Alegría para los pobres

Lo que sigue, lo escribí hace tres años.

«Llueve desde hace días.

Con la lluvia, la vida de los chicos en el bosque de Beliones se te vuelve memoria obsesiva como una melodía que hubieras oído demasiadas veces.

Bajo el aguacero, subimos a la montaña porque ellos nos esperaban.

El coche iba lleno de todo, que, en aquellas circunstancias, es como decir que iba lleno de nada, pues mantas y ropas y calzado, recibidos como se recibe lo indispensable para vivir, todo, seguramente todo, llegó empapado de agua, si no de fango, al compasivo refugio que ofrecen los plásticos.

Aquella tarde, sólo abracé hijos pasmados de frío y mojados.

Entonces, te invade un sentimiento de culpa y se te vuelve losa insoportable el sentimiento de impotencia: No puedes cambiar el sistema económico que va llenando de pobres el mundo para que haya un puñado de ricos. No puedes cambiar el sistema político que a unos pocos los hace dueños del destino de todos. No puedes cambiar el sistema de poder que determina quién en la sociedad es sujeto de derechos y quién es sólo objeto de dominio. Ni siquiera  puedes aliviar con una manta caliente el frío de tus hijos, porque no habrá para ellos un lugar donde guarecerse de la lluvia y el viento. No puedes, no puedes, no puedes… porque un mundo de gente importante ha decidido que no puedas, han decidido por ti, y lo que es mucho peor, han decidido por hombres, mujeres y niños a los que han declarado indocumentados, ilegales, sin papeles, irregulares. A las puertas del sistema nunca sufren y mueren personas de carne y hueso;  por allí sólo se mueven abstracciones, predicados y adjetivos.

Hoy, solemnidad de la Inmaculada Concepción, en lo más hondo de esa memoria angustiada de hijos que sufren, resuena  como un desafío la voz del profeta: “Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios, porque me ha vestido un traje de gala  me ha envuelto en un manto de triunfo como novia que se adorna con sus joyas”.

La liturgia guarda esas palabras en el corazón de María de Nazaret, la mujer de alma traspasada por una espada de dolor, la Madre que sólo puede compartir y no aliviar el dolor de su Hijo crucificado, la bendecida por la que a todos nos vino la bendición, la llena de gracia que es la causa de nuestra alegría.

Aquellas palabras, la comunidad eclesial las escucha pronunciadas por Cristo resucitado, alegría del mundo, resplandor de la gloria del Padre.

En realidad, son palabras que sólo tienen sentido dichas para hijos crucificados y madres al pie de la cruz. Son palabras testimonio del compromiso de Dios con la vida de los pobres. Son palabras para gritar en todas las montañas donde la legalidad vigente atormenta el cuerpo de Cristo: “Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios, porque me ha vestido un traje de gala  me ha envuelto en un manto de triunfo como novia que se adorna con sus joyas”.

Hoy, Iglesia amada de Dios, formando un cuerpo con Cristo en la eucaristía y con Cristo en el calvario de Beliones, haces tuya la profecía y desafías con tu debilidad la arrogancia de los poderosos, con tu esperanza su idolatría del dinero, con tu amor la frialdad de su indiferencia; y mantienes en el corazón de los pobres la certeza de que hay reservada para ellos una herencia de alegría.

Te lo ha dicho el profeta, lo has oído en tu eucaristía: Dios mantiene abiertas para los pobres las puertas del futuro.»

Y Dios soñó un mundo nuevo:

No lo soñó para sí mismo, sino para ti, y lo soñó conforme a tu deseo.

En ese sueño de Dios, en tu deseo, como en un paraíso, son de casa la justicia y la fidelidad, la gracia y la paz. En el proyecto de Dios y en tu esperanza, desterrados el daño y el estrago, la tierra se llenará de la ciencia del Señor.

El profeta lo anunció: “Brotará un renuevo, florecerá un vástago… Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito… el niño jugará con la hura del áspid”.

La fe te dice que la promesa ya se ha cumplido, que la profecía se hizo evangelio, que el renuevo ya ha brotado, que el vástago ha florecido, y que la paz se hizo don para los amados de Dios.

Tú, sin embargo, pareces todavía herido por el mismo deseo, y tu Dios parece entregado siempre a la tarea de realizar el mismo sueño, como si evangelio y gracia no se nos hubiesen ya dado, como si el mundo no hubiese sido aún visitado por la vida, como si la paz no hubiese todavía llegado a nuestra tierra.

