, el Cordero de la Pascua nueva y eterna, el Hijo que, por su obediencia, trae la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre. Hoy, tu Dios ha preparado mesa para ti, tu copa rebosa, y tú has conocido el amor que Dios te tiene.

Hoy comulgas lo que has venido a buscar en el misterio: la luz, la salvación, la redención. Hoy, Iglesia de Cristo, comulgas lo que estás llamada a ser: luz, salvación, redención.

Goza con lo que recibes de Cristo. Y que los pobres gocen con lo que reciben de ti.

Feliz domingo.

Cardenal Cristóbal López

«Las migraciones no son un problema, sino la consecuencia de muchos problemas»

El encuentro tendrá lugar en Bari, con el título «Mediterráneo, frontera de la paz», organizado por la Conferencia Episcopal Italiana.

Estará presente el Cardenal Cristóbal López Romero, salesiano de 67 años, Arzobispo de Rabat. Para él, la migración es la cuestión extraeclesial más importante sobre la que hay trabajar juntos

«El Mediterráneo no puede seguir siendo una frontera de hambre, de sufrimiento, de desigualdad, de angustia, de muerte». «Es hora de dedicar un Sínodo a la migración, que es un fenómeno mundial», añade

Dentro de la Iglesia, lo que más le preocupa es «la falta de compasión que muestran muchos cristianos hacia sus hermanos y hermanas más frágiles y vulnerables, incluidos los migrantes»

Del 19 al 23 de febrero de 2020 tendrá lugar en Bari el encuentro de reflexión y espiritualidad: “Mediterráneo, frontera de la paz”, promovido por la Conferencia Episcopal Italiana. Participarán más de cincuenta obispos en representación de las Conferencias Episcopales de los 19 países ribereños del Mediterráneo y estará presente el Cardenal Cristóbal López Romero, salesiano de 67 años, Arzobispo de Rabat, la capital de Marruecos.

En la invitación al encuentro se pidió a los obispos que indicaran cuáles son los problemas que consideran más importantes y urgentes. ¿Qué indicó usted al respecto?

En mi opinión, la cuestión extraeclesial más importante sobre la que debemos trabajar juntos es el fenómeno de la migración. Hace algún tiempo pensé en organizar un encuentro entre los obispos de los países africanos de donde parten los migrantes y los obispos de los países europeos a los que llegan los migrantes. El encuentro se celebró hace unas semanas. Desgraciadamente solo participó un obispo europeo de España. El Mediterráneo no puede seguir siendo una frontera de hambre, de sufrimiento, de desigualdad, de angustia, de muerte. Pero yo defino la migración como un “fenómeno”, no como un “problema”.

¿Por qué razón?

Las migraciones no son un problema sino la consecuencia de muchos problemas. Pobreza, guerras, hambre y cambios climáticos, un sistema económico que -como dice el papa Francisco- aplasta a pueblos enteros. Estos son los problemas que dan lugar al fenómeno de la migración. Por lo tanto, creo que, en Bari, al examinarlo, necesariamente tendremos que enfrentar las causas, razonar juntos y buscar soluciones.

¿Tiene alguna propuesta que le gustaría presentar a sus compañeros obispos?

Yo tendría una propuesta un tanto particular. En mi opinión es hora de dedicar un Sínodo a la migración, que es un fenómeno mundial. De hecho, no solo hay miles de migrantes que llegan a Europa; en África hay millones que se desplazan de un país a otro del continente, en Medio Oriente el Líbano, Jordania y Turquía acogen a millones de refugiados y en América del Sur el número de migrantes es impresionante. Toda la Iglesia Católica debería, en mi opinión, reflexionar sobre este tema y hacerlo cum Petro y sub Petro.

¿Cuál crees que es la cuestión intraeclesial más relevante y urgente que se abordará en el encuentro de Bari?

