Cuestión de confianza:

Propio V“¡Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos!” Ésa es la bienaventuranza que, orando, has pronunciado delante del Señor. Y le hacen eco las palabras de esta otra: “Dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón”.  Tu corazón, que es como decir todo tu ser, da testimonio de que no es el miedo sino la fe, la esperanza y el amor quienes te han llevado a buscar al Señor, a guardar sus preceptos, a vivir en su santo temor. ¡Temes santamente porque confías plenamente! Y esa confianza plena es la puerta por donde se te entra la bienaventuranza.

A su vez, la parábola de los talentos, que has oído proclamada en el evangelio de este día, muestra hasta dónde llega la confianza que un señor deposita en sus siervos, confianza bien cercana a la amistad, pues, “al irse aquel hombre de viaje, los dejó al cargo de sus bienes”. Y ésta es la bienaventuranza que has intuido pronunciada sobre los siervos que, en lo poco, han correspondido a la confianza que en ellos había sido depositada: “¡Entra en el gozo de tu señor”.

Tú sabes que la parábola habla de Dios y de ti: de su manifiesta confianza en ti y de tu esperada fidelidad a él, de su generosidad y de tu responsabilidad; habla de la verdad más honda de vuestra relación, pues aun estando él lejos y tú muy ocupado en negociar con sus talentos, él es, por su confianza y por tu fidelidad, una presencia misteriosa y real en todos los momentos de tu vida.

Lo has oído también: “Al cabo de mucho tiempo, viene el señor de aquellos siervos, y se pone a ajustar las cuentas ellos”. La eucaristía de hoy anticipa en la realidad del sacramento nuestro encuentro de mañana con el Señor que viene.

Para ti, Iglesia de Cristo, que temes al Señor, que confías en él, que lo amas, que escuchas su palabra, que lo buscas con todo el corazón, que cuidas de él en sus pobres, para ti son las palabras de la bienaventuranza evangélica. Resonarán con fuerza en tu corazón cuando te acerques a comulgar: “¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”. Entra, y quédate allí para siempre.

Feliz domingo. Entra con tu Señor en su descanso.

Encuentro Vida Consagrada

vconsagradAyer, día 8 de Noviembre, tuvimos nuestro primer encuentro-retiro   Diocesano de Vida Consagrada, en Tánger. Con la novedad de estar abierto también a los seglares que están comprometidos con nuestra Iglesia.

Nos acogieron las hermanas Adoratrices. Nos juntamos unos 40 participantes. Llegados de los cuatro extremos de la Diócesis.  Acompañados de nuestro Obispo Santiago, quien nos ofreció una hermosa reflexión; -Desde qué experiencia de Dios “sale” a la misión la vida consagrada-.

Tuvimos tiempo para la oración personal, tomarnos un breve descanso para un café.  Reflexionamos y compartimos por  grupos la charla, desde nuestra experiencia de Misioneros en Marruecos.

Compartimos el almuerzo con la aportación de cada comunidad, acompañado de  un rico “Tajin” de cordero.

Por la tarde, puesta en común  lo reflexionado por los grupos, algunas noticias; y como broche final, la Eucaristía.

Gozoso y fructífero encuentro.

Mª Rosa Clotet

Delegada Diocesana de la Vida Consagrada

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Sínodo Extraordinario 2014

sínodo

Sínodo Extraordinario sobre la Familia 2014

Los Padres Sinodales, reunidos en Roma junto al Papa Francisco en la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, nos dirigimos a todas las familias de los distintos continentes y en particular a aquellas que siguen a Cristo, que es camino, verdad y vida. Manifestamos nuestra admiración y gratitud por el testimonio cotidiano que ofrecen a la Iglesia y al mundo con su fidelidad, su fe, su esperanza y su amor.

Nosotros, pastores de la Iglesia, también nacimos y crecimos en familias con las más diversas historias y desafíos. Como sacerdotes y obispos nos encontramos y vivimos junto a familias que, con sus palabras y sus acciones, nos mostraron una larga serie de esplendores y también de dificultades.

