JORNADA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Estimados amigos y amigas, con motivo de la semana de la mujer, vamos a albergar en el Centro Lerchundi una Jornada Internacional organizada por la ASEET (asociación de estudiantes extranjeros) sobre el tema «La situación de la mujer en un mundo en cambio», con especial dedicación al contexto africano. También el día de la Mujer, expondremos carteles con textos escritos por mujeres de todo el mundo e invitaremos a los asistentes a portar un lazo de solidaridad, sobre todos con las mujeres privadas de sus derechos y que viven en situación de explotación o sumisión. Os invitamos a asistir y a participar de las mismas:

JORNADA INTERNACIONAL: «La mujer en un mundo en cambio»

  • 13’00-15’00: Mesa redonda en la que intervendrán estudiantes universitarias marroquíes y subsaharianas, una trabajadora social española y una mediadora intercultural.
  • 15’00-16’00: representaciones teatrales
  • 16’00-18’00: Almuerzo de confraternización

Sábado 10 de marzo, Biblioteca y salón

organizado por la Asociación de Estudiantes Extranjeros e Tetuán (ASEET)

  • Día de la mujer
    Exposición de textos de mujeres del mundo y lazos de solidaridad
  • Jueves 8 de marzo. Biblioteca

Organizado por voluntarias del Centro Lerchundi

¡TE ESPERAMOS!

Tertulia y coloquio: Violencia de género en Marruecos:

Violencia de género en Marruecos: nueva legislación y reivindicaciones de las asociaciones de mujeres

Estimados amigos y amigas, con motivo de la semana de la mujer, nuestra tertulia organiza una sesión especial, dedicada a la violencia de género en Marruecos tras la promulgación de la nueva ley por el parlamento. Participarán miembros de la asociación Tawaza, quienes desde hace muchos años están luchando por un cambio legislativo integral, programas de educación y reformas estructurales. Os invitamos a asistir, participar y debatir sobre este importante tema, de hondo calado social, que afecta a miles de mujeres marroquíes, tanto en el hogar como en los espacios públicos.

Foro de la Mujer: «La nueva ley marroquí contra la violencia de género, y las reivindicaciones de las asociaciones de mujeres»

Intervienen:

  • Nasira Amsaddak, abogada de la Asociación TAWAZA
  • Saida el Zemouri, presidenta de la asociación TAWAZA

Modera: Jesús Bueni, coordinador de las tertulias lerchundinas

Sábado 3 de marzo, 18’30. Biblioteca

En colaboración con :
– Asociación de mujeres TAWAZA
– Comité de la Paciencia Infinita

¡TE ESPERAMOS!

RECITAL DE POESÍA DÍA DE LA MADRE TIERRA

El 22 de abril se celebra el Día de la Madre Tierra. Por este motivo la Delegación de Migraciones de la Diócesis de Tánger organiza una velada poética dedicada a ella, la Madre de toda persona humana, sin fronteras, sin exclusiones, sin mafias, sin discriminaciones. El tema a tratar será la sensibilización hacia los inmigrantes, en técnica de poema o prosa poética, escrito en un folio (letra Arial 12) dirigido a: migraciones@diocesistanger.org, antes del 28 de febrero.

La Velada Poética tendrá lugar el domingo 22 de abril, a las 17’00, en la sede de la Delegación de Cultura, calle Inglaterra nº 52, en Tánger.

Os agradecemos la mayor difusión y participación en este acto.

Un cordial saludo a todos

CINEFÓRUM «Lion»

Estimados amigos y amigas, os invitamos a una nueva sesión de cinéforum, en el que apostamos por el cine social, en su vertiente familiar. Proyectaremos «Lion», del joven director Garth Davis, que consiguió crear una obra emotiva, desde una reflexión sobria sobre la familia, las raíces y la identidad. Basada en hechos reales, destaca la magnífica interpretación de su joven protagonista, Dev Patel Te esperamos

Lion
de Garth Davis (Australia, 2016)

Cinefórum social: familia, adopción, pobreza, infancia, raíces

Viernes 23 de febrero, 19’30.
Salón de actos

versión original en inglés con subtítulos en español
presentado por Enrique Ortiz, taller de cinefórum Lerchundi

Se repartirán palomitas con refrescos

¡TE ESPERAMOS!