Creo que es la falta de compasión que muestran muchos cristianos hacia sus hermanos y hermanas más frágiles y vulnerables, incluidos los migrantes. Sufro mucho cuando, en España, algunas personas, después de haber participado en la celebración Eucarística, me piden, en un tono irónico, que no envíe más migrantes de Marruecos. Respondo explicando que las personas deben poder moverse, tienen derecho a hacerlo y no soy yo quien las envía. Y entonces me pregunto: ¿cómo es posible ir a misa y no sentir casi ninguna compasión por los hombres, mujeres y niños que están sufriendo?

Bautizados con Cristo:

Es todavía Navidad. Es ya el comienzo del Tiempo Ordinario. Es la fiesta del Bautismo del Señor.

El canto de la comunidad resume así el misterio que se celebra: “Apenas se bautizó el Señor, se abrió el cielo, y el Espíritu se posó sobre él como una paloma. Y se oyó la voz del Padre, que decía: Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto”.

Si Cristo es bautizado, la Iglesia, que es su cuerpo, es bautizada con él.

Escucha la palabra del apóstol: “Estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo –estáis salvados por pura gracia-; nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él”.

Donde el apóstol ha escrito que la gracia te ha salvado, que te han hecho revivir con tu Señor, que te han resucitado con él, que te han sentado con él en a la derecha del padre en el cielo, la fe te va diciendo que también te han bautizado con Cristo.

Escucha la palabra de la tradición: “La totalidad de los fieles, nacida en la fuente bautismal, ha nacido con Cristo en su nacimiento, del mismo modo que ha sido crucificada con Cristo en su pasión, ha sido resucitada en su resurrección y ha sido colocada a la derecha del Padre en su ascensión”. De la totalidad de los fieles, de ti y de mí, pudo el Papa León Magno haber dicho también que bajamos con Cristo a las aguas de su bautismo en el Jordán, aguas místicas que eran figura de la muerte en la que Cristo había de ser bautizado para nuestra salvación.

Ahora, Iglesia bautizada, atiende a lo que Jesús ve: “Se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él”. Sólo Jesús lo vio, pero tú en Jesús lo recibes. Sólo Jesús lo vio, pero el Espíritu se ha posado también sobre ti.

Atiende también a lo que decía en aquella hora la voz del cielo: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto”. Sólo Jesús la oyó, pero se pronuncia también sobre ti. Sólo Jesús la oyó, pero en comunión con Cristo Jesús tus hijos son hijos de Dios, son amados de Dios, son predilectos de Dios.

Has sido bautizada con Cristo, has sido ungida por Dios con la fuerza del Espíritu, has sido bautizada y ungida para hacer el bien, para evangelizar a los pobres, para liberar oprimidos, para implantar el derecho en la tierra., para proclamar un año de gracia del Señor.

Feliz comunión con Cristo, Iglesia bautizada y ungida. Feliz descenso con Cristo al encuentro de los pobres. Feliz domingo.

Horario para Navidad

PARROQUIA

24 DE DICIEMBRE

25 DE DICIEMBRE

AÑO NUEVO

AL HOCEIMA20h0011h0011h00
ASILAH19h00 12h00
LARACHE 20h0019h0011h00
TANGER 
Catedral19.0019.0011.00
N.D. de l’Assomption20h0020h0010h30
Carmelitas17h008h008h00
Hospital italiano 6.45 
Hospital Español 9h309.30
NADOR20h0011h0018h30
KSAR EL KBIR8h008h00
TETOUAN 
Parroquia19.0019.0011.00
(1) De Lunes a Jueves a 18h30 con las Hnas. FMM – (2) Au Nid Familial – (3) El 2do domingo del mes  – (5) En invierno à 19h00 – (6) los 1er y 3ro domingo del mes

 

¡Feliz Navidad!

Santiago de Compostela, 12 de diciembre de 2019

A mis hermanos, a mis amigos, a todos:

¡Feliz Navidad!

