“La noche es tiempo de salvación”:

La palabra del Señor proclamada en la liturgia eucarística de este domingo remite de varias maneras a «la noche» como tiempo de realización de las promesas divinas, tiempo de salvación para los inocentes, tiempo de gloria para los elegidos, tiempo de gracia para que los fieles del Señor esperen en vela su llegada, la llegada de la misericordia, la llegada de la liberación.

La noche de la salvación es una noche habitada por hombres y mujeres de fe, que se han puesto en camino porque Dios los ha llamado y saben que su Dios es un Dios fiel.

En la noche de la salvación sólo hallaremos pobres con esperanza, hombres y mujeres que han conocido con certeza la promesa de su Señor.

En la noche de la salvación Dios ha puesto su palabra, su promesa, su fidelidad, su lealtad. Y el hombre se mueve en esa noche iluminado por la fe, animado por la esperanza, apoyado en el amor de su Señor, que es para sus fieles auxilio y escudo.

Así, en la noche, en la fe, que es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve, obedeció Abrahán a la llamada del Señor y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Abrahán se hizo peregrino en la noche, porque la fe en su Dios le dio la certeza de que llegaría un día en que él, Abrahán, anciano y sin descendencia, ya no sería capaz de contar el número de sus hijos, como ahora, en la noche, no era capaz de contar el número de las estrellas.

Así, en la noche, en la fe, que es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve, velaron los hijos de Israel, aguardando el paso del Señor; velaron con la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano. Porque creyeron, velaron; porque creyeron, rociaron con sangre las jambas y el dintel de la casa; porque creyeron, comieron a toda prisa la pascua del Señor; porque conocieron con certeza la promesa de que se fiaban, pasaron de la esclavitud a la libertad.

Así, en la noche, en la fe, que es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve, veló y obedeció Cristo Jesús; porque creyó, él se entregó en su noche a la voluntad del Padre para beber el cáliz; porque esperó, él se entregó libremente a su pasión, para destruir la muerte y manifestar la resurrección; porque creyó y esperó y amó, él se entregó con el perdón a los que lo crucificaban, y con infinita misericordia a todos los que con su sangre él redimía. Porque creyó, esperó y amó, Cristo Jesús entregó su vida en las manos del Padre, y a nosotros nos entregó su Espíritu para que fuésemos hijos según el corazón de Dios.

Así, en la noche, en la fe, que es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve, han de velar los discípulos de Jesús. Los discípulos velarán sin temor en la noche, porque esperan el día en que se manifestará el Reino que el Padre les ha dado. Los discípulos velarán en la noche, ceñida la cintura y encendidas las lámparas, esperando la última Pascua, la venida del Hijo del Hombre, la liberación definitiva de los hijos de Dios.

Queridos, hemos considerado hasta aquí algo de lo que la palabra de Dios nos dice acerca de la noche como tiempo de salvación; pero no hemos dicho nada de nuestra Eucaristía ni de nuestra asamblea.

La Eucaristía de la comunidad cristiana realiza –cumple- la palabra de Dios que hemos escuchado.

A la Eucaristía, como a los caminos de la noche de la salvación, vienen los pobres que esperan el Reino de Dios, los oprimidos que esperan justicia, los pacíficos que esperan la manifestación de los hijos de Dios. En verdad, este tiempo de gracia de nuestra Eucaristía se halla habitado por pobres con esperanza.

En este tiempo de gracia, el Señor hace brillar delante de su pueblo la luz de Cristo resucitado, columna de fuego divino que acompaña en todos los caminos de la vida la peregrinación de los redimidos. En esta Eucaristía, los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecen a Dios el único sacrificio agradable a sus ojos, el sacrificio de Cristo Jesús, sacrificio de obediencia ofrecido en la vida y consumado en la muerte del Señor. En este tiempo de gracia, los creyentes aguardamos confiados y esperanzados y vigilantes la llegada del Señor, para abrirle apenas venga y llame. En esta Eucaristía, en la verdad de este admirable sacramento, nosotros somos aquellos siervos dichosos, a quienes el Señor, al llegar y encontrarnos en vela, se ciñe, nos hace sentar a la mesa, y nos va sirviendo, y es él mismo el que se nos entrega como pan de vida y bebida de salvación.