La misma preparación de esta asamblea sinodal, a partir de las respuestas al cuestionario enviado a las Iglesias de todo el mundo, nos permitió escuchar la voz de tantas experiencias familiares. Después, nuestro diálogo durante los días del Sínodo nos ha enriquecido recíprocamente, ayudándonos a contemplar toda la realidad viva y compleja de las familias.

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Queremos presentarles las palabras de Cristo: «Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3, 20). Como lo hacía durante sus recorridos por los caminos de la Tierra Santa, entrando en las casas de los pueblos, Jesús sigue pasando hoy por las calles de nuestras ciudades. En sus casas se viven a menudo luces y sombras, desafíos emocionantes y a veces también pruebas dramáticas. La oscuridad se vuelve más densa, hasta convertirse en tinieblas, cundo se insinúan el mal y el pecado en el corazón mismo de la familia.

Ante todo, está el desafío de la fidelidad en el amor conyugal. La vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el stress de una ansiedad que descuida la reflexión serena. Se asiste así a no pocas crisis matrimoniales, que se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana.

Entre tantos desafíos queremos evocar el cansancio de la propia existencia. Pensamos en el sufrimiento de un hijo con capacidades especiales, en una enfermedad grave, en el deterioro neurológico de la vejez, en la muerte de un ser querido. Es admirable la fidelidad generosa de tantas familias que viven estas pruebas con fortaleza, fe y amor, considerándolas no como algo que se les impone, sino como un don que reciben y entregan, descubriendo a Cristo sufriente en esos cuerpos frágiles.

Pensamos en las dificultades económicas causadas por sistemas perversos, originados «en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano» (Evangelii gaudium, 55), que humilla la dignidad de las personas. Pensamos en el padre o en la madre sin trabajo, impotentes frente a las necesidades aun primarias de su familia, o en los jóvenes que transcurren días vacíos, sin esperanza, y así pueden ser presa de la droga o de la criminalidad.

Pensamos también en la multitud de familias pobres, en las que se aferran a una barca para poder sobrevivir, en las familias prófugas que migran sin esperanza por los desiertos, en las que son perseguidas simplemente por su fe o por sus valores espirituales y humanos, en las que son golpeadas por la brutalidad de las guerras y de distintas opresiones. Pensamos también en las mujeres que sufren violencia, y son sometidas al aprovechamiento, en la trata de personas, en los niños y jóvenes víctimas de abusos también de parte de aquellos que debían cuidarlos y hacerlos crecer en la confianza, y en los miembros de tantas familias humilladas y en dificultad. Mientras tanto, «la cultura del bienestar nos anestesia y […] todas estas vidas truncadas por la falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera» (Evangelii gaudium, 54). Reclamamos a los gobiernos y a las organizaciones internacionales que promuevan los derechos de la familia para el bien común.

Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie. Agradecemos a los pastores, a los fieles y a las comunidades dispuestos a acompañar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias.

***

También está la luz que resplandece al atardecer detrás de las ventanas en los hogares de las ciudades, en las modestas casas de las periferias o en los pueblos, y aún en viviendas muy precarias. Brilla y calienta cuerpos y almas. Esta luz, en el compromiso nupcial de los cónyuges, se enciende con el encuentro: es un don, una gracia que se expresa –como dice el Génesis (2, 18)– cuando los dos rostros están frente a frente, en una “ayuda adecuada”, es decir semejante y recíproca. El amor del hombre y de la mujer nos enseña que cada uno necesita al otro para llegar a ser él mismo, aunque se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don. Es lo que expresa de manera sugerente la mujer del Cantar de los Cantares: «Mi amado es mío y yo suya… Yo soy para mi amado y mi amado es para mí» (Cant 2, 16; 6, 3).