Ha vuelto a nuestra vida la celebración anual del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, buena noticia para los pobres, principio de un mundo nuevo, memoria entrañable de una locura.

El ángel lo anunció así: “No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

Admira la novedad. En esta noche, el Hijo de Dios, que por nosotros ha nacido, estrenó humanidad y necesidad, tiempo y fragilidad, pañales y pobreza, llanto y ternura. La Palabra, por la que todo fue hecho, hoy se hizo carne, que es como si dijésemos que estrenó nacimiento y madre y calor de regazo, pequeñez y debilidad, caminos y fronteras.

Pero no te quedes en la sola novedad de este nacimiento; enciende la luz de la fe y entra con ella en el misterio que celebras. Allí donde leíste que el Hijo de Dios estrenó lo que no era, entiendes que consagró lo que no era, lo santificó, lo bendijo, pues consagración, santificación, bendición son regalo que el cielo ofreció en esta noche a la humanidad, a nuestra necesidad, a todo tiempo, a cada fragilidad.

Este Hijo que se nos ha dado, el salvador que nos ha nacido, al tomar nuestra condición y hacer que fuese de Dios lo que era sólo del hombre, hizo divino el llanto, puso dicha en la pobreza, y dejó redimido el dolor.

En esta noche, revelado el misterio de la Virgen madre, anulada la fuerza de la antigua maldición, vuelve a ser fecunda la virginidad y santa la maternidad. Hoy la bendición vuelve a empapar la tierra y a cubrir con su sombra la desnudez del hombre. Hoy vuelve a ser sabroso y abundante el pan, y de nuevo se abre para todos el camino que desde la muerte lleva al árbol de la vida.

En esta noche, Dios nace hijo de la tierra, y el hombre amanece hijo del cielo; la tierra estrena divinidad y gloria, belleza y santidad, paz que le viene de lo alto, y pan que el cielo ha preparado para que coman los hambrientos de justicia.

Dichosos los pobres, porque Dios se ha hecho pobre para darles su Reino. Dichosos los pecadores, porque ha nacido para ellos la misericordia, la gracia, el perdón, la justicia, la santificación. Dichosos los justos, pues con este nacimiento les llega la recompensa.

Lo dirás con verdad si lo dices con fe: ¡Feliz Navidad!

Esta divina locura de una pobreza dichosa sólo se vive en el país de la fe, allí donde es posible espiar los sueños de Dios, subirse a una fantasía, y plantar un jardín de Edén en el desierto del corazón: ¡Feliz Navidad!

+ Fr. Santiago Agrelo

Arzobispo emérito de Tánger

Encinta de esperanza:

“La virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pone por nombre Enmanuel”. La Navidad está cerca. La liturgia ya entra en el misterio de una maternidad asombrosa. Aún no vemos al hijo, pero ya sabemos que la madre está encinta, y sabemos también qué nombre le va a poner al hijo que viene.

No pienses, sin embargo, que la palabra del profeta te anuncia sólo la cercanía de un nacimiento. Hoy has escuchado una noticia asombrosa: En este niño que esperas, Dios visita a su pueblo; en este niño, Dios se hace Dios con nosotros; en la pequeñez de un niño nos visita el Rey de la Gloria. Deja que desde el asombro suba a tus labios un cántico de alabanza: “Va a entrar el Señor: Él es el Rey de la gloria”.

Vuelve, Iglesia de adviento, vuelve a escuchar la palabra profética: “La virgen está encinta y da a luz un hijo”. A tu memoria vendrán otras palabras, luminosas como promesas divinas: “El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa”. Algo te dice que es el mismo milagro de amor el que se anuncia y se vela en la maternidad de una virgen y en la alegría del páramo, en la fecundidad de la estéril y en el gozo del erial.