La Eucaristía que celebramos es siempre tiempo de salvación, noche de gracia, noche en la que el Señor fue entregado, noche en la él nos entregó su Cuerpo y su Sangre para el perdón de los pecados y para una alianza nueva y eterna con Dios.

La Eucaristía nos hace moradores de la noche de la salvación, peregrinos en los caminos de la fe, pues en la Eucaristía escuchamos la palabra que en la vida obedecemos; en la Eucaristía acogemos al Señor, de quien en la vida esperamos la llegada; y somos, en cada momento de nuestra vida, el pueblo que el Señor liberó en la Pascua sagrada, los siervos que el Señor sirvió en la santa comunión, los redimidos a quienes el Señor llamó para hacer con ellos una alianza de amor.

Este misterio de salvación que es la celebración eucarística y también nuestra vida, esta noche de gracia más luminosa que el día, anticipa en la experiencia sacramental el encuentro definitivo del Señor con su pueblo: “Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre cumpliendo con su tarea… Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá”. Grande, muy grande es el don que recibimos. Grande, muy grande es la responsabilidad que asumimos. ¡Estad preparados!

¡Feliz domingo!

Siempre en el corazón Cristo.
+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo emérito de Tánger

Curso básico de Primeros Auxilios

El Centro Cultural Lerchundi de Martil, organiza un Curso básico de Primeros Auxilios, que tendrá lugar del 6 al 9 de agosto. Dirigido a todos los públicos, tiene por objeto promover una formación sanitaria primaria, y una educación ciudadana en la atención de emergencias sociales. Al final del curso se entregará un diploma acreditativo del mismo, te esperamos

Impartido por: Marisa Ojeda y Marta Brenes.
Estudiantes de medicina por la Universisad de Sevilla

del 6 al 9 de agosto, de 11’00 a 12’30

las lenguas de enseñanza serán el español y el dariya

inscripciones: Biblioteca Lerchundi, de 10’00 a 16’00 (gratuito)

lerchundimartil@gmail.com

0539 97 95 53

¡TE ESPERAMOS!

CINEFÓRUM «Matrix»

Estimados amigos y amigas, os invitamos a una nueva sesión de cinefórum dedicada al cine de ciencia ficción, género que permite explorar nuevos aspectos metafísicos del ser humano. Presentamos este magnífico ejemplo de cine visual con una historia sugestiva, esta obra de Lana Wachoski nos plantea un interesante relato sobre la realidad virtual y los peligros de la inteligencia artificial. Estamos ante una de esas películas capaces de sobrecogernos con una poderosa mezcla de imágenes, sonidos y atmósferas. Para disfrutar en las noches de verano, te esperamos

Mátrix
de Lana Wachowski (Estados Unidos, 1999)
Cinefórum: distopía futurista, identidad humana, inteligencia artificial, búsqueda espiritual
Viernes 2 de agosto, 21’00. Biblioteca

versión original en inglés, con subtítulos en español
presentado por Raúl Cornejo, taller de cinefórum Lerchundi

Se repartirán palomitas con refrescos

¡TE ESPERAMOS!

“Padre nuestro”:

Él no es sólo tu prójimo, el de una humanidad que sufre abandonada al borde del camino; él no es sólo tu casa, la de una humanidad que permaneciendo en el amor permanece en Dios; él es también tu Padre, el de una humanidad de hijos de Dios, que por ser nacidos de ese único Padre, son todos ellos hermanos entre sí.

La liturgia de este domingo supone que conoces tu condición filial y sabes de qué amor has nacido, qué Espíritu has recibido, qué vida se te ha comunicado. Por eso te invita a discernir deseos y palabras para tiempos de encuentro con tu Padre del cielo en la intimidad familiar.

Tú dices “Padre”, y, si lo dices con verdad, lo dices confiado y atrevido, lo dices con gozo, lo dices en la certeza de la esperanza y en la paz.