¿Por qué anhelamos lo que ya tenemos? ¿Por qué esperamos al que ya ha venido? ¿Por qué continuamos en adviento si ya ha sido Navidad?

Esperamos todavía porque tenemos sólo lo que creemos, y creemos poco, y creemos mal.

El renuevo ha brotado, el vástago ha florecido, vino ya y viene hoy, viene a nuestra celebración, a nuestra vida, pero no nos alcanzará su justicia si la fe no le abre nuestra casa, no gozaremos de su paz si no nos convertimos a él, no contemplaremos la alegría que nos trae si no le preparamos el camino.

Atrévete a creer. Verás que en tu corazón empieza a habitar el lobo con el cordero, la pantera se tumba con el cabrito, el niño juega con la hura del áspid.

Atrévete a creer. Sabrás que tu corazón está lleno de la ciencia del Señor, “como las aguas colman el mar”.

Si crees, sabes lo que hoy recibes en comunión.

Si crees, sabes lo que esperas.

Si crees, sabes lo que te dispones a celebrar en la Natividad del Señor.

Atrévete a creer: Verás que el mundo se hace nuevo.

CAFÉ CLUB DE INTERCAMBIO DE IDIOMAS

Te invitamos a este nuevo espacio intercultural de participación, flexible, dinámico, ameno, distendido e inclusivo, enfocado al intercambio de lenguas, coordinado por profesores voluntarios.

1ª sesión: sábado 7 de diciembre, de 17’00 a 19’00,
en la biblioteca

próximas sesiones: 11 de enero y 8 de febrero

 

Horario de Santa Misa (Marruecos)

Horarios habituales de las celebraciones eucarísticas

PARROQUIA

ENTRE SEMANA

SÁBADOS

DOMINGOS

AGADIR10h0018.00h10h00
AL HOCEIMAParroquia, L-M-X: 18.30h
Hospital Hijas de la Caridad, J-V: 8.00h
Hospital Hijas de la Caridad: 8.00hParroquia: 11.00h
ASILAH18.00h (invierno)
19.00h (verano)
IFRANE
BENI MELLAL10.30h
CASABLANCA
Eglise d’Anfa Maârif18.30h10.30h (ANG et IT)
Eglise du Carmel (Oasi)10.30h
Eglise N.D.LourdesLu. Me. 10.00h9.00h et 11.00h
Monastère N.D.Guadalupe18.30h9.00h
EL JADIDAMar. Jeu. 18.30h10.30h
ERRACHIDIA
18.30h (tous les 15 jrs)
ESSAOUIRAJeudi 18.30h11.00h
FESJeudi 18.30h10.30h
KENITRA18.30h18.30h10.30h
KHOURIBGA16.00h
LARACHE11.30h
MARRAKECH19.00h19.00h10.00h(FR)-12.30h(ANG)
M’DIQ9.30h
MEKNESVendredi 12.00h18.30h11.00h
MIDELT – Prieuré7.15h7.15h11.00h
MOHAMMEDIAMar et Mer 7.30h au nid familial Jeu et Ven 18.30h à la paroisse10.30h à St Jacques
NADOR19.30h12.00h
OUARZAZATE11.00h
OUJDA –10.00h
RABAT
Cathédrale18.30h sauf Jeu18.30h11.00h
Eglise St. François19.00h sauf Sam9.00h(ANG) – 11.00h(ESP)
Eglise St. Pie X10.00h
Maison de retraite du SouissiVen 17.00h
SAFI –18.30h
SETTATJeu et Sam 18.30h11.00h
TANGER
Cathedrale18.30h (excepto lunes)18h3011h00
N.D. de l’Assomption10.30h (FR)
Carmelitas8.00h8.00h8.00h
Hospital Español9.30h
Hospital Italien6.30h6.30h
TAROUDANNT18.30h
TAZA
TETOUAN
Parroquia Ntra.Sra.de las Victorias19.00h19.00h10.00h (ESP) / 11.30h (FR)
Hospital español17.00h (excepto viernes)17.00h

Vamos a la casa del Señor:

Todavía resuena en nuestra asamblea el eco del canto en la fiesta de Cristo Rey: “¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!” Cantaba el salmista, peregrino a Jerusalén, pues ya divisaba los muros de la ciudad santa. Cantaba el ladrón, crucificado al lado de Jesús, mientras Jesús le abría las puertas del paraíso. Cantaba la asamblea eucarística, al entrar por la fe y la comunión en la casa de Dios que es Cristo Jesús.