Mira el rostro de la virgen, fíjate en el desierto y el páramo. Míralos con los ojos del profeta: Verás a los pequeños de la tierra, a hombres y mujeres de manos débiles, de rodillas vacilantes; verás a ciegos, sordos, cojos, mudos y esclavos. Míralos también con tus propios ojos y desde tu fe, y cuenta, si puedes, el número de los seres humanos privados de derechos fundamentales que la conciencia común les reconoce a todos. Pon un rostro a esta virgen, dale nombre a este desierto. Cuenta a los que han sido privados del derecho a la vida, del derecho a una vida digna, del derecho al trabajo, del derecho a emigrar, del derecho a no emigrar, del derecho a la paz, del derecho a la libertad. No podrás contarlos, como no puedes contar las estrellas del cielo.

También de ellos, también de ti, también de esta virgen, de este erial, habla hoy la palabra del Señor: “La virgen está encinta y da a luz un hijo”. “El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa”.

Alégrate, estepa en adviento, porque la Navidad está cerca y te trae memoria de una dicha que nadie podrá arrebatarte. Alégrate, Iglesia pobre, porque hoy, escuchando con fe la palabra de tu Dios, enclaustras en tu seno la esperanza. Alégrate, Iglesia de los pobres, porque, recibiendo a Cristo el Señor, recibes del cielo al Justo, y la tierra se abre para que brote el Salvador.

“¡La virgen está encinta y da a luz un hijo!”

Hoy, en tu fe y en tu pobreza, virgen Iglesia, la esperanza, como un hijo, vuelve a encantar el mundo.

Feliz domingo.

JORNADA CULTURAL CHINA

El Centro Cultural Lerchundi inicia su programación navideña, animándote a participar en un nuevo encuentro intercultural, dedicado a China, el próximo viernes 20 de diciembre, a las 16’00. Nuestra querida comunidad china de Martil y Tetuán nos va a presentar su riqueza cultural, historia milenaria, profunda espiritualidad, sus ritmos musicales y deliciosa gastronomía. ACUDE Y PARTICIPA, te esperamos.

Participan: Jiang Wa y Jingjie Dai.

También intervendrán voluntarios del Centro Lerchundi

viernes 20 de diciembre, 16’00.
Salón de actos

Programa:
Té verde chino y degustación gastronómica
Película: «Kung Fú Hushe», de Chow Sing-chi
Presentación: «Conoce China»
Muestra de caligrafía china
Música y Año Nuevo chino

www.lerchundimartil.com
facebook: Centro Cultural Lerchundi de Martil
0539 97 95 53
¡TE ESPERAMOS!

El Señor está cerca

Hoy hemos entrado en la tercera semana del tiempo litúrgico de Adviento, aunque, si en vez de considerar el tiempo litúrgico consideramos el tiempo histórico, la Iglesia vive siempre en Adviento, pues siempre espera la venida del Señor, y vive siempre en Navidad, pues siempre goza de la presencia de aquel a quien espera.

En este domingo, desde la perspectiva del tiempo litúrgico, la comunidad creyente puede decir con propiedad que “el Señor está cerca”, porque son pocos los días que la separan de las fiestas de Navidad.

Desde la perspectiva del tiempo histórico, siempre podemos decir con verdad: “El Señor está cerca”, pues él es nuestro Dios en quien vivimos, aunque también es aquel a quien buscamos; él es quien ha querido morar en nosotros, aunque también es aquel que nos trasciende; él es la Palabra que nos habla, y no deja de ser puro silencio; él es el Amor que nos da vida, y no deja de ser para nosotros Amor lejano y ausente.

Porque está cerca la Navidad, porque el Señor está siempre cerca de nosotros, la voz de la Iglesia nos invita a la alegría: “Estad siempre alegres en el Señor… Estad alegres”.

Y habéis oído también la voz del profeta: Que se alegre el desierto, porque florecerá; que se alegren el páramo y la estepa, porque verán la gloria del Señor; fortaleced las manos débiles, porque llega el Señor, viene en persona, y viene a salvar.