El itinerario, para que este encuentro sea auténtico, comienza en el noviazgo, tiempo de la espera y de la preparación. Se realiza en plenitud en el sacramento del matrimonio, donde Dios pone su sello, su presencia y su gracia. Este camino conoce también la sexualidad, la ternura y la belleza, que perduran aun más allá del vigor y de la frescura juvenil. El amor tiende por su propia naturaleza a ser para siempre, hasta dar la vida por la persona amada (cf. Jn 15, 13). Bajo esta luz, el amor conyugal, único e indisoluble, persiste a pesar de las múltiples dificultades del límite humano, y es uno de los milagros más bellos, aunque también es el más común.

Este amor se difunde naturalmente a través de la fecundidad y la generatividad, que no es sólo la procreación, sino también el don de la vida divina en el bautismo, la educación y la catequesis de los hijos. Es también capacidad de ofrecer vida, afecto, valores, una experiencia posible también para quienes no pueden tener hijos. Las familias que viven esta aventura luminosa se convierten en un testimonio para todos, en particular para los jóvenes.

Durante este camino, que a veces es un sendero de montaña, con cansancios y caídas, siempre está la presencia y la compañía de Dios. La familia lo experimenta en el afecto y en el diálogo entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas. Además lo vive cuando se reúne para escuchar la Palabra de Dios y para orar juntos, en un pequeño oasis del espíritu que se puede crear por un momento cada día. También está el empeño cotidiano de la educación en la fe y en la vida buena y bella del Evangelio, en la santidad. Esta misión es frecuentemente compartida y ejercitada por los abuelos y las abuelas con gran afecto y dedicación. Así la familia se presenta como una auténtica Iglesia doméstica, que se amplía a esa familia de familias que es la comunidad eclesial. Por otra parte, los cónyuges cristianos son llamados a convertirse en maestros de la fe y del amor para los matrimonios jóvenes.

Hay otra expresión de la comunión fraterna, y es la de la caridad, la entrega, la cercanía a los últimos, a los marginados, a los pobres, a las personas solas, enfermas, extrajeras, a las familias en crisis, conscientes de las palabras del Señor: «hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20, 35). Es una entrega de bienes, de compañía, de amor y de misericordia, y también un testimonio de verdad, de luz, de sentido de la vida.

La cima que recoge y unifica todos los hilos de la comunión con Dios y con el prójimo es la Eucaristía dominical, cuando con toda la Iglesia la familia se sienta a la mesa con el Señor. Él se entrega a todos nosotros, peregrinos en la historia hacia la meta del encuentro último, cuando Cristo «que lo es todo, y en todos» (Col 3, 11). Por eso, en la primera etapa de nuestro camino sinodal, hemos reflexionado sobre el acompañamiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados en nueva unión.

Nosotros, los Padres Sinodales, pedimos que caminen con nosotros hacia el próximo Sínodo. Entre ustedes late la presencia de la familia de Jesús, María y José en su modesta casa. También nosotros, uniéndonos a la familia de Nazaret, elevamos al Padre de todos nuestra invocación por las familias de la tierra:

Padre, regala a todas las familias la presencia de esposos fuertes y sabios, que sean manantial de una familia libre y unida.

Padre, da a los padres una casa para vivir en paz con su familia.

Padre, concede a los hijos que sean signos de confianza y de esperanza y a jóvenes el coraje del compromiso estable y fiel.

Padre, ayuda a todos a poder ganar el pan con sus propias manos, a gustar la serenidad del espíritu y a mantener viva la llama de la fe también en tiempos de oscuridad.

Padre, danos la alegría de ver florecer una Iglesia cada vez más fiel y creíble, una ciudad justa y humana, un mundo que ame la verdad, la justicia y la misericordia.

El Vaticano, Roma
18 de octubre de 2014

Si amas a Cristo, lo verás:

amoracristoEl esposo tarda, y no se disculpa; las doncellas consideradas sensatas todo parecen menos generosas y solidarias; y las poco previsoras, las necias, cuya situación apurada el lector o el oyente entienden y comprenden sin dificultad, son las únicas sobre las que recae un juicio terrible que las deja fuera de la fiesta y además señaladas para siempre como ejemplo de lo que todos hemos de evitar.

