El Centro Cultural Lerchundi de Martil te invita a participar de un importante encuentro interreligioso, en el que intervendrá el Arzobispo de Tánger, un miembro del Consejo de Ulemas y el Rabino de Tánger. Un foro de creyentes unidos por el amor a Dios y el compromiso por una humanidad más justa e igualitaria. Una iniciativa necesaria para construir fraternidad y solidaridad en nuestros entornos. Tendrá lugar el jueves 7 de marzo, a las 18’45 en el Centro de Arte moderno de Tetuán, te esperamos
Participan:
· Rabí Jacob Tordjman Rabino de Tánger.
· Monseñor Santiago Agrelo. Arzobispo de Tánger
· Molay Ali Raissouni Miembro de la Asociación de Ulemas de Marreucso
Centro de Arte Moderno de Tetuán Jueves 7 de marzo, 18’45
El Centro Cultural Lerchundi de Martil te invita a participar del ciclo de Encuentros Festivos Interculturales, una interesante iniciativa del voluntariado que permite enriquecer la sociedad con las diferentes realidades culturales, al tiempo que disfrutar de forma festiva y culinaria de las mismas.Vamos a presentar diferentes aspectos de las culturas de Japón, Malasia, Rusia (Caúcaso), India,Tailandia: gastronomía, tradiciones, músicas, curiosidades culturales, te esperamos el próximo sábado 2 de marzo a las 14’00 en el patio
Si digo que creo, no me doy una cita con la eventualidad de un enigma, sino que me adentro en un misterio de amor.
Mi fe es fe en el amor.
Y si alguien me recuerda que la fe sólo puede ser fe en Dios, yo le recordaré que el Dios de mi fe es amor.
El salmista lo confesó a su manera, diciendo: “El perdona… él cura… él rescata… él colma de gracia… él es compasivo y misericordioso”.
El Hijo se lo reveló así a un desconcertado Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna”.
Ese Hijo entregado es la misericordia de Dios que perdona, es medicina de Dios que cura, es fuerza de Dios que libera, es bondad de Dios que nos colma de gracia.
Vosotros, hermanos míos, no sois una secta de ilusos, sino el pueblo del amor que es Dios, un pueblo de redimidos, una comunidad de hijos amados de Dios.
Sólo el amor de Dios da razón de lo que sois.
En ese amor ahonda sus raíces la paz del corazón, la esperanza que nos anima, la confianza con que vivimos.
Sólo de ese amor puede nacer el salmo de alabanza: “Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios”.
Sólo ese amor da razón de nuestra forma de vida.
Todos conocéis vidas de las que es razón el dinero, el poder, la ambición, la vanidad, el fanatismo, el odio: vidas tanto más perdidas cuanto más hayan sido entregadas a la razón por la que se ha escogido vivir.
Y todos, si sois de Cristo Jesús, sabéis que de vuestra vida ha de dar razón el amor.
Éste es el mandato que hemos recibido del que nos amó hasta dar su vida por nosotros: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”.
Y por si alguno quisiera pensar que el amor al que somos llamados ha de estar reservado para los de nuestra casa, para los de nuestra fe, el que por todos vivió y murió, quiso que a todos amáramos, quiso que por todos perdiésemos la vida: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian”.
Amar, amar sin medida, amar sin fronteras, como ama el Padre del cielo, como nos amó el Hijo en el que creemos, con el que vivimos en comunión y del que recibimos el Espíritu del amor.
Como creyentes en Cristo, se nos reconocerá por la compasión y la misericordia.
El Centro Cultural Lerchundi de Martil te invita a participar de un encuentro intercultural de carácter universitario, en el que intervendrán estudiantes de diversos países, algunos de los cuales cursan estudios universitarios en Martil o Tetuán. Se trata de una iniciativa de nuestro voluntariado internacional, para fomentar la interculturalidad y la responsabilidad social, abordaremos el interesante tema de la retos actuales para el mundo de la Universidad. Participarán estudiantes y profesores de Rusia, República Centroafricana, Venezuela, Japón, Malasia, Marruecos y España. Estamos todos invitados a participar el jueves 21 de febrero, a las 19’00 en la biblioteca. Te esperamos:
No las leo si no es a la sombra de la cruz y a la luz del crucificado: “Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”.
