Un pan del cielo:

Jesús relee, y nos enseña a releer, la Escritura como “palabra que se cumple en él”.

Lo había hecho con el profeta Isaías. Aquel día, en la sinagoga de Nazaret, Jesús “se pudo en pie para hacer la lectura”, y, después de leer un pasaje en el rollo del profeta Isaías, “comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír»”.

Ahora, en Cafarnaún, lo da a entender a propósito del Libro del Éxodo: la memoria que ese libro guarda del maná con que Dios alimentó a su pueblo en el desierto, es para Jesús anuncio profético del verdadero pan del cielo con Dios alimentará a los hijos del Reino en su camino hacia la Vida.

A la murmuración de los israelitas en el desierto, a la protesta por la falta de pan para la comunidad, se corresponde ahora la crítica a Jesús porque ha dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”.

Cuando el salmista cantaba: “hizo llover sobre ellos maná, les dio pan del cielo, el hombre comió pan de ángeles”, confesaba el amor providente de Dios a su pueblo; aquel pan, el maná, era “del cielo” porque era de Dios, porque su providencia lo preparaba bajo el rocío de la mañana. Aquel pan era una evidencia de la cercanía de Dios a su pueblo: aquel “pan del cielo” era memoria permanente de que el cielo era de la tierra, de que Dios era Dios de su pueblo.

Ahora Jesús dice: “Yo soy el pan bajado del cielo”. Ahora, en el misterio de la encarnación, en el misterio de la eucaristía, es Jesús el sacramento en el que la salvación se nos hace visible, es el cuerpo en el que tocamos la gloria de Dios, es la evidencia de que Dios se ha hecho de la tierra, de que Dios es Dios para el hombre, de que Dios está cerca de nosotros, de que Dios nos ama.

Donde antes se decía: “les dio pan del cielo”, ahora se dice: “Yo soy el pan bajado del cielo”.

Si consideras el verbo “dar”, a la memoria de la fe suben las palabras de la revelación: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca sino que tenga vida eterna”. Entonces Jesús, en el misterio de la encarnación, en el misterio de la eucaristía, se nos hace medida de la sin medida del amor de Dios.

Si consideras el verbo “bajar”, recuerdas las palabras del evangelista: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”; y también suben al corazón las palabras del apóstol: “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de Dios; al contrario se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos”. Y sabes que, si crees, si aceptas ese amor que desde el cielo baja a ti para ser tuyo, aceptas ir con él adonde él va, y va siempre hacia abajo, va siempre hacia lo más hondo, va siempre hacia los últimos.

Baja con Cristo al abismo donde se mueven los pobres, baja y sé para ellos sacramento del amor con que Dios los ama, evidencia de la cercanía de Dios a sus vidas, certeza de que son importantes, lo más importante, para ti y para Dios.

Del cielo ha bajado el pan, del cielo ha bajado Jesús, del cielo, para los pobres, has bajado tú, Iglesia cuerpo de Cristo.

Los pobres, nuestra salvación:

“Lo que oímos y aprendimos, lo contaremos a la futura generación”.

A decir “Padre nuestro”, a confiar en Dios, a tener responsabilidad ante Dios, lo aprendí de mis abuelos, de mis padres, de mis maestros, de mi párroco.

Cosas asombrosas de Dios las leí en la Historia sagrada.

A bajar crucifijos de las paredes para dar alivio al Señor crucificado me lo enseñó el que todo lo sabe, aunque yo no sabía para qué me lo enseñaba.

Luego, de franciscanos y benedictinos aprendí las cosas de Dios en la Historia de la salvación.

Y con todos los que han oído y aprendido, vamos contando las obras de Dios, su poder, sus alabanzas.

Oímos, aprendimos y contamos que Dios caminaba con su pueblo en el desierto, que lo guiaba hacia una tierra de libertad y de abundancia, que hizo con su pueblo una alianza de recíproca fidelidad y pertenencia.

Oímos, aprendimos y contamos que Dios alimentó a los hijos de su pueblo con el maná, un pan de gracia recogido bajo la capa de rocío de la mañana, y los hizo vivir con el trigo celeste de la divina palabra.

Oímos, aprendimos y contamos que Dios puso su tienda entre nosotros, y preparó para todos el banquete de su reino, un festín de bendiciones del cielo sobre la vida de los redimidos, de los rescatados, de los liberados, de los justificados, de los salvados, de los resucitados con Cristo.

Oímos, aprendimos y contamos –lo hacemos cada vez que celebramos la eucaristía-, que Jesús, “la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos”, y declaró que aquel pan, del que todos habíamos de comer, era su cuerpo entregado por nosotros.