Si queremos entrar en el secreto de la parábola, habremos de hacerlo a la luz del evangelio en su conjunto, y de la mano de la Iglesia, madre previsora y maestra premurosa de todos en la escuela de la celebración litúrgica.

El esposo del que se habla es un esposo cualquiera, y lo es también el banquete al que se entra. De la llegada de aquél y de la entrada en éste se desconoce la hora.  Ese detalle, la hora desconocida, hace que banquete y esposo representen la irrupción del misterio de Dios en la vida de su pueblo, la llegada del Reino de Dios, la llegada del ungido por el Espíritu para evangelizar a los pobres. La llegada del esposo en medio de la noche, las lámparas que la iluminan, la entrada con el novio en el banquete, recuerdan la noche de Pascua, y evocan una Pascua nueva, con un nuevo Éxodo, hacia una nueva Tierra de promisión: “Llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete”.

Ahora intuyes lo que significa que a ese encuentro llegues tarde y de esa dicha te quedes fuera.

A la luz del evangelio, « sensato» es el que escucha las palabras de Jesús y las pone en práctica; «necio» es el que escucha lo que Jesús dice, y no practica lo que ha escuchado.

El de la escucha y la obediencia a la Palabra, ése es el camino que lleva a la Pascua, a la Tierra, al Reino, a Cristo. Y por ese camino avanzan sólo los que tienen hambre y sed de Pascua, de Tierra, de Reino, de Cristo, de Dios.

Deja que te lleve de la mano la madre Iglesia. Ora con ella: “Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío”. Haz tuyas las palabras del Salmista: “Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua”.

Si amas a Cristo, lo verás en el misterio de su palabra, en su cuerpo eucarístico, en su cuerpo eclesial; si lo buscas, lo encontrarás, maestro que te enseña, pan que te alimenta, pobre a la puerta de tu casa; si lo amas y lo buscas, entrarás con él al banquete de bodas del Reino de los cielos; si lo amas y lo buscas, siempre habrá estado contigo en tu deseo, en tu búsqueda, en tu amor.

Feliz domingo.

Un canto de esperanza:

Adviento-2“¡Desfallezco de ansias en mi pecho!”

Pudieras pensar que ésas son palabras del esposo, del mismo que dice: “¡Toda eres bella, amada mía, no hay defecto en ti! ¡Ven del Líbano, esposa, ven del Líbano, acércate!… Me has robado el corazón”.

Pudieran ser por la misma razón palabras de la esposa: “Yo soy de mi amado, y él me busca con pasión. Ven, amado mío, salgamos al campo, pernoctemos entre los cipreses; amanezcamos entre las viñas… allí te daré mis amores”.

Pero son palabras de Job, palabras que ahondan sus raíces en la tierra atroz del sufrimiento humano, son palabras del hombre que, sentado en el polvo, experimenta que “Dios le ha hecho daño y que lo ha copado en sus redes, le ha vallado el camino para que no pase, le ha velado la senda con densa oscuridad”.

“¡Desfallezco de ansias en mi pecho!”: Son palabras de un hombre que implora piedad de sus amigos, porque “lo ha herido la mano de Dios”.

Pero su canto de esperanza no es para los amigos por su piedad, sino para Dios por su inquebrantable fidelidad: “Yo sé que mi redentor vive”, y desfallezco de ansias por encontrarme con él.

Ése es el canto que resuena silencioso en los caminos de los emigrantes, en la no patria de los desterrados, en el corazón de los que habitan en tierra y sombras de muerte. Ése es el canto misterioso de los pobres, de los amados de Dios. Ése es el canto de los que mueren en la fe, ése es tu canto, Iglesia esposa de Cristo: un canto de esperanza, que ahonda sus raíces en el amor eterno de tu Redentor.

Consejo Pastoral Oct 2014

Orden del día del Consejo Pastoral Diocesano

del 25 de octubre de 2014

Orden del día

  1. Aprobación del Acta del Consejo del 22 de marzo de 2014.
  2. Informaciones sobre la Diócesis.
  3. Cáritas diocesana Tánger: sugerencias para completar el equipo directivo.
  4. Cáritas Marruecos: sugerencias para el proceso de constitución.
    1. Estructura sencilla y ágil.
    2. Candidatos  a las diversas funciones.
    3. Informaciones  de las Delegaciones diocesanas.
    4. Propuesta y aprobación del calendario anual.