Sólo en esa sombra y con esa luz puedo acercarme al misterio que las palabras encierran.
En esa cruz, condenado a ella, clavado en ella, está un pobre, un hombre al que sólo quedan en propiedad heridas y palabras.
Un día, en el llano, “levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: Dichosos los pobres”.
Otro día, desde lo alto de una cruz, bajando los ojos hacia ti y hacia mí, como quien deja un testamento a sus hijos, nos hizo llegar el eco de aquella asombrosa revelación: “Dichosos los pobres”.
Volví a leer la pasión en el evangelio de Lucas, escudriñé tus palabras, Señor, y tus heridas: Repartiste tu cuerpo como un pan, y con tu sangre sellaste una Alianza nueva y eterna. Dijiste palabras de advertencia a las mujeres que lloraban tu destino de muerte: “Van a llegar días en que se dirá: «Dichosas las estériles, los vientres que no han parido y los pechos que no han criado». Entonces, la gente pedirá a los montes: «Desplomaos sobre nosotros», y a las colinas: «Sepultadnos»”. Pediste al Padre perdón para todos los implicados en la muerte de su Hijo. Hiciste promesas de paraíso a un ladrón sin futuro.
El cenáculo, el camino de la cruz, la cruz, nos devuelven las palabras de la revelación en el llano: “Dichosos los pobres”, y nos invitan a entrar en su misterio: Dichosos los discípulos que comieron el cuerpo entregado del Señor y bebieron la nueva Alianza sellada con su sangre. Dichosos los verdugos que oyeron una súplica de perdón impetrado para ellos. Dichoso el ladrón, crucificado con Cristo, que aquel día entró con el Rey en el paraíso.
Para discípulos, para verdugos, para ladrones, ¡para los pobres!, el Reino de Dios se llama Jesús, y está allí para todos, como un pan y una misericordia. Si tienen hambre, serán saciados; si lloran, reirán. Los saciados, tendrán hambre; los que ríen, llorarán.
“Dichosos los pobres”, porque Jesús –el Reino, el perdón, el paraíso- es para ellos, y ellos lo acogerán.
Y dichoso Jesús, el Hijo que se hizo pobre para ser nuestra riqueza, pues cuando todo lo ha dado, también la vida, conoce la dicha de recibir a los pobres que ha amado: a los discípulos, al jefe de los soldados, a un ladrón… a nosotros.
Hoy, cuando os reunáis en asamblea eucarística, sabréis cumplidas en vuestra celebración las palabras del evangelio: “Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”. Hoy se os entrega el Señor; hoy es para vosotros su cuerpo y su sangre, su Reino, su gracia, su misericordia, su amor.
Para los otros pobres, nosotros hemos de ser presencia real de Jesucristo el Señor.
Para todos, en Jesús, estamos llamados a ser paraíso, pan y consuelo.
(ZENIT – 11 febrero 2019).- El programa del viaje apostólico a Marruecos ya está
El Papa Francisco viajará a Marruecos del 30 al 31 de marzo de 2019, a Rabat, con el lema Siervo de la esperanza,aceptando la invitación de Su Majestad el Rey Mohammed VI, y de los Obispos.
Francisco será el segundo papa en visitar este país, tras los pasos de San Juan Pablo II, quien realizó una visita apostólica en 1985, convirtiéndose el primer papa en visitar un país islámico.