Antes de que él llegue, nos alcanza con fuerza la alegría por la certeza de su venida. Se alegra el oprimido, porque es cierta la llegada de la justicia; se alegra el hambriento, porque se está preparando su pan; se alegra el cautivo, porque se acerca su libertad; se alegra el ciego, porque está llegando la luz y viene a abrirle los ojos; se alegra el pecador, porque va a nacer la gracia; se alegra el justo, porque ya llega la recompensa. Se alegran el oprimido, el hambriento, el cautivo, el ciego, el pecador, el justo, porque para ellos “el Señor está cerca”.

Hemos dicho, “el Señor está cerca”, pero no lo consideres comprendido, pues es misterio inefable, insondable, y no lo podemos encerrar ni en las palabras ni en los afectos ni en la experiencia. Si alguna vez has experimentado su justicia, más la desearás. Si saboreas su pan, tendrás más hambre de él. Si has conocido su libertad, desearás ser su cautivo. S has recibido su luz, le pedirás que te ciegue. Y no buscarás más recompensa que la de ser de él cautivo y por él ciego.

Hemos dicho, “el Señor está cerca”, y una voz interior parece sugerir, “y dentro de unos días lo veréis”, porque veréis a un niño que para vosotros va a nacer. Veréis a un niño, y podréis tomarlo en brazos y acariciarlo y besarlo, como se hace con todos los niños, pero no olvidéis que en los brazos tendréis siempre un misterio inefable, insondable, incomprensible. Tomaréis en brazos al niño y veréis al Salvador, acariciaréis la mano de un niño y veréis la mano que sostiene el universo, besaréis la frente de un niño y contemplaréis el amor que es fundamento de todas las cosas.

Hemos dicho, “el Señor está cerca”, pero nadie lo verá sin la luz de la fe, la única que puede iluminar la Navidad, no como un escaparate, sino como un acontecimiento de salvación.

En este tercer domingo de Adviento, porque el Señor está cerca, con el apóstol yo os digo: “Estad siempre alegres”.

Porque nuestro Dios trae el desquite, viene en persona, os digo: Subid a Sión con cantos, haya alegría perpetua en nuestra asamblea eucarística.

El Señor está cerca:

La invitación apostólica nos llega motivada con palabras de revelación: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca”.

La Iglesia presiente cercana la fiesta del nacimiento de Cristo, fiesta de gozo y salvación; el pueblo de Dios la espera con fe y pide la gracia de llegar a celebrarla con alegría desbordante.

El Señor está cerca”, tan cerca como la fiesta de Navidad, parece decir la liturgia; más cerca que la Navidad, te sugiere el corazón.

El Señor está cerca”, tan dentro de ti como su ausencia:

“¿Adónde te escondiste,

Amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste,

habiéndome herido;

salí tras ti clamando, y eras ido”.

El Señor está tan dentro de ti como tu deseo de encontrarte con él, tan dentro de ti como pueda estarlo tu tristeza y la esperanza de que su alegría te encuentre; tan tuyo como tu agitación y tu necesidad de oír pronunciadas sobre ella palabras de paz.

El Señor está cerca”, tan cerca como la redención que ya has recibido, como el perdón que ya se te ha dado, como la gracia con que ya te han visitado. El Señor está cerca de ti como el bien con que has sido bendecido, como la santidad para la que has sido elegido.

El Señor está cerca”, tan cerca de ti como lo está su palabra que escuchas, su cuerpo que comulgas, sus pobres a quienes acudes.

El Señor está cerca”: presencia del amado en el corazón de la esposa, presencia del Amor en la memoria de la Iglesia.

En todo has puesto tú su nombre: en el desierto y el yermo, en el páramo y la estepa, en el Líbano y en el Carmelo. Y en todo ha dejado él la huella de su paso:

Mil gracias derramando

pasó por estos sotos con presura,

 e, yéndolos mirando,

con sola su figura,

vestidos los dejó de su hermosura”.

 “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca”.