Hoy, primer domingo de adviento, la comunidad cristiana, que emprende su camino espiritual hacia la Navidad, ha entonado de nuevo el canto de los que peregrinan: “¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!”

La palabra de Dios ha puesto delante de nuestros ojos una realidad misteriosa: “El monte de la casa del Señor”, “la casa del Dios de Jacob”.

Es un monte “en la cima de los montes”, “encumbrado sobre las montañas”, y, sin embargo, oímos con asombro que hacia él “confluirán los gentiles”, “caminarán pueblos numerosos”. No los atrae el riesgo de la aventura, ni la gloria de alcanzar una cumbre sólo accesible a los más capaces y más atrevidos. Aquella montaña, elevada sobre todas las montañas, no está reservada, como premio, al esfuerzo de unos pocos, sino que está llamada a ser, por gracia, lugar de encuentro para todos. ¿Qué tiene aquella montaña para que a todos atraiga? ¿Por qué unos a otros se animan a subir? Suben porque allí tiene su cátedra el Señor, y “él los instruirá en sus caminos”; suben porque tienen hambre y sed de justicia y de paz, y de allí “saldrá la ley del Señor”; suben porque buscan la sabiduría, y de allí saldrá “la palabra del Señor”; suben porque buscan ser iluminados, y allí habita “la luz del Señor”. ¡Suben y cantan!  “¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!” Si sabes por qué suben, ya sabes por qué cantan.

Pero también nosotros hemos entonado el canto de los que suben a la montaña del Señor, y lo hicimos con la alegría multiplicada de quienes ya han sido iluminados por la luz de Dios.

Mientras escuchabais la palabra del profeta Isaías, los ojos de la fe se volvían a Cristo Jesús, y veíais ya cumplido lo que el profeta entonces había anunciado. En Cristo Jesús, Dios ha querido ser nuestro Maestro. Subiendo por la fe hasta Cristo Jesús, nos hicimos discípulos de Dios. De Cristo ha salido para nosotros la ley del amor, él es la Palabra de Dios que se ha hecho hombre y ha puesto su tienda entre nosotros, él es la luz que ilumina a todo hombre.

Hoy subimos hasta Cristo en la asamblea eucarística, subimos para escuchar su palabra y comulgar con su Cuerpo la paz y la justicia, la gracia y la santidad. Y mientras subimos, cantamos, pues es cierta nuestra esperanza, y es muy hermoso y deseable lo que esperamos. “¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!”

Hoy comenzamos a recorrer el camino que lleva a la celebración festiva de la santa Navidad. Sólo los pobres se ponen en camino. Sólo los pobres esperan una Navidad verdadera. Sólo para los pobres será verdadera la Navidad. Nos ponemos en camino y cantamos, porque el Señor vendrá y nos salvará. “¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»!”

Y porque sabemos que es cierta la venida del Señor, sabemos que es necesaria nuestra atención a su llegada.

Es necesario velar, porque “a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”. Es necesario velar, pues él viene hoy para ser escuchado, viene hoy para ser comulgado, viene cada día como pobre entre los pobres para ser acogido. Es necesario velar, pues él viene a nosotros en este tiempo de gracia de la eucaristía que celebramos, vendrá a nosotros en el tiempo de gracia de la Navidad que esperamos celebrar, vendrá a nosotros como misericordia y salvación en el día glorioso de su justicia.

Es necesario velar, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. ¿Y cómo hemos de velar? Fijaos en lo que dice el apóstol: “La noche está avanzada, el día se echa encima; dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz”. Si permanecemos en la fe, la esperanza y el amor, estamos siempre en vela. Dejarán de velar quienes dejen de amar.

¡Ven, Señor Jesús!

Conferencia «FRANCISCANOS Y SULTANES EN MARRUECOS» por Simeón Stachera

INVITACIÓN

Queridas amigas y amigos:

En el marco de celebraciones del VIII Centenario de la presencia franciscana en Marruecos, os invitamos a la conferencia Franciscanos y sultanes en Marruecos, que impartirá Simeón Stachera, fraile franciscano e investigador, el próximo miércoles 27 de noviembre a las 19:00h en el Instituto Cervantes de Tetuán.