Año Jubilar en Marruecos
También es, después de los Emiratos Árabes Unidos (del 3 al 5 de febrero), el segundo viaje del Papa a un país musulmán en el 800 aniversario de la reunión de San Francisco de Asís y Sultán Al-Malik en Damietta (Egipto), celebrada en 1219. En este marco, la Iglesia de Marruecos celebra un año jubilar por los 800 años de presencia franciscana en Marruecos (16 de enero de 2019-16 de enero de 2020).
Casablanca
El huso horario de Rabat es el mismo que el de Roma (GMT + 1).
Este es el programa publicado por el Vaticano: el programa actual no indica que el Papa vaya a Casablanca como se anunció anteriormente.
Sábado 30 marzo 2019ROMA-RABAT
10:45
Salida en avión del aeropuerto de Roma/Fiumicino para Rabat
14:00
Llegada al aeropuerto internacional de Rabat-Salé
RECIBIMIENTO OFICIAL
CEREMONIA DE BIENVENIDA en la explanada frente al Palacio Real
VISITA DE CORTESÍA AL REY MOHAMED VI en el Palacio Real
ENCUENTRO con el PUEBLO MARROQUÍ, las AUTORIDADES, con la SOCIEDAD CIVIL y con el CUERPO DIPLOMÁTICO en la Explanada de la Mezquita Hassan
Discurso del Papa
VISITA AL MAUSOLEO MOHAMED V
VISITA AL INSTITUTO MOHAMMED VI DE LOS IMANES, PREDICADORES y PREDICADORAS
Saludo del Papa
ENCUENTRO CON LOS MIGRANTES en la sede de Caritas diocesana
Saludo del Papa
Domingo 31 marzo 2019RABAT-ROMA
VISITA AL CENTRO RURAL DE SERVICIOS SOCIALES de Témara
ENCUENTRO CON LOS SACERDOTES, RELIGIOSOS, CONSAGRADOS y el CONSEJO ECUMÉNICO DE LAS IGLESIAS en la catedral de Rabat
Discurso del PapaÁngelus del Papa
Almuerzo con el séquito papal
SANTA MISA
Homilía del Papa
CEREMONIA DE DESPEDIDA en el aeropuerto internacional de Rabat/Salé
17:15
Salida en avión para Roma
21:30
Llegada al aeropuerto internacional de Roma/Ciampino
Como ya sabéis, el Papa Francisco visitará Marruecos los días 30 y 31 del próximo mes de marzo.
Ese anuncio, buena noticia para la Iglesia en Marruecos, es una gran alegría para todo el pueblo y motivo de particular agradecimiento para nosotros, pues tendremos ocasión de acercarnos al Papa –puede que alguno no la haya tenido todavía-, celebrar con él nuestra fe, escucharlo, hacerle sentir nuestro afecto, y decirle que nos sabemos apalabrados en la tarea de llevar el evangelio de Cristo al corazón de aquellos con quienes recorremos el camino de la vida.
Pero nada de eso, con ser importante e incluso necesario, sería razón suficiente para justificar la tan deseada visita del Papa a Marruecos, pues nuestro compromiso con el evangelio, nuestro apego afectuoso al Papa Francisco, así como la celebración gozosa de los misterios de la fe, son parte de nuestra vida, por no decir que son sencillamente nuestra vida, aunque en ella jamás se nos hubiese concedido la oportunidad de ver al Papa.
Esto me lleva, hermanos míos, a considerar otros aspectos de esta visita, que tal vez no sean tan de casa como los que, desde el principio, reclaman nuestra atención, pero que son probablemente más significativos y a los que, de hecho, se habrá de prestar mayor atención.
Es obvio que el Papa viene a Marruecos para los cristianos que aquí vivimos; pero no creo equivocarme si digo que viene también y sobre todo para el pueblo marroquí, que aquí nos acoge como hermanos.
Para cristianos y musulmanes es la llamada a trabajar por la paz, a obrar según justicia, a ser solidarios unos con otros, a promover la libertad de todos.