Sobre las 14:00h  la comida.

Un saludo cordial,

María-Rosa

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Recordar para amar:

ORAR Y AGRADECERAsí quedó escrito en el código de la alianza: “No maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto”.

A los hijos de Israel se les pide recordar lo que fueron –emigrantes maltratados y oprimidos-, para discernir lo que han de ser: no ciertamente imitadores del Faraón que los oprimió sino del Señor que los liberó.

Recuerda –se le dice- que fuiste oprimido y que yo me fijé en la opresión que padecías; recuerda tus quejas contra los opresores, y que yo las oí; recuerda tus sufrimientos, y que yo no los ignoré; recuerda que te saqué de aquella tierra de esclavitud para llevarte a una tierra que mana leche y miel.

Recuerda, Iglesia cuerpo de Cristo, la gracia que en Cristo se te ha revelado, pues  “por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, por la fe en la fuerza de Dios que lo resucitó de los muertos”.

Recuerda que también tú estabas destinada a la ira, “pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo, nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él”.

Recuerda la libertad –libertad de hijos- que Dios te ha dado en Cristo Jesús.

Si el Señor te dice que “recuerdes”, tú entiendes que se te pide que “hagas memoria” de sus misericordias, que “escuches” su palabra, que “revivas” sus maravillas, que, recibiendo a Cristo, “comulgues” la gracia, la misericordia, el amor, la resurrección y la libertad que por Cristo se nos han dado.

Recordar, escuchar, comulgar, es una forma de amar y es una fuente de amor.

Recuerda, escucha, comulga, para que ames a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.

Recuerda, escucha, comulga, para amar a tu prójimo como a ti mismo, para hacerte prójimo de quienes te tienen sólo a ti para vivir.

Feliz domingo.

Con Cristo, en la frontera:

manosA los fieles laicos, a las personas consagradas y a los presbíteros de la Iglesia de Tánger: Paz y Bien

A esta Iglesia la hizo de frontera la historia, y lo natural hubiera sido que, en nuestra vida de creyentes, esa frontera significase sólo un límite o confín reconocido entre dos Estados soberanos.

Pero injusticia, violencia y explotación han llenado de empobrecidos los caminos del mundo, y, para ellos, muchas fronteras se han transformado en límite impuesto por los poderosos a derechos que son de todos, y en desprecio de derechos particulares que tienen por serlo los pobres.

El egoísmo, la arrogancia, la crueldad, han transformado nuestras fronteras en vallas con cuchillas, en barreras que se pretende infranqueables para los empobrecidos de la tierra, en escenario para una trama de privaciones, enfermedades, heridas y mutilaciones, en cementerio de vidas jóvenes y de esperanzas legítimas.

A los creyentes, esa perversión deshumanizada de la frontera nos obliga a situarnos en ella para estar al lado de sus víctimas. Y la gracia de Dios, la fuerza de su Espíritu, nos unge para que ahí asumamos, como testigos de una humanidad nueva, nuestras responsabilidades con los pobres y con el evangelio que para ellos se nos ha confiado.

La perversión de estas fronteras no es episódica, como no lo son la injusticia, la violencia, la explotación y la prepotencia que las han transformado en espacios de muerte. Nuestras fronteras son cementerios que nunca se cierran; sólo ignoramos cuál será –y cuántos serán- el próximo nombre o el próximo número que se ha de escribir en su lista de muertos.

Dentro de esa estructura de muerte que muchos quisieran opaca porque la quieren impune, se producen a veces brechas informativas, o porque los muertos no se pueden ocultar, o porque algunas imágenes escapan al control del poder establecido.

