PAROQUIA SAN JOSE – AL HOCEIMA

Vida pastoral de los Padres Trinitarios

El viernes 2 de noviembre de 2018, conmemoración del Día de Todos los Difuntos, celebramos la Eucaristía en el Cementerio Español de Al Hoceima.

Después de una oración por todos los Difuntos en el Cementerio, en mitad del camposanto, celebramos la Eucaristía recordando a todos los Difuntos de las familias que han vivido en esta ciudad.

LLEGADA DE LOS PADRES TRINITARIOS A MARRUECOS

El domingo día 30 de septiembre de 2018, se celebró en la Parroquia de San José de Al Hoceima la presentación de los nuevos Párrocos – pertenecientes a la Orden de la Santísima Trinidad – y el comienzo de curso Pastoral Parroquial.

Contamos con la presencia de nuestro Arzobispo Monseñor Santiago Agrelo, quien presidió la Eucaristía, el Vicario General de la Archidiócesis el P. Simeón Stachera junto a las Comunidades de Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca e Hijas de la Caridad de Al Hoceima, Religiosas Franciscanas y de la Divina Infantita de Nador,  Religiosos Trinitarios y Laicos Trinitarios venidos desde España junto a los Estudiantes de Costa de Marfil, quienes animaron la Celebración, Directora y profesores del Colegio Español Melchor de Jovellanos y feligreses.

Monseñor Santiago Agrelo nos animó con estas palabras: El escalón que divide el Presbiterio nunca debe ser una frontera en la vivencia y crecimiento de la fe de una Comunidad Cristiana.

Desde ese día la Parroquia está abierta desde las 18h hasta las 20h miércoles, jueves y viernes, siendo el horario de la Eucaristía a las 18,30h. Además del domingo a las 11h.

Lunes, Martes y Sábado la Eucaristía se celebra en la Comunidad de las Hijas de la Caridad.

JORNADA FESTIVA INTERCULTURAL:

La Cultura Española

El Centro Cultural Lerchundi de Martil te invita a participar del ciclo de Encuentros Festivos Interculturales, una interesante iniciativa de nuestro voluntariado que nos va a permitir enriquecernos con las diferentes realidades culturales y disfrutar de forma festiva y culinaria de las mismas.Tendrán lugar una vez al mes, el 3º o 4º sábado, la I Jornada estará dedicada a la cultura española. Te esperamos el próximo sábado 24 de noviembre, a las 14’00 en el patio

Programa:

  • Degustación de platos típicos españoles
  • Música variada
  • Conocer España: el Camino de Santiago

Patio y salón

Sábado 24 de noviembre,

14’00

Colaboración: 20 dhs

Fecha límite de inscripción: lunes 19 de noviembre

lerchundimartil@gmail.com

facebook: Centro Cultural Lerchundi

0539 97 95 53

TALLER de ARTES PLÁSTICAS Y RECICLAJE

El Centro Cultural Lerchundi de Martil, te invita a participar de este taller para desarrollar tus habilidades artísticas y promover una cultura del reciclaje. Estará impartido por el artista Abdelkrim Bentato y estructurado en dos módulos: uno dirigido al público infantil y otro para el público en general, La duración será de tres meses y comprenderá las técnicas de dibujo, pintura, collage y reciclaje. Comenzaremos el sábado 10 de noviembre, te esperamos.

«No podemos desarrollar nuestros recursos completamente si no estamos también implicados en desarrollar los recursos de los demás”. (R. Charkhuff)

Imparte: Abdelkrim Bentato
Sesiones:
Público infantil: sábados, 10’00-11’30
Adultos: sábados, 11’30-13’00

Precio: 50 dhs (mes)

Comenzamos el 10 de noviembre

lerchundimartil@gmail.com
facebook: Centro Cultural Lerchundi

0539 97 95 53

¡TE ESPERAMOS!

TERTULIA: «Las consecuencias del Brexit»

El Centro Cultural Lerchundi de Martil te invita a participar de una nueva tertulia, donde trataremos de analizar las consecuencias derivadas del proceso de separación del Reno Unido de la Unión Europea. Todas las incógnitas planteadas, causas, razones históricas, las reacciones ciudadanas… contamos con tu presencia, opinión y participación. Te esperamos

Las consecuencias del Brexit

Sábado 3 de noviembre, 19’00

Biblioteca Lerchundi

Imparten:

Peter Mariot, británico residente en Martil.
Francia Elena Ramos. Profesora de Ciencias Políticas de la Univerisdad de Caracas
lerchundimartil@gmail.com
facebook: Centro Cultural Lerchundi

0539 97 95 53

Eucaristía y frontera:

Ayer me acerqué con unos amigos a la frontera de Ceuta.

Durante el día habíamos hablado de inmigración, de caminos recorridos por miles de jóvenes para alcanzar, desde su lejano sur africano, esta orilla sur de Europa; para ellos, la orilla de una esperanza, la frontera de una tierra prometida.

El otoño se ha puesto ya de invierno, y el levante hace más intensa la sensación de frío.