Si en un tiempo pudieron separarnos dos certezas, hoy ha de unirnos una búsqueda. Si hemos escrito una historia fratricida en nombre de dos credos, es tiempo de escribir otra que a los ojos de todos resulte fraterna, unida por lazos de clemencia y misericordia.
Lo que procede de Dios, ya sea en el Islam, ya sea en el evangelio, no nos separa a unos de otros, no nos hace extraños unos a otros, y mucho menos nos hace superiores a unos sobre otros.
Lo que es de Dios, une en el amor que es Dios.
Vivimos tiempos recios, en los que para cristianos y musulmanes se ha hecho urgente descubrir nuestra común vocación a humanizar el mundo, y hacerlo cada uno desde la luz con que nos ilumina la fe que profesamos.
El corazón me dice que la visita del Papa Francisco a Marruecos dejará en nuestros ojos la dicha de mirarnos como hermanos, en nuestro corazón un compromiso con estos hermanos y con esta tierra, en nuestras manos un proyecto de solidaridad con los pobres, en nuestro espíritu la pasión de Dios por sus criaturas.
Pero vosotros sabéis, hermanos míos, que en el horizonte de esta visita apostólica están también esos últimos entre los últimos que son los emigrantes.
Abandonados a su suerte, puestos en las manos criminales de las mafias por las políticas criminales de los Gobiernos, impedidos de ejercer sus derechos fundamentales, tratados como esclavos, traídos y llevados como mercancía, empujados a regatear con la muerte lo que habría que ofrecerles en justicia, esos emigrantes necesitan que la palabra del Papa se dirija a ellos para confortarlos, para mantener viva su fe, para fortalecer su esperanza; y necesitan asimismo que esa palabra se dirija a la conciencia de los pueblos, recuerde la responsabilidad que en el drama de la emigración tiene la política de cada nación, y la mayor responsabilidad, si cabe, que en la formación de la conciencia y en la asunción de decisiones políticas tienen las comunidades cristianas en los países de origen, en las Iglesias del camino, en los países de destino.
Ésta es una esperanza encendida en el corazón de la Iglesia de Tánger: Que el Papa Francisco venga a esta tierra, y que a esta humanidad hambrienta de justicia, de cariño, de esperanza, le haga llegar la luz de su palabra, el calor de su afecto, el testimonio de que la Iglesia, madre de todos, está especialmente cerca de estos hijos que todo lo necesitan.
Estos hijos últimos no podrán acercarse al Papa Francisco. Pero habrán de ocupar un lugar privilegiado en su corazón de padre y en el corazón de su visita apostólica a Marruecos.
A nosotros nos toca preparar el camino. Lo haremos con austeridad de vida, solidaridad con los pobres, oración en la comunidad y trato personal con el Señor. Lo haremos como si estuviésemos preparando la venida del Señor: ¡Bendito el que viene en su nombre!
Un abrazo, hermanos míos muy queridos. El Señor os dé su paz.
Uno vio “al Señor sentado sobre un trono alto y excelso”; el otro vio sólo la redada de peces que había cogido después de echar las redes “en la palabra de Jesús”; y los dos, Isaías y Pedro, el profeta y el pescador, se asomaron al misterio de la grandeza de Dios y de la propia pequeñez, se vieron perdidos en la santidad de Dios y en la realidad inquietante del propio pecado.
El profeta expresó así lo que había experimentado: “¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos”.
El pescador expresó con una súplica y un gesto lo que había aprendido viendo peces en las redes: “Se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: _Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”.
Cada domingo nos reunimos para escuchar la palabra del Señor. Cada domingo nos acercamos a la mesa del Señor. Se supone que en la eucaristía escuchamos y comemos para mejor conocer la voluntad del Señor, obedecer sus mandatos, acoger su salvación y seguir sus caminos.
Cada domingo, como el profeta, nos acercamos al templo del Señor. Cada domingo, como el pescador, también nosotros echamos la red “en la palabra de Jesús”. Cada domingo es una ocasión que la gracia nos ofrece para el asombro por lo que se nos revela, para el santo temor de Dios por lo que Dios es, para la humildad del corazón por lo que nosotros somos.