Igualmente os recordamos que podéis visitar en nuestro Instituto hasta el 12 de diciembre la exposición 800 años de encuentro, que celebra estos ocho siglos de historia compartida.

El programa de este VIII Centenario está organizado por el Instituto Cervantes de Tetuán y la Embajada de España en Marruecos, con la colaboración de los Archivos de Marruecos y la Orden Franciscana en este país.

Toda la información aquí:

https://cultura.cervantes.es/tetuan/es/Franciscanos-y-sultanes-en-Marruecos/129369

NUEVAS CLASES Y TALLERES

  • Curso de CHINO: Grupo de nivel inicial, la duración es de 60 horas y tiene lugar los miércoles, de 17’30 a 19’00. Tiene carácter gratuito) y estará impartido por la profesora Jiang Wa.
  • Clases de apoyo a estudiantes de Hispánicas: Grupo de nivel intermedio, de apoyo a los estudiantes matriculados en Letras Hispánicas de la Unjiversidad Abdelemalek Essaâdi, la duración es de 60 horas y tiene lugar los martes y jueves, de 17’30 a 19’00. Su precio es de 100 dhs al mes (el pago se efectúa trimestralmente) y estará impartido por la profesora Johana García López.
  • Talleres de teatro y pintura china: Talleres gratuitos impartidos por la profesora Jiang Wa, para iniciarse en la cultura china. Tienen logar los miércoles y los sábados, de 16’30 a 18’00.
  • Clases de intercambios de idiomas: clases interpersonales, en horario abierto, para el intercambio de idiomas, tienen lugar en diversos espacios del Centro.

de diciembre a junio de 2020

UN CENTRO QUE VIVE LA INTERCULTURALIDAD, QUE QUIERE ACOGER A LAS PERSONAS Y COMPARTIR VALORES HUMANOS. TE ESPERAMOS

Francisco Jiménez Maldonado
Centro Cultural Padre Lerchundi
Martil (Tetuán)
0539 97 95 53 – 0669 012 853

TERTULIA: «AUGE Y CAÍDA DE LOS POPULISMOS DE IZQUIERDAS EN HISPANOAMÉRICA»

El Centro Cultural Lerchundi de Martil te invita a participar de una nueva tertulia, donde analizaremos la crisis política en Bolivia, en el contexto del auge del populismo en Iberoamérica, especialmente de los nuevos movimientos de la izquierda en países como Argentina, Méjico, Chile o Colombia. Te esperamos

Tertulias para ver y juzgar la realidad. Acciones para transformarla

Sábado 16 de noviembre, 19’00.

Biblioteca Lerchundi

Imparte: Raúl Cornejo. Ingeniero (Méjico)

Coordina: Comité de la Paciencia Infinita www.lerchundimartil.com.com

facebook: Centro Cultural Lerchundi

0539 97 95 53

¡TE ESPERAMOS!

Somos ya lo que esperamos ser:

Queridos: En este domingo, en el que la palabra de Dios nos acerca al misterio de la resurrección de los muertos, no esperéis de mí una reflexión sobre la naturaleza de este acontecimiento salvador o el significado que puede tener para cada uno de nosotros y para la comunidad eclesial. Sólo pretendo que podamos decir con verdad: “Creo en la resurrección de los muertos”, de modo que esta fe, no sea una ilusión proyectada sobre un futuro incierto, sino una luz que, iluminando el presente, nos ayude a discernir en cada circunstancia de la vida lo que es justo, lo que es bueno, lo que es verdadero, lo que es santo.

Cuando digo: “Creo en la resurrección de los muertos”, en realidad estoy confesando el poder creador de Dios, la libertad de su amor infinito, la fidelidad del Rey del universo a su palabra, a sus promesas, a su alianza.

Cuando digo: “Creo en la resurrección de los muertos”, confieso que el Señor se ha comprometido conmigo para librarme de la opresión del pecado y de mi servidumbre a la muerte.

Cuando digo: “Creo en la resurrección de los muertos”, todo mi ser confiesa que mi Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

Y porque he confesado lo que creo, he puesto sobre roca firme el fundamento de la esperanza, y puedo decir con verdad, como aquellos siete hermanos a quienes un rey inicuo amenaza con la muerte: Dios mismo nos resucitará; de él recibiremos multiplicado lo que en la vida nosotros le entregamos; de él recobraremos lo que ahora con violencia un rey malvado nos pueda arrebatar. Y porque confesamos lo que creemos, y esperamos lo que la fe nos promete, de la fe y la esperanza recibiremos la fuerza que necesitamos para guardar con fidelidad la ley del Señor.