Hoy, comulgando, aceptamos ese cuerpo entregado, recibimos a Cristo, nos hacemos de Cristo, para ser todos, en Cristo, un solo cuerpo, un solo Cristo.

Entonces, el mismo Espíritu que me enseñó a bajar crucifijos de las paredes, me recuerda que he de aliviar el dolor de Cristo en su cuerpo que son los pobres, y aprendo -¡con cuánta lentitud y poco empeño!- que no resulta coherente comulgar con Cristo en la eucaristía y rechazar a Cristo en los pobres; aprendo que no puedo decir sí a Cristo y decir no a los pobres; aprendo que no habrá eucaristía para mí si no recibo a Cristo en los pobres, si no amo a los pobres, si no cuido de ellos como se supone que cuidaría de Jesús si él, cansado del camino, hambriento y sediento, llegase a mi casa.

Quien rechaza a Cristo en los pobres, come del pan y bebe del cáliz del Señor indignamente, come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condenación.

Así he oído y aprendido a Cristo, y así lo voy contando a todos los que esperan salvarse.

No creo equivocarme si digo que nuestra salvación son los pobres en los que Cristo nos visita.

Ciertamente, ellos serán la clave con la que se nos abrirá la puerta del reino que Dios ha preparado para los justos desde la creación del mundo.

CINEFÓRUM: «Hacia la luz»

Estimados amigos y amigas, continuamos con el cine de verano con la película «Hacia la luz», de Naomi Kawase. Una mirada a la sociedad japonesa actual, las relaciones humanas en situación de dificultad, un relato conmovedor plagado de lirismo que nos sumerge en el mundo metafórico de la afamada directora japonesa. Te esperamos

Hacia la luz
de Naomi Kawase
(Japón, 2017)

Cine de verano

Temas: las relaciones humanas, el amor en contextos de dificultad, la soledad ,la invisibilidad

Sábado 4 de agosto, 21’00. Biblioteca
versión original con subtítulos en español

presentado por el profesor Tadayoshi Ishihara, de la universidad de Soka (Tokyo)

¡TE ESPERAMOS!

TERTULIA HISPANO MARROQUÍ

«Experiencias personales de españolas en Marruecos. La lucha de la mujer marroquí en la sociedad actual»

El Centro Cultural Lerchundi de Martil te invita a participar de una tertulia especial donde abordaremos las experiencias de mujeres españolas en Marruecos, con sus luces y sus sombras. Abordaremos la situación actual de la lucha de la mujer marroquí en el complejo contexto social y político del país. Contamos con tu presencia y participación, te esperamos

Experiencias personales de viajeras españolas en Marruecos. La lucha de la mujer marroquí hoy

Sábado 4 de agosto, 20’00

Biblioteca Lerchundi

Imparten: Lidia y Alicia, trabajadoras sociales.

Fuad Lucas, trabajador social

lerchundimartil@gmail.com

facebook: Centro Cultural Lerchundi

0539 97 95 53

¡TE ESPERAMOS!

CURSOS INTENSIVOS DE LENGUAS DEL VERANO

Estimados/as amigos/as:

En nombre del Centro Cultural Lerchundi de Martil, os queremos hacer partícipes de los CURSOS INTENSIVOS DE LENGUAS DEL VERANO’2018, que tendrán lugar durante el mes de agosto. Se proponen:

  • Cursos intensivos de español: del 31 de julio al 18 de agosto, horarios de mañana y tarde, niveles inicial, intermedio y de conversación. La duración es de 32 horas, de lunes a sábado, y su precio de 250 dhs, con descuentos a familias inscritas y dobles matrículas. Profesoras Francia Elena Ramos y Lola Melenchón
  • Cursos intensivos de francés: del 31 de julio al 18 de agosto, horarios de mañana, niveles inicial, intermedio y grupos especiales de niños. La duración es de 32 horas, de lunes a sábado y su precio de 250 dhs, con descuentos a familias inscritas y dobles matrículas. Profesores Cámara Alseny, Thierry Maicka y Rodrigue.
  • Cursos intensivos de inglés: del 31 de julio al 18 de agosto, en horarios de mañana y tarde, niveles inicial, intermedio y de conversación. La duración es de 32 horas, de lunes a sábado y su precio de 250 dhs, con descuentos a familias inscritas y dobles matrículas, así como a personas con impedimentos económicos. Profesores Abdallah Dadaki e Ikram
  • Tertulias en español, temas de actualidad: todos los sábados, nivel intermedio, de 21’00-23’00 en la biblioteca.

Información y matrículas: Biblioteca Lerchundi, de lunes a viernes, de 10’00 a 21’00.