El pasado día 15, fiesta de Santa Teresa de Jesús, se produjo en la frontera de Melilla una de esas brechas por las que se asomó a nuestra conciencia un episodio en la vida de un hombre, sólo unos minutos de su tiempo: agentes de la guardia civil agreden en territorio español a un emigrante que está bajando de la valla, a golpes lo dejan inconsciente, y en ese estado, sin tomar ningún tipo de precaución sanitaria, lo mueven y por una paso abierto en la valla lo devuelven a territorio marroquí.

La evidencia del daño injustamente causado, de la violencia gratuita ejercida, del trato humillante dispensado, exige que exprese, como obispo, la solidaridad de esta Iglesia con ese hombre –con todos los emigrantes- y nuestra comunión con él, y hace urgente que esta Iglesia reconozca públicamente a esos emigrantes –bautizados o no- como hijos suyos, y que a toda persona de buena voluntad, también a las autoridades de los pueblos y a las fuerzas del orden, pida para ellos en justicia lo que se les debe, y por solidaridad lo que necesitan.

Palabra de Dios y frontera:

La perversión de la frontera irrumpe con fuerza en nuestra eucaristía dominical. La violencia de la realidad hace que la palabra de Dios proclamada en la liturgia, resuene casi como un sarcasmo en los oídos de los oprimidos y como una blasfemia en los oídos de Dios: “Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios”… “Aclamad la gloria y el poder del Señor… porque es grande el Señor”.

Si no la oímos en comunión con los pobres, la de Dios será una palabra pronunciada sólo para halagar el oído de los grandes y no para enjugar las lágrimas de los pequeños.

Y tú, Iglesia cuerpo de Cristo, Iglesia de pobres que se arriesgan por un sueño en las vallas de una frontera, tú buscas con todos una luz para que la palabra del Señor resuene verdadera y consoladora en el corazón de cada uno de tus hijos.

Si te pones del lado del que oprime, la palabra de Dios suena sólo a sarcasmo y blasfemia.

Si te pones del lado de los oprimidos, si cierras filas en torno a ellos, si caminas indefensa con ellos hacia su futuro, si te haces pacífica con ellos, entonces con ellos y con Cristo reconocerás verdaderas las palabras de la profecía, y en tu camino resonará poderoso y consolador el salmo de tu oración: “Es grande el Señor y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues los dioses de los gentiles –los dioses del poder, los dioses de la injusticia y de la violencia- son apariencia”.

Tú no avanzas con violencia hacia los violentos; los vences con las armas de tu fe, de tu esperanza y de tu amor; los haces enmudecer con la fuerza de tu canto.

Si te mantienes al lado de los pobres, estarás siempre al lado de Cristo Jesús, Cordero degollado y vencedor.

Indiferencia y frontera:

En ese fragmento de realidad de la frontera que hemos podido conocer, hay un aspecto que considero necesario señalar por significativo e inquietante.

Un hombre bajaba por la valla de la frontera, y cayó en manos de unos vigilantes, que lo molieron a palos hasta dejarlo medio muerto.

Ellos, los vigilantes de la frontera, fueron los primeros en verlo desvanecido, pero no lo atendieron, simplemente se desentendieron de él y lo echaron al otro lado de la frontera.

Mientras se lo llevaban, a su lado pasó un vehículo médico, que no se detuvo; lo mismo hizo una ambulancia,  que tampoco se detuvo; y de largo pasaron también unos ciudadanos que hacían su caminata de siempre contra el colesterol y los kilos.

Es como si en ese jirón de realidad fronteriza, la parábola del buen samaritano se hubiese quedado sin el personaje principal, sin el samaritano compasivo.

Esa ausencia es sobrecogedora. Se nos ha permitido ver una parábola de la indiferencia globalizada. ¿Será una parábola de la realidad en que vivimos?