Está cerca un mundo nuevo

Autovía TangerMed-Ceuta; zona de Beliones: También mi compañero camerunés se quedó frío… Aquellos hermanos perdiéndose en el bosque, en la niebla, en la noche… arrancados de la vista, de nosotros…

En el bosque se perdían los “impuros”, los excluidos, los ilegales, los irregulares, los condenados a la soledad y a la intemperie… los leprosos que para los que no hay lugar en nuestro campamento…

Se han ido ateridos… empapados… envueltos en una nube de escalofríos…

Lluvia y viento… Lo que para todos es vida, para ellos es sufrimiento, enfermedad, miedo, noche…

Aquella tarde vimos ropas que ya no eran ropas, vimos a niños que ya no eran niños –habían vivido vidas enteras antes de llegar a este horror-, vimos sueños empapelados de tristeza, miedos somatizados que parasitan la mente y te roban la vida.

Al volver, rezamos… Los dos lo necesitábamos…

Pateras: Días antes, mientras el grupo de emigrantes intentaba hacerse con un lugar en la patera, en el agobio del momento, una niña cayó de los brazos de su padre… cayó y -¿se ahogó?- murió… y han arrestado al padre…

Al otro lado de la frontera: ¿Qué pasa al otro lado de la frontera? Si tomas nota de lo que es noticia, ves que, desde hace una eternidad y sin días para una tregua, se habla de robo, corrupción, violencia, insolidaridad, frivolidad…

La política ha degenerado en arte de alcanzar el poder, servirse de él en beneficio propio, y adquirir la capacidad de seducir lo suficiente para eternizarse en él.

En ese mundo surrealista resulta imprescindible el circo, la evasión, el diversivo para que, ocupados en interpretar el humor de las estrellas, olvidemos a los hambrientos de la tierra.

Abolida la esclavitud obligada, nos hemos hecho esclavos voluntarios. Alimentados y distraídos en jaula dorada, nos limitamos a reclamar más alpiste pero hemos olvidado el sabor de la libertad.

Pascua: Los de la autovía, los de las pateras, los de la jaula dorada, todos necesitamos salir de la prisión, de la opresión, de la esclavitud; para todos es tiempo de éxodo, para todos es posible un mundo nuevo, todos somos llamados a hacernos humanidad nueva; se ha hecho posible para todos la vida, la libertad, la Pascua… Dios a todos nos ha hecho capaces de Dios.

En Cristo Jesús, se nos ha revelado y se ha hecho posible para el hombre el mundo de Dios… el mundo del amor que es Dios.

En Cristo Jesús se nos ha mostrado el camino que lleva a Dios. Síguelo, imítalo, haz tuyos sus sentimientos, comúlgalo. Si él vive en ti, si partes con el hambriento el pan de tu vida, “brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía”… “serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña”.

“Está cerca el reino de Dios”, está cerca el Salvador, está cerca nuestra liberación, está cerca un mundo nuevo. Sólo nos falta convertirnos y creer.

Sólo me queda el amor:

Había oído muchas veces esa narración evangélica. La había meditado. Siempre consideré asombroso que, lo mismo el enfermo de lepra que Jesús, ignorasen, como si no existiesen, las normas que defendían de la lepra a la comunidad.

Oír, meditar, asombrarse de lo que se ha oído, fueron durante mucho tiempo los verbos de mi vida de fe.

Hasta que un día…

Era un día cualquiera, en una eucaristía que en nada se diferenciaba de las que hasta entonces había celebrado. Todo era como siempre, incluido aquel evangelio que tantas veces había escuchado: “Si quieres, puedes limpiarme”… “Quiero: queda limpio”.

Sólo que, mientras proclamaba el relato acostumbrado, supe con certeza que se estaba hablando de Jesús y de mí. En un instante, todo yo, mi vida entera, arrodillada a los pies de Jesús, la vi alcanzada por la ternura del que, extendida la mano, me tocó contagiándose de mi impureza y contagiándome de su santidad.

¡El leproso del relato evangélico era yo!

Cuando te pedí que me curases, no podía sospechar, Señor, que serías tú quien se había de quedar con mi enfermedad, con mis harapos, con mi soledad, con mi impureza.

Ahora lo sé, y el corazón me pide decirte: Señor, devuélveme esa lepra que tu amor se ha llevado; devuélveme impureza, soledad y andrajos, pues no es justo que tú te quedes con una maldición que es sólo mía; no puedo permitirte esa locura; “no me lavarás los pies jamás”.