TE ESPERAMOS

Francisco Jiménez Maldonado

Centro Cultural Padre Lerchundi

Martil (Tetuán)

0539 97 95 53 – 0669 012 853

«El Señor es mi pastor»:

El profeta dijo: “Mirad que llegan días en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y derecho en la tierra… Y lo llamarán con este nombre: «El-Señor-nuestra-justicia»”.

Y el apóstol, llegados los tiempos a su plenitud, escribió: “Ahora estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él es nuestra paz”.

En tu vida, hermano mío, hermana mía, hay un antes y un ahora: un antes en que todos andábamos “como ovejas sin pastor”, y un ahora en que “hemos vuelto al pastor de nuestras almas”; un antes de dispersión y de ruina, y un ahora en que nos conduce el que nos ama.

“¡El Señor es mi pastor, nada me falta!” Considera con quiénes has orado en esta mañana de encuentro con tu Dios. Las palabras de tu oración eran del salmista, y al pronunciarlas, lo hiciste presente en la asamblea dominical. La oración era tuya, pues dijiste, como si de ti solo se tratase, “el Señor es mi pastor”, pero lo dijiste a una voz con tus hermanos, formando con ellos un solo cuerpo, una sola Iglesia, y en ese cuerpo oraba también su cabeza, Jesús el Señor, y oraban con él y contigo todos los pobres de la tierra.

“¡El Señor es mi pastor, nada me falta!” Asómate al misterio que llena de gozo tu corazón. Las palabras de tu oración no las dice el hombre que de todo dispone, el rico que nada necesita, el orgulloso que se basta a sí mismo; son palabras del que nada tiene y al que nada le falta, porque “el Señor es su pastor”. Contempla a Jesús, al pobre del que tú, Iglesia santa, eres el cuerpo, y con él, vuelve a decir las palabras del salmista: “¡El Señor es mi pastor, nada me falta!”; y sentirás sobre ti la fuerza del Espíritu de Dios, la gracia del Hijo de Dios, la justicia que todo lo serena y pacifica.

Si te digo, “contempla a Jesús”, te pido que recuerdes su vida, su evangelio, su palabra compasiva y su amor sin medida; pero te pido sobre todo que admires lo que hoy recibes, pues hoy, en la Eucaristía, el Señor te hace recostar en verdes praderas, hoy te conduce hacia fuentes tranquilas, hoy repara tus fuerzas, hoy prepara ante ti una mesa generosa para que comas el pan de la vida y bebas el vino de la salvación, hoy te unge tu Dios con su Espíritu y sientes que te acompañan, como ángeles custodios, su bondad y su misericordia.

Con Jesús, se acabó el antes y empezó el ahora de Dios para ti.

Feliz domingo, Iglesia santa. “Ven, Señor Jesús”. Ven, y que sea domingo de vida y salvación, de justicia y de paz para todos los pobres.

 

CINEFÓRUM: el genocidio armenio

«La promesa»

Estimados amigos y amigas, continuamos con el cine de verano con la película «La promesa», de Terry George. Un relato histórico que nos sitúa ante el drama del genocidio armenio, perpetrado por la república turca a principios del siglo XX. Uno de los episodios más oscuros del mundo moderno, que aún no cuenta con el reconocimiento del régimen otomano. Historias de pueblos perseguidos y de tantas minorías, que hoy en día siguen reclamando justicia en el mundo. Te esperamos

La promesa
de Terry George
(Estados Unidos, 2016)

Cine de verano

Temas: el genocidio armenio, totalitarismo, intolerancia religiosa

Sábado 21, 21’00. Biblioteca
versión en español

presentado por el taller de cinefórum Lerchundi

¡TE ESPERAMOS!

Escucha y profetiza:

Continuamos hablando de profetas y crucificados.

Sabes que Dios te ha hablado en el hijo despreciado de un carpintero, en un rey de burlas crucificado; y has aprendido a reconocer la voz de tu Señor en los despreciados y escarnecidos.

Pero también sabes que has sido llamado a decir palabras de Dios.

Eso no es privilegio sino responsabilidad, no es prebenda sino crucifixión.

Porque eres profeta, eres un desarraigado: “El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”.

Porque eres profeta, vives a la escucha de Dios: “Voy a escuchar lo que dice el Señor”.

Alguien escribió: “Las ideologías no son mutables; pueden imponerse con vigor, pueden conquistar países e idiomas, pero carecen de oído”.

Me asalta la sospecha de que los llamados a ser profetas del Altísimo nos reducimos una y otra vez al papel de ideólogos de Dios y de la religión, ideólogos carentes de oído, mera apariencia de profetas.

Escucha y profetiza: No anuncies lo que no hayas oído a tu Señor. No calles lo que él te haya revelado.