El salmista aquietaba todo deseo en la plenitud que es Dios: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre”. Tú, acogido al amparo de la misma plenitud, avivas en el encuentro tus ansias, y, con el fuego de un deseo que te consume, pides: “Santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad”.

Tú dices “Padre”, y todo tu ser se remansa en la fe, porque “Dios ha enviado a tu corazón el Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abbá, Padre!

Tú dices “Padre nuestro”, y aunque lo digas desde la singularidad personal, si lo dices con verdad, hallarás tu soledad poblada de hermanos, y tu corazón será casa abierta para la humanidad entera.

Entra ahora en el misterio de la eucaristía que celebras, de la comunión que haces. La fe te dice que comulgas con Cristo cabeza de la Iglesia; que comulgas con la Iglesia cuerpo de Cristo; que comulgas con “los hombres que Dios ama”, para ser con todos un pueblo “unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Entra en el misterio de ese pueblo, de ese cuerpo único, y escucha cómo resuena en ese templo de piedras vivas el eco de la oración común –la tuya, la de la Iglesia, la de la humanidad, la oración de Cristo Jesús-: “¡Abbá, Padre!” “¡Padre nuestro!”

Las palabras de tu invocación envuelven en el amor del Padre lo que deseas, lo que pides, lo que buscas, lo que necesitas para acoger en la noche a tu amigo. Y con esas mismas palabras reconoces ya otorgado lo que de tu Padre del cielo esperabas recibir.

Feliz domingo, Iglesia cuerpo de Cristo, comunidad de hijos de Dios.

Siempre en el corazón Cristo.
+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo emérito de Tánger

ACTIVIDADES Y TALLERES INFANTILES Y JUVENILES

En el marco de nuestra cooperación con la sociedad civil marroquí, desde el Centro Cultural Lerchundi de Martil os queremos hacer partícipes de los nuevos TALLERES INFANTILES Y JUVENILES, que tendrán lugar desde el 22 de julio al 30 de agosto. Organizados por los grupos de voluntarios de distintos colectivos católicos y laicos, se proponen diversos módulos: manualidades, pintura, música, español, juegos, dinámicas de grupo…
A partir de 6 años, de lunes a viernes y de 10’00 a 13’30. TE ESPERAMOS

Actividades infantiles y juveniles

del 22 de julio al 30 de agosto.

lunes a viernes, 10’00-13’30

Inscripciones: Biblioteca Lerchundi, 10’00-21’00

Organizan: voluntariado comunidad intercongregacional de Martil, voluntarias Oblatas de María Inmaculada, grupo de jóvenes de Arahal, asociación MAAK y voluntariado de los Padres Blancos.

www.lerchundimartil.com

facebook: Centro Cultural Lerchundi

0539 97 95 53

¡TE ESPERAMOS!

“Estoy a la puerta llamando”

Queridos, la palabra del Señor proclamada este domingo en nuestra asamblea litúrgica invita a considerar el misterio de nuestra relación con Dios bajo las formas venerables y casi sagradas de la hospitalidad o buena acogida y recibimiento que se hace a quien nos visita.

Cuando se habla de hospitalidad, casa y mesa son elementos especialmente significativos para expresar lo que hay en el corazón de quien acoge y recibe, con relación a aquel o aquellos que son acogidos y recibidos.

Con razón nos asombramos de lo que el patriarca Abrahán vivió aquel día a la puerta de su tienda. Nos asombramos, no tanto porque él acogió a Dios, sino porque Dios le acogió a él. Nos asombramos, no tanto por lo que el patriarca ha podido preparar para Dios, sino por lo que Dios ha querido preparar para el patriarca. Abrahán vio tres hombres en pie frente a él, corrió a su encuentro, se prosternó en tierra, y dijo: Señor, no pases de largo. Tomó cuajada y leche y el ternero guisado, y se lo sirvió y ellos comieron. El Señor se apareció a Abrahán, se sentó bajo el árbol, y allí, bajo el árbol, le ofreció a Abrahán la promesa de un hijo.