A mis amigos, uno de Etiopía, otro de Mozambique, otro de Suráfrica, los acompañaba hasta Ceuta para que, de cerca, viesen los bosques que durante años fueron refugio de inmigrantes y en los que, según parece, ahora no queda ninguno; y, de lejos, adivinasen el trazado de la valla que rodea la ciudad. Lo evidente en el bosque y la frontera eran las furgonetas del ejército y los controles de la policía: ¡Soldados y policías emplazados allí para que allí no estén los pobres! ¡Soldado y policías pagados por la irracionalidad que dilapida en vulnerar derechos lo que tendríamos que gastar en hacerlos respetar!

¿Qué tiene que ver esto con nuestra Eucaristía dominical?

Puede que nada, pues en la homilía de este domingo no se nos va a recordar que el dinero con que se paga a esos soldados y policías lo ponen también los buenos cristianos españoles que en este domingo van a comulgar.

Aceptamos que el de “amar al Señor Dios con todo el corazón” es el primer mandamiento de la ley; pero no hay razón para que pensemos que ese mandato tenga algo que ver con unos extranjeros vigilados, controlados, desplazados, deportados en nombre de nuestro bienestar; podemos amar a Dios y desentendernos de esos hijos suyos que, por no tener papeles, han dejado de serlo. Ocuparse de ellos sería ‘buenismo’ indigno de personas razonables.

Aceptamos eso de “amar al prójimo como a uno mismo”; pero es evidente que unos extranjeros sin dinero no son “prójimo” nuestro, y mucho menos son “nosotros mismos”: gentes así son sólo una amenaza para nuestro trabajo, para nuestra identidad, para nuestra seguridad; y como una amenaza han de ser apartados de nuestra vida. Cualquier otra disposición sería mero sentimentalismo.

Puede que bosques, fronteras y pobres nada tengan que ver con el evangelio de nuestra eucaristía. Puede que consigamos amar a Cristo sin amar su cuerpo que son los pobres. Puede que consigamos comulgar con Cristo y subvencionar a quienes añaden sufrimientos atroces a su pasión.

Si así fuese, si nuestra misa nada tiene que ver con los caminos de los pobres, mucho me temo que tampoco tenga algo que ver con el camino que es Cristo Jesús.

Feliz comunión con el cuerpo doliente de nuestro Señor.

Y el Señor dijo que el cielo era de los pobres:

Hoy, la Iglesia que peregrina en la tierra, vuelve los ojos a la Iglesia del cielo, a la ciudad de los santos, para celebrar la gloria de sus hermanos, contemplar lo que espera alcanzar, y unir a la alabanza de Dios que resuena en las moradas eternas el canto de alabanza que resuena festivo en la asamblea eucarística.

La fiesta de Todos los Santos remite al cielo: a la dicha que es Dios, al consuelo que viene de él, a la tierra nueva que él ha preparado para sus hijos.

Remite al cielo, pero no nos aparta de esta tierra nuestra, del tiempo que nos ha tocado vivir, pues aquella dicha, aquella consolación, aquella tierra, aquella herencia, aquel reino, son para los pobres: para los que ahora lloran, para los que aquí son sufridos, para los que en esta tierra tienen hambre, los que han hecho de la misericordia su forma de vida, los que tienen corazón de niño y se han puesto a la tarea de construir la paz.

En la Eucaristía, en la palabra de Dios que escuchamos, en el Cuerpo de Cristo que recibimos, se unen el cielo que esperamos y la tierra en la que caminamos. Hoy, en el misterio de nuestra celebración, el reino de los cielos y los pobres se abrazan, el consuelo divino y las lágrimas humanas se besan. Hoy, en la comunidad eclesial, los hambrientos se sientan gozosos a la mesa que Dios ha preparado para ellos.

El cielo es de los pobres. La Eucaristía también. La Iglesia también.

“Nos parecía soñar”:

“Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar” (Salmo responsorial).

En la memoria del soñador podría haber estado Egipto, la tierra de la esclavitud, el mar dividido para el paso de los esclavos, las noches del éxodo bajo la luz de Dios, aquellos días bajo la nube, el desierto mitigado con agua de la roca y panes de rocío, la tierra prometida, una tierra con fuentes de leche y miel para la esperanza de un pueblo.

En la memoria del soñador, más cercanas que las tierras de Egipto y las maravillas del éxodo, quedaban las tierras de Asiria, y de Caldea, último solar de lágrimas y lutos para los desterrados de Sión.

El profeta evoca caminos que Dios abre en la estepa para el paso de los que volverán a la tierra de la libertad.

A la luz de la palabra profética, el futuro se ilumina con un éxodo de pobres hacia una nueva esperanza; Dios los guía entre consuelos; “entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas”.

El salmista evoca Pascua y fiesta, asombro, alegría y canto de los redimidos: “Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares.”

En Cristo Jesús, en los sacramentos de su Pascua, el Señor ha cambiado nuestra suerte: Tocaste, Señor, mis ojos ciegos, y pude verte. Iluminaste mi vida, y pude seguirte. Me curaste, y pude amarte. Cambiaste nuestro duelo en fiesta, el luto en danza, la tristeza en alegría; la luz de tu misericordia iluminó la noche de nuestra esclavitud.