Pero tú, arrodillado a mis pies como si fueses mi esclavo, con seriedad que no puedo ignorar, me dijiste: “Si no te lavo”, si no me das tu enfermedad, “no tienes parte conmigo”.

Entonces supe que sólo cabía amarte para no morir de pena por haber echado sobre tus hombros el peso de mi vida.

Sólo nos queda el amor para decir de nosotros a quien tanto nos amó, y tú lo sabes, Iglesia de leprosos limpios, Iglesia de Cristo, el esposo que se entregó a sí mismo por ti, para consagrarte, purificándote con el baño del agua y la palabra.

El amor que te purifica, el amor que es Cristo Jesús, no se arrodilló una vez a tus pies para luego apartarse: Se arrodilló una vez y arrodillado sigue para siempre, como se entregó una vez para siempre, como es para siempre el amor que es Dios.

Hoy, en la eucaristía, volverás a decírselo: “Si quieres, puedes limpiarme”… Y volverás a sentir sobre tu vida su compasión, a oír la voz de su poder creador: “Quiero: queda limpio”.

Y te acercarás a él, lo recibirás y, a la luz de la fe, verás que su mano se extiende sobre ti dejándote gloriosa, Iglesia sin mancha ni arruga, santa e inmaculada.

El corazón lo intuye: nuestra única riqueza es el amor que Dios nos tiene.

¡Sólo nos queda el amor!

Con Cristo en el camino de los pobres:

“Al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se me hace eterna la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba”.

Es la confesión del enfermo que se ha quedado a solas con su fragilidad.

Es la confesión del emigrante que se ha quedado a solas con la incertidumbre de su futuro, con la precariedad de su presente, con la memoria de la vida que ha dejado atrás.

Es la confesión de los excluidos de una existencia digna, de los que ya no cuentan, de los que nunca han contado, de los derrotados.

Es la confesión de Job, la confesión del hombre que, en la propia carne, herida con llagas malignas, ha experimentado los límites estrechos de la condición humana: “Corren mis días más que la lanzadera, se van consumiendo faltos de esperanza”.

Es la confesión de los crucificados, del Crucificado, traspasado todavía hoy en el cuerpo de los pobres.

Y ésta es la oración de alabanza que, desde la vida de los pobres, desde el corazón y los labios de la Iglesia, sube agradecida hasta el corazón de Dios: “Alabad al Señor, que sana los corazones quebrantados”.

Los pobres, los crucificados, son ellos los que van diciendo: “Alabad al Señor, que la música es buena”.

Los entregados con Cristo a la muerte, las víctimas de la iniquidad humana, de la corrupción política, de la indiferencia socializada, son ellos los que confiesan: “Nuestro Dios es grande y poderoso”.

He dicho: “son ellos”. Tendría que decir: Eres tú, Iglesia cuerpo de Cristo; eres tú, comunidad pobre, comunidad de pobres, de oprimidos, de cautivos, de crucificados, eres tú la que va recordando y proclamando: el Señor nuestro Dios, el que “cuenta el número de las estrellas”, el que “a cada una la llama por su nombre”, el amor que mueve el universo, él es mi Señor, él es mi Padre, él es quien se ocupa de mí, “él sostiene a los humildes”, a él confío mi vida, en él pongo mi esperanza.

Viene a la memoria la consumación de la vida de Jesús, la que está llamada a ser la consumación de la vida para todos los que creemos en él: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”.

En Cristo y en los que son de Cristo, el poder de Dios reconstruye lo que el mal ha derruido, el Espíritu de Dios reúne a los que la ambición ha dispersado, la misericordia de Dios sana los corazones destrozados, venda sus heridas.

Hoy, el evangelio nos recuerda cómo, en Jesús de Nazaret, la Palabra de Dios que ha creado el universo recorre los caminos de Galilea, cómo predica en las sinagogas, cómo expulsa demonios.

Y tú, Iglesia cuerpo de Cristo, que comulgas con esa Palabra sanadora, que la recibes, que eres recibida por ella, tú sales con Cristo a los caminos de la humanidad, él sale contigo, los dos formando un solo cuerpo, para anunciar a los pobres el evangelio de la salvación.

Que del cuerpo, sin ofender la verdad, se pueda decir lo que se dice de la cabeza, porque tú, Iglesia de Cristo, te haces cargo de las dolencias de la humanidad, tú echas sobre tus hombros el peso de la vida de los pobres, tú eres agua para los sedientos, tú eres consuelo para los que lloran, tú eres saciedad para los hambrientos de justicia, tú eres un sacramento de misericordia para todos.