Pero ya te habrás dado cuenta de que hoy, mientras recuerdas el encuentro de Dios con su siervo Abrahán, en realidad eres tú quien en la comunidad eclesial ofreces hospitalidad a tu Dios, y eres tú el que gozas en la comunidad eclesial de la hospitalidad de tu Dios. Hoy eres tú el que ves a tus hermanos en pie frente a ti y corres a su encuentro y te postras para decirle a tu Señor: no pases de largo junto a tu siervo. Hoy eres tú quien preparas para tu Señor tu pan y tu vino, la ofrenda generosa de tus cosas y de tu vida, y te pones de pie bajo el árbol de la cruz, mientras el Señor acepta tu ofrenda. Hoy eres tú quien recibes de tu Señor, no ya la promesa de un hijo, sino el don del Hijo de Dios, y con ese Hijo recibes de tu Dios toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Queridos: la fe nos ha permitido ver en el relato del libro del Génesis una anticipación misteriosa de nuestro encuentro dominical con el Señor; ahora, la misma fe nos permite ver en el relato evangélico de este domingo el anuncio profético de lo que nosotros vivimos en nuestra asamblea eucarística. El mensaje que nos deja el evangelio de este domingo, no es que un día Jesús fue bien acogido en casa de una mujer llamada Marta, y que allí esta mujer lo sirvió con generosidad, mientras su hermana María, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra en actitud de discípulo. El mensaje que nos deja el evangelio es que hoy el Señor entra en esa aldea, en esa casa, que es la asamblea eucarística de la comunidad cristiana; el Señor entra hoy en la Iglesia, y la Iglesia lo acoge y se pone a servirlo, incluso con el exceso de las muchas cosas y de las muchas preocupaciones; y la Iglesia lo escucha, sentada a los pies de su Maestro, sentada en actitud de discípulo, atenta a la palabra que le desvela el misterio del Reino de Dios.

Cuando nuestra fe reconoce la presencia del Señor en nuestra casa, nada tienen de extraño las prisas por ofrecerle lo mejor que tenemos, nada tienen de extraño los deseos de sentarnos a sus pies para escucharle. Cuando nuestra fe reconoce la presencia del Señor en nuestra casa, a él le ofrecemos lo mejor de nuestra pobreza y de él recibimos lo que es propio de su riqueza. Cuando nuestra fe reconoce la presencia del Señor en nuestra casa, a él le hacemos huésped de nuestra humilde asamblea, y él nos hace huéspedes de la casa de Dios y herederos de su gloria.

Señor, ¿cómo puedo hospedarte en mi casa? Señor ¿quién puede hospedarse en tu tienda? Pues sé que tú me recibes en tu tienda si yo te recibo en mi casa. Dame fe para que te escuche en tu palabra. Dame fe para que te reciba en la Eucaristía. Dame fe para que te reconozca y te acoja en el emigrante, en el marginado, en el enfermo, en el pobre. Dame fe para que corra a tu encuentro en todos ellos, y me postre ante ellos para pedirte con las palabras de Abrahán: “Señor mío, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo”. Dame fe para ver y corazón para suplicar, dame generosidad para ofrecer y amor para escuchar.

No habrá Iglesia verdadera donde no haya la fe humilde de Abrahán que suplica y agasaja con su hospitalidad; no habrá Iglesia verdadera donde no haya la fe de Marta que acoge a quien llega y dispone para él el necesario servicio; no habrá Iglesia verdadera donde no haya la fe de María que escucha con amor y escoge así la parte mejor, la Palabra de la que vivir, la Palabra que sale de la boca de Dios.

Aunque parezca una paradoja, los creyentes pedimos siempre la gracia de la fe, el aumento de la fe, y es como pedir que seamos creyentes de verdad, hombres y mujeres que en la Eucaristía y en la vida saben acoger a Cristo y escucharle, saben servir y amar, saben reconocer y agasajar a Cristo en los pobres y a los pobres en Cristo.

Si los pobres y Cristo son huéspedes de nuestra casa, si nos dejamos evangelizar por Cristo y por los pobres, nosotros seremos los bienaventurados que ya desde ahora habitamos en la casa del Señor, en la tienda de nuestro Dios.