Nosotros decimos: “Creo en la resurrección de los muertos”. Y es como si en el corazón de cada uno se hallase recogida toda la esperanza del salmista: “Al despertar, me saciaré de tu semblante, Señor”. En realidad, aquel “creo en la resurrección de los muertos”, es nuestro modo de decir: “al despertar, me saciaré de tu semblante, Señor”.

Contemplad ahora, queridos, al salmista, a los siete hermanos que mueren por su fidelidad a la ley del Señor, a Jesús de Nazaret que está llegando al final de su éxodo de este mundo al Padre, y poned en el corazón y en los labios de cada uno de ellos las palabras del salmo con el que hemos orado, y sacad a la luz los tesoros de fe, esperanza y amor que cada corazón encierra.

“Escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, a la sombra de tus alas escóndeme”. Para el salmista, para los mártires, para Jesús, también para nosotros, ¡cuánta tensión y cuánta paz!, ¡qué cerca la muerte y qué cierta la vida! En verdad, Dios “nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza”.

“Al despertar, me saciaré de tu semblante”, dice el salmista, el inocente injustamente acusado, que acude al tribunal de Dios, justo juez, y espera que en la mañana será admitido a su presencia. “Al despertar, me saciaré de tu semblante”, dicen los mártires, los fieles del Señor dispuestos a morir antes que quebrantar su ley y su alianza, pues para ellos habrá una mañana de Dios en la que despertarán de la muerte a la vida, y recibirán de la justicia divina lo que les ha arrebatado la injusticia de los malvados. “Al despertar, me saciaré de tu semblante”, dice Jesús de Nazaret, el inocente crucificado, y lo dice con palabras de Hijo que, sufriendo, aprende

la perfección de la obediencia y la esperanza: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”.

“Al despertar, me saciaré de tu semblante”, decimos nosotros, y nuestra vida se ilumina entera con la luz de Cristo resucitado, y volvemos los ojos y el corazón hacia esa mañana de Dios, en la que, resucitados con Cristo, despertaremos del sueño de la muerte y se manifestará, también en nosotros, la gloria del Señor.

Queridos, vosotros sois el pueblo de los que siguen a Cristo resucitado y esperan que amanezca el día en que resucitaréis con Cristo.

Mientras tanto, sois hombres y mujeres del domingo, que hacen comunión con Aquel a quien siguen, y en Él ya son, de modo misterioso y verdadero, lo que esperan ser.

¡Feliz espera! ¡Feliz domingo!

Y el Señor dijo que el cielo era de los pobres:

Hoy, la Iglesia que peregrina en la tierra, vuelve los ojos a la Iglesia del cielo, a la ciudad de los santos, para celebrar la gloria de sus hermanos, contemplar lo que espera alcanzar, y unir a la alabanza de Dios que resuena en las moradas eternas el canto de alabanza que resuena festivo en la asamblea eucarística.

La fiesta de Todos los Santos remite al cielo: a la dicha que es Dios, al consuelo que viene de él, a la tierra nueva que él ha preparado para sus hijos.

Remite al cielo, pero no nos aparta de esta tierra nuestra, del tiempo que nos ha tocado vivir, pues aquella dicha, aquella consolación, aquella tierra, aquella herencia, aquel reino, son para los pobres: para los que ahora lloran, para los que aquí son sufridos, para los que en esta tierra tienen hambre, los que han hecho de la misericordia su forma de vida, los que tienen corazón de niño y se han puesto a la tarea de construir la paz.

En la Eucaristía, en la palabra de Dios que escuchamos, en el Cuerpo de Cristo que recibimos, se unen el cielo que esperamos y la tierra en la que caminamos. Hoy, en el misterio de nuestra celebración, el reino de los cielos y los pobres se abrazan, el consuelo divino y las lágrimas humanas se besan. Hoy, en la comunidad eclesial, los hambrientos se sientan gozosos a la mesa que Dios ha preparado para ellos.

El cielo es de los pobres. La Eucaristía también. La Iglesia también.

Feliz domingo.