Aquel día también se dirá de ti lo que Pedro y sus compañeros decían a Jesús: “todo el mundo te busca”.

Y entonces, tú como Jesús, saldrás, en busca de los que no te buscan pero te necesitan.

Feliz domingo, Iglesia hospital de campaña.

UNIDAD DE LOS CRISTIANOS EN TÁNGER

“Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente de poder” (Ex 15, 16) es el lema para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2018 en Tánger que se celebró del 18 al 25 de enero.  La Semana de Oración ha sido ocasión propicia para que conozcamos mejor el diálogo de la Iglesia católica con las Iglesias y Comunidades eclesiales sobre la doctrina de la fe, llevado adelante con gran esfuerzo y dedicación. En Tánger se reunieron las Iglesias Católica y Protestante.

“Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente de poder” (Ex 15, 16)
18 al 25 de enero de 2018

No digas palabras que no sean Cristo:

Nadie se escandalice si digo que, en principio, no tendríamos por qué preguntar acerca de la existencia de Dios.

Que se afirme o se niegue esa existencia, en principio, podría dejarme tan indiferente como indiferentes quedan ante ese nombre el asfalto de las calles, las plantas del jardín o el gallo que alerta cada noche a todo el vecindario, aunque de todo eso Dios sea el creador.

Entonces, ¿qué es lo que me empuja a decir Dios? ¿Por qué vivo pendiente de él? ¿Por qué Dios ha ocupado, como si fuese una pasión amorosa, todos los rincones de mi vida?

No es porque existe: ¡Es porque nos habla!

Con lo cual, en el corazón de nuestra fe, en el corazón de nuestra vida, se sitúa, no la idea de Dios, sino la voz de Dios, la palabra de Dios, el Dios de la palabra, el Dios que nos habla: “Ojalá escuchéis hoy su voz: No endurezcáis vuestro corazón… Porque él es nuestro Dios, y nosotros somos su pueblo”.

Grabadlo, queridos, en el frontispicio de cada una de vuestras iglesias: «Ésta es la casa de la palabra de Dios».

Grabadlo en el corazón de cada comunidad eclesial: «Somos el pueblo de la palabra de Dios».

Grabadlo en la memoria de vuestra fe: «Somos hechura de la palabra de Dios».

De Dios hemos nacido escuchando, en Dios crecemos escuchando, y, desde la fe, un día, porque hemos escuchado, nuestras vidas se abrirán en el cielo a la dicha de una eternidad de amor.

La creación habla de Dios, o si preferís decirlo de otra manera, Dios nos habla en su creación: “Ojalá escuchéis hoy su voz”.

La historia de la salvación habla de Dios que se ocupa de su pueblo: “No endurezcáis el corazón”.

El profeta lleva en su boca palabras de Dios para ti: No las ignores, no las desprecies.

Para todos los necesitados de salvación, la Palabra de Dios se hizo carne y acampó entre nosotros, vino a los suyos, vino a enseñar, a curar, a perdonar, a salvar, y, con su venida, “a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”; con Jesús de Nazaret, “el pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande”.

De esa luz, de esa palabra, de ese don, de su Hijo, el Padre que nos lo ha enviado, nos pedirá cuentas.

No lo olvides, Iglesia convocada a la Eucaristía: somos un pueblo que escucha la palabra de Dios, una comunidad que escucha al Hijo de Dios, –lo escuchamos sobre todo en el misterio de la Eucaristía y en el cuerpo de los pobres, tanto que, con verdad, se nos podría llamar “pueblo de la Eucaristía y de los pobres-.

No olvides tampoco que de esa palabra, de ese Hijo –si creemos en él, si comulgamos con él, si cuidamos de él-, habremos de rendir cuentas.

Y aún he de recordar otro gran misterio: En tu boca, Iglesia de Cristo, el Señor ha puesto sus palabras; en tu boca el Señor ha puesto su Palabra; en ti ha derramado su Espíritu; el Señor quiso que fueses realmente cuerpo de su Palabra, cuerpo de su Hijo.

Considera tu dignidad, considera la grandeza de las obras que el amor de Dios ha realizado en ti. Y considera tu responsabilidad: No digas palabras que no sean de Dios. No digas palabras que no sean Cristo.