Escucha lo que dice tu Señor: “Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos”. Escucha y abre.

Feliz domingo.

Siempre en el corazón Cristo.
+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo emérito de Tánger

“Anda, haz tú lo mismo”

Queridos, ante todo quiero invitaros a que guardéis en el corazón la palabra de Dios que acabáis de escuchar. En el corazón guardamos lo que amamos, lo que queremos preservar de la indiscreción, lo que mantenemos siempre disponible para la mirada interior. Guardad la palabra en el corazón.

Habréis observado que el relato evangélico está centrado todo él en torno a un personaje sin nombre, al que, en principio, nosotros llamaremos “prójimo”, porque, practicando la misericordia con un desconocido –con un lejano-, se portó con él como “prójimo suyo” –se hizo cercano a él, se le aproximó-.

Pero enseguida nos damos cuenta de que aquel hombre abandonado medio muerto y aquel prójimo suyo del relato evangélico, tienen para nosotros nombres muy concretos: el hombre herido soy yo –es cada uno de nosotros-, es esta comunidad que El Señor ha redimido; y mi prójimo –nuestro prójimo, el que se nos aproximó- es Cristo el Señor, y nosotros le llamamos Jesús.

Considerad cómo, en Cristo Jesús, Dios se acercó a sus pobres: a María, que no conocía varón; a José, que era justo; a los pastores, que velaban en la noche los rebaños; a Simeón y Ana, que vivían de esperanza; a leprosos, endemoniados, paralíticos, ciegos, sordos y mudos; a las ovejas descarriadas de la casa de Israel –que no eran los malos de Israel sino las víctimas del mal-.

Consideremos ahora cómo, en Cristo Jesús, Dios se acercó a nosotros: nos purificó, nos justificó, nos santificó en el bautismo; nos dio su Espíritu Santo, que habla con palabras de fuego; nos salvó por su gracia, nos vivificó juntamente con Cristo, con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús.

Lo podemos decir con verdad: “Somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús”.

Todo ello el apóstol nos lo ha resumido hoy de esta manera: Por él –por Cristo- quiso –Dios- reconciliar consigo todos los seres, los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz. “Reconciliar”, “hacer la paz”, es la forma concreta en que Dios, por Cristo, practicó la misericordia con nosotros, se ha acercado a nosotros, se nos ha hecho prójimo.

También es verdad que el mismo Señor que se hizo nuestro prójimo en Cristo, se había hecho cercano a su pueblo por medio de las palabras de la ley. Tan cercano estaba el Señor de su pueblo que éste podía escuchar su voz y volverse enteramente a él, convertirse al Señor con todo el corazón y con toda el alma. El mandato del Señor está tan cerca de su pueblo que éste lo lleva en su boca y en su corazón.

Dios, porque nos ama, se ha hecho nuestro prójimo dándonos su palabra inspirada y su palabra encarnada; Dios se ha hecho cercano a nosotros en Cristo Jesús, que es imagen visible de Dios invisible.

Cristo es la bondad de Dios que nos escucha, la fidelidad de Dios que nos ayuda, la compasión de Dios que se inclina sobre nuestras heridas para curarlas, la misericordia de Dios que nos levanta de nuestra postración y miseria. En Cristo Jesús, Dios es pastor que sale en busca de su oveja perdida; Dios es mujer que se afana en la búsqueda de su moneda extraviada; Dios es padre que hace fiesta por el hijo que estaba muerto y vuelve a la vida, estaba perdido y ha sido hallado.

En el evangelio de este día, junto a la revelación del amor por el que Dios se ha hecho nuestro prójimo, se nos revela también el mandato de Dios, que nos llama a hacernos, por el amor, prójimos de todos. Si Dios, en Cristo, practicó misericordia con nosotros, el mandato de Jesús dice: “Anda, haz tú lo mismo”. Haz tú lo mismo, hermano mío. Practica la misericordia y la compasión con todos los hombres y mujeres que haces prójimos tuyos por el amor que les tienes. Es el amor que les tienes el que te hace prójimo de ese hombre, esa mujer, que pueden tener una ideología distinta de la tuya, pueden tener un credo que en nada se parece al tuyo, pueden tener sentimientos enfrentados a los tuyos. El hombre a quien nuestro amor hace prójimo nuestro, puede representar para nosotros un peligro, una amenaza, puede que nos deje contagiados e impuros, puede que sea el más grande de nuestro enemigos; sin embargo, la ley del camino cristiano no reconoce excepciones: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo”.