Cada domingo, allí donde el profeta dijo: _ “¡ay de mí, estoy perdido!”; y donde el apóstol dijo: _ “apártate de mí, Señor, que soy un pecador”, nosotros decimos, robando las palabras a un soldado romano: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa”.
Hoy, con vosotros, quiero robarlas todas: las del profeta, las del pescador, las del soldado, por si se me agarra al alma el conocimiento de la grandeza de Dios, de su santidad, con la sabiduría de mi indignidad para ir hasta Dios o para recibirle si él viene a mi casa.
Hoy, con vosotros y con el apóstol, le diré «apártate», porque soy un pecador; mientras todo mi ser, con vosotros y con los discípulos en el camino de Emaús, le pediremos «quédate»: Quédate, porque anochece, y se oscurece la fe; quédate, porque tú tienes palabras de vida eterna; quédate, porque te necesitamos; quédate, porque sabemos que nos amas.
Y si la Eucaristía nos remite, Señor, a la entrega de tu vida por nuestro amor, mientras te digo «apártate» pues mi pecado es de muerte, mientras te digo «quédate» pues tu voz es de infinita misericordia, te diré también: “acuérdate de mí en tu reino”, entregando así mi pecado a tu misericordia.
“En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: _Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. Queda atrás la profecía, queda fuera la reflexión moral, quedan allí sin sentido la exposición doctrinal y la exhortación piadosa. Las palabras de Jesús son revelación de un acontecimiento turbador. Cuando Jesús dice, “hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”, sus palabras, no sólo desvelan el misterio de la profecía que acaba de leer, sino que empiezan a desvelar también su misterio personal, el de un hombre que ha sido ungido por el Espíritu Santo, y ha sido enviado para que lleve a los pobres la buena noticia de la gracia de Dios.
Una reflexión moral, una exposición doctrinal, una exhortación piadosa son intemporales. Los acontecimientos están necesariamente anclados a un «ahora» en el tiempo, y a un «aquí» en el espacio. De ahí la importancia que tiene en las palabras de Jesús el adverbio de tiempo «hoy», y la locución espacial “en vuestros oídos”, que la traducción oficial lamentablemente ignoró y substituyó por un desubicado “que acabáis de oír”.
«Aquí» acontece. «Hoy» se cumple. «Hoy, aquí» es salvación cumplida –evangelio- lo que hasta hoy era sólo salvación prometida –profecía-.
A donde llega Jesús la salvación se hace cosa de «aquí» y de «hoy»: “Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador” –dice el ángel a los pastores en la noche de Belén-. “Hoy tengo que alojarme en tu casa…Hoy ha llegado la salvación a esta casa” –le dice Jesús a Zaqueo, el publicano de Jericó-. “Hoy estarás conmigo en el paraíso” –le dice Jesús a uno de los malhechores ajusticiados con él-.
Jesús es la salvación. Lo fue para los pastores de Belén, para Zaqueo, para el ladrón del paraíso. Lo es para nosotros, que hoy nos encontramos con el Señor y escuchamos su palabra en la asamblea litúrgica de la comunidad cristiana.
La salvación que es Jesús, es gracia de Dios para enfermos y pecadores, para publicanos y malhechores; y porque es gracia, es también alegría, fiesta en el corazón, para enfermos y pecadores, para recaudadores y bandidos.
Feliz domingo. Feliz encuentro con Cristo Jesús, hoy, en la celebración eucarística
Te invitamos a este nuevo espacio intercultural de participación, flexible, dinámico, ameno, distendido e inclusivo, enfocado al intercambio de lenguas, coordinado por profesores voluntarios.
sábados quincenales, 17’00-19’00 en la biblioteca próximas sesiones: 2 y 16 de febrero / 2, 16 y 30 de marzo
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