Escucha y profetiza: El que te ha llamado, el que te ha desarraigado, el que te ha enviado a recorrer los caminos de los hombres, el que te ha querido libre para él y para la misión, te ha confiado un tesoro que a todos has de ofrecer. Irás sin pan ni alforja ni dinero en la faja, rico de justicia y de paz, de salvación y de gloria, de misericordia y de fidelidad.

Escucha y profetiza, porque Dios nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Con lluvia de bendiciones nos ha bendecido el Señor, para que nuestra tierra diese una cosecha de justicia y de salvación que los pecadores nunca hubiéramos podido soñar.

Escucha y profetiza: “Dios nos eligió en la persona de Cristo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos. Por este Hijo hemos recibido la redención… El tesoro de su gracia ha sido un derroche para con nosotros”.

Si escuchas como profeta, saldrás a los caminos de los hombres llevando la palabra del Señor resucitado que te envía, el pan de su vida para repartir, irás con su autoridad para liberar, llevarás el aceite de su misericordia para curar.

“Dichosos los que viven en tu casa, Señor de los ejércitos, rey y Dios mío”, gorriones y golondrinas que han encontrado un nido al abrigo de tu presencia.

Dichosos, Señor, los hombres y mujeres que viven a la escucha de tu palabra.

Dichosos, Señor, tus profetas.

Feliz domingo.

Escuchar a los crucificados:

Que Dios exista o no, es asunto que supongo de importancia vital para Dios, aunque poco o nada interesante para los Picos de Europa, para las rosas de tu jardín, o para los insectos que se alimentan de tus rosas.

A ti y a mí la pregunta sobre Dios nos concierne cuando descubrimos que Dios habla, y que hemos nacido equipados para escuchar a Dios y responderle.

La cuestión no es saber si Dios existe, sino responderle si nos habla, pues en ello nos va la vida, también la que esperamos, pero sobre todo ésta que ahora administramos, gozamos, padecemos.

Párate a escuchar a Dios en la voz del universo; atiende al rumor del Espíritu de Dios en las palabras de la Sagrada Escritura; levanta tus ojos al que habita en los cielos.

La liturgia de este domingo va de profetas, de enviados de Dios a decir palabras de Dios.

Si la pregunta por la existencia de Dios podía ser considerada ejercicio retórico, no así la pregunta por los profetas de Dios.

Tú puedes levantar los ojos a Dios, puedes fijarlos en él esperando su misericordia, puedes gritar tu necesidad de salvación. Él responderá enviándote su palabra, sus profetas. Y, si no reconoces la palabra que él te dice, si no acoges al profeta que él te envía, ten por cierto que llamarán a tu puerta la misericordia y la salvación que has pedido, y no les abrirás.

Suele la palabra de Dios ser despreciada por humana, y el profeta por conocido; y solemos ignorar misericordia y salvación por desprecio de palabras y profetas: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero?”

Eso decían los vecinos de Jesús de Nazaret cuando escucharon su enseñanza en la sinagoga. Me pregunto qué dirían si lo hubiesen visto clavado en una cruz y moribundo, atrapado en un infierno de sufrimiento, y abandonado por Dios. Te lo puedes imaginar: “¡Vaya! Tú que destruías el santuario y lo reconstruías en tres días, baja de la cruz y sálvate… Ha salvado a otros y él no se puede salvar. ¡El Mesías, el rey de Israel! ¡Que baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos!”

Pero tú no miras así a tu Cristo crucificado. Tú aprendiste a escuchar su silencio, a leer sus llagas, a descifrar el misterio de su vida. Y viste y oíste a Dios en aquel hombre abandonado de Dios.

Desde entonces, el mundo se te ha llenado de profetas, de crucificados que te hablan en nombre de Dios.

Y sabes que has de preocuparte, no por la existencia de Dios, sino por escuchar el silencio de los crucificados, la palabra de los profetas, el grito de los pobres.

Muchos se quedarán fuera del reino de los cielos, porque la invitación a poseerlo les llegó en las manos de un desheredado ¡y la rechazaron!

Feliz domingo.

CINEFÓRUM «Relatos salvajes»

Estimados amigos y amigas, continuamos con el cine de verano con la película argentina «Relatos salvajes«, de Damián Szifron. Historias de humor negro, que ponen el acento en las situaciones límites a las que se puede enfrentar el ser humano, en el contexto de la crisis social y política que padecemos. Te esperamos

Relatos salvajes
de Damián Szifron
(Argentina, 2014)

Cine de verano

Temas: denuncia social, crisis, revolución, violencia

Jueves 5 de julio, 21’00. Biblioteca
versión en español

presentado por José Manuel Guisado, taller de cinefórum Lerchundi

¡TE ESPERAMOS!