Mi prójimo es aquel que yo acercaré a mí acercándome a él para vendarle las heridas, llevarlo conmigo y curarlo.

Feliz domingo.

ENCUENTRO ISLAMO CRISTIANO: «CONSTRUYENDO FRATERNIDAD HUMANA»

El Centro Cultural Lerchundi de Martil te invita a participar de un encuentro interreligioso donde abordaremos los retos desde la fe ante los desafíos del mundo de hoy. Reflexionaremos conjuntamente a partir del documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común, firmado por el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar Ahmed Al-Tayyeb..Participarán voluntarios javerianos, profesores de la Universidad de Martil, miembros de la sociedad civil marroquí, el voluntariado del Centro Lerchundi, y todo persona que quiera compartir experiencias, trabajos y testimonios. Estamos todos invitados a participar el jueves 11 de julio, a las 19’00 en la biblioteca. Finalizaremos con una convivencia fraternal en el patio con té y refrescos, acompañado de aperitivos, te esperamos:

Diálogo islamo-cristiano Lerchundi Río Martil
Encuentro Islamo-Cristiano en el Centro Cultural Lerchundi Jueves 11 de julio 2019 a las 19:00 horas Río Martil

«La fe lleva al creyente a ver en el otro a un hermano, que debe sostener y amar. Por la fe en Dios, que ha creado el universo, las criaturas y todos los seres humanos – iguales por su misericordia – el creyente, está llamado a expresar esta fraternidad humana, protegiendo la creación y todo el universo y ayudando a todas las personas, especialmente las más necesitadas y pobres» (Prefacio Documento sobre la Fraternidad Humana… Abu Dabi, 4 de febrero de 2019)

CINEFÓRUM «Blade Runner 2049»

Estimados amigos y amigas, os invitamos a una sesión de cinefórum dedicada al cine de ciencia ficción, presentando esta magnífica secuela de la obra maestra de Ridley Scott. Engarzando con ella de manera casi perfecta con el reparto, la ambientación, el estilo visual y el guión, que desarrolla sensatamente el tema de la identidad humana. Estamos ante una de las películas más profunda y hermosa del género, una obra capaz de sobrecogernos con una poderosa mezcla de imágenes, sonidos y atmósferas. Para disfrutar en las noches de verano, te esperamos

Blade Runner 2049
de Denis Villeneuve (Estados Unidos, 2017)
Cinefórum: distopía futurista, identidad humana, inteligencia artificial, individualismo, búsqueda
Viernes 5 de julio, 20’30. Biblioteca

versión original en inglés, con subtítulos en español
presentado por Enrique Ortiz, taller de cinefórum Lerchundi

Se repartirán palomitas con refrescos

¡TE ESPERAMOS!

CLASES DE GUITARRA. Julio 2019

El Centro Cultural Lerchundi de Martil te invita a participar de cursos de música, donde podemos introducirnos en la teoría musical y la práctica instrumental de la GUITARRA, acompañado de actuaciones públicas. Clases divididas por módulos, para alumnos de todas las edades, impartidas por el músico Achraf Al Ahmar. Aprovecha las tardes estivales para sacar el músico que llevas dentro, comenzamos el miércoles 3 de julio.

¡TE ESPERAMOS!

CLASES DE GUITARRA

Imparte: Achraf Al Ahmar (Marruecos), guitarrista de los Encuentros Musicales del Centro Lerchundi

comienzo: miércoles 3 de julio

días y horarios:

– lunes, miércoles y viernes, 17’00-18’30

precio: 150 dhs (mes)

www.lerchundimartil.com

facebook: Centro Cultural Lerchundi

0539 97 95 53