Cuando el Señor nuestro Dios cambió nuestra suerte… se nos llenó de paz el corazón, de alegría el alma, de risas la boca, de cantares la lengua, pues se nos había llenado de Cristo Jesús la vida entera.

Cuando el Señor cambió nuestra suerte… nos parecía soñar.

Un mundo de cambia suertes:

Si me preguntan cómo se llama mi Dios, les digo: Su nombre es, «El que ha cambiado mi suerte».

Si me preguntan, cuál es mi pueblo, les digo: Mi pueblo son «Los pobres a quienes Dios ha cambiado la suerte».

Si me preguntan cuál es mi tarea, les digo: Me han pedido que sea «Mente, corazón y manos del que cambia la suerte de los pobres».

Si me preguntan a quiénes he sido enviado, les digo: «A los pobres para que cambie su suerte».

Si me preguntan a dónde he llegado, entonces se hace ineludible la confesión y la petición:

Dios mío, no hemos llegado a tiempo para librarlos. Salieron hacia una esperanza, se quedaron a la deriva en un mar de angustia, naufragaron en un cementerio de agua. No hemos llegado a tiempo para cambiar su suerte…

Dios mío, que el mundo se te llene de corazones y manos para cambiar la suerte de los que lloran. Dios mío, que el mundo se nos llene de cambia suertes.

CHARLA COLOQUIO

EL SISTEMA EDUCATIVO ESPAÑOL EN LA ZONA DEL PROTECTORADO: CASO DE TETUÁN

Estimados amigos y amigas, dentro del ciclo de tertulias sabatinas, te invitamos a asistir a una interesante charla sobre la educación en tiempos del Protectorado, centrado en el caso de su capital, Tetuán. Nos permitirá conocer los distintos modelos educativos, el trabajo de las instituciones públicas y privadas, el interesante proceso de simbiosis entre la modernidad europea y la identidad y tradición marroquí… Te esperamos el sábado 27 de octubre, a las 19’00.

¡TE ESPERAMOS!

Tertulia: «El sistema educativo español en la zona del Protectorado: el caso de Tetuán», por Mohamed Akhrif.

Hispanista, traductor e intérprete

Sábado 27 de octubre, 19’00.

Biblioteca

lerchundimartil@gmail.com

facebook: Centro Cultural Lerchundi

0539 97 95 53

Últimos: nadie se conforme con menos.

El Señor lo dijo así a sus discípulos: “El Hijo del hombre ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos”.

El que hoy, porque nos ama y porque cuenta con nosotros para amar, nos espera a la orilla de nuestro mar; el que para nosotros, sobre las ascuas del Espíritu, ha preparado el pan de su palabra y de su cuerpo; es él quien hoy nos invita a seguirlo por su camino, a ser como él, como “el Hijo del hombre, que ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos”.

El que no quiso más grandeza que la de ser pequeño, ni más reino que el de Dios, ni más saber que la buena noticia de Dios para los pobres, es él quien hoy nos recuerda que “el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir”.

Hoy escuchamos y creemos para ser como él.

Hoy comulgamos y, por la fe, la esperanza y el amor, nos ponemos en camino para dar la vida con él.

Por la fe, la esperanza y el amor somos de Cristo, somos cuerpo de Cristo, somos presencia de Cristo en el mundo: presencia viva, presencia espiritual, presencia real.

Y no habrá de apartarse el sacramento –que es la Iglesia-, de la realidad que en él se representa –que es Cristo-.

Quiere ello decir que también la Iglesia, como Cristo Jesús, ha sido ungida y enviada, no para ser servida, sino para servir; los hijos de la Iglesia estamos en el mundo, no para preservarnos sino para darnos, no para ser nuestros sino para ser de quien necesite de nosotros.

Y cualquier forma, no digo ya de tiranía o de opresión sobre otro, sino incluso de olvido del otro o de indiferencia frente a su necesidad, sería del todo incoherente con esa condición nuestra de “sacramentos de Cristo Jesús”.

Libres como Cristo Jesús, movidos como él por el amor, apegados como él a la justicia y al derecho, empapados como él de misericordia, siervos de todos como él, esperamos y pedimos que Dios, por nuestros ojos, continúe mirando a los pobres con el amor entrañable con que los miró por los ojos de Jesús de Nazaret.

Para ello habremos de desprendamos de nosotros mismos hasta hacernos de todos y de Dios, como Jesús.

Lo hemos oído en el evangelio: “El Hijo del hombre ha venido para servir y dar su vida en rescate por todos”. ¡Y lo hemos creído!

Lo oímos cada vez que celebramos la Eucaristía: “Tomad y comed, porque esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”. ¡Y lo comulgamos!

Y creyendo y comulgando, hemos aceptado, como forma de ser para nosotros, ese “servir y dar la vida” que es la forma de ser de Cristo Jesús.

Nadie se conforme con menos: Vamos con Jesús hasta el último lugar. Rompamos y entreguemos con Jesús el pan de nuestra vida.

Feliz domingo, Iglesia cuerpo de Cristo.