Iglesia y frontera:

Como Iglesia:

  • Unimos nuestra voz a la de instituciones y personas que han pedido que se esclarezcan los hechos acaecidos el pasado día 15 de octubre, se depuren responsabilidades, y se ponga fin a la violación de derechos fundamentales de las personas, violación continuada que ha sido hasta ahora ignorada, si no tolerada, por los poderes públicos.
  • Pedimos que se autorice la presencia de observadores independientes que puedan informar sobre el respeto o la violación de los derechos que asisten a las personas en las fronteras.
  • Lamentamos que las autoridades de los Estados presten más atención a la impermeabilidad de las fronteras que al bien de las personas.
  • Lamentamos que a un hijo de esta Iglesia, que se hallaba en situación de manifiesta necesidad, se le haya tratado en la frontera de Melilla como nadie en su sano juicio hubiese tratado en ningún lugar a un animal herido.
  • Y denunciamos una información que, por engañosa, interesada y continuada, ha hecho posible, se diría que incluso normal, esa escena de violencia gratuita y de indiferencia colectiva que hemos visto representada para vergüenza y asombro de todos en la frontera de Melilla.

Iglesia sin fronteras:

Para nuestra confusión, a los cristianos demasiadas veces se nos encuentra cerca del poder y lejos de los pobres. Ni siquiera nos damos cuenta de que, por ese camino, nos excluimos de Jesús, nos quedamos lejos de su evangelio.

En Jesús de Nazaret, Dios se nos ha revelado sin fronteras. Sólo sueña que la casa se le llene de hijos.

A ti, Iglesia cuerpo de Cristo, te hizo de los pobres el mismo amor que te hizo de Jesús: Iglesia sin fronteras, Iglesia madre de todos, Iglesia que a todos se ofrece espaciosa y abierta como el corazón de Dios.

Tánger, 19 de octubre de 2014.

+ Fr. Santiago Agrelo

Arzobispo de Tánger

Amor y miedo:

prayerEl escriba preguntó: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?” Y Jesús le respondió: “El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser»”.

Si entras en el misterio de la divina unidad, te habrás asomado al misterio de la divina plenitud, y allí se llenan de luz las palabras de aquel mandato primero que reclama la plenitud de tu amor: amarás… con todo el corazón, con toda el alma

Hoy, en la asamblea eucarística, la palabra de Dios proclama y la fe confiesa la unidad divina “Yo soy el Señor y no hay otro”. Y la palabra escuchada se nos vuelve exigencia de que, en la relación con Dios, vivamos la plenitud del amor.

Un amor así es necesariamente perturbador, inquietante, peligroso; un amor así es vida que da muerte, es muerte que da vida.

Quienes niegan a Dios, como quienes viven ignorándolo, no rechazan la verdad de un enunciado doctrinal sino que huyen de un amor intuido como amenaza por su evidente pretensión de totalidad. Aunque no lo confesemos, el amor nos da miedo, ¡a todos!

Denominador común de ateísmo, agnosticismo, relativismo, indiferentismo, ritualismo, fundamentalismo, moralismo, fariseísmo, magia, es el miedo al amor.

Lo inaceptable de Dios no es que exista, sino que sea Uno, pues esa unicidad lleva aparejada la plenitud de su gloria, de su poder, de su grandeza, de su soberanía, de su dignidad. Por eso “dar a Dios lo que es de Dios” significa necesariamente “amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todo el ser”.

Todos lo intuimos, también los ateos, y así multiplicamos los dioses para dividir el amor.

Ahora, a ti que crees, te pido que recuerdes el misterio de tu comunión por la fe con Cristo Jesús, con el Hijo de Dios hecho carne, con el hombre en el que se nos ha manifestado el amor que Dios nos tiene, con el hombre en el que los pecadores le decimos a Dios el amor que le tenemos. Recuérdalo, pues sólo en Cristo podemos amar como tenemos que amar. No te apartes del amor de este Hijo si quieres guardar el precepto del amor al Padre.

Hoy, recibiendo a Cristo en comunión sacramental, recibes la moneda que el Espíritu de Dios acuñó para tu tributo, recibes el amor eterno con que has de amar a tu Dios.

Con todo, no es la de Dios la única imagen que has de reconocer en Cristo Jesús, pues en él se halla grabada también la imagen del hombre. Y si has de tributar a Dios todo tu amor, el hombre no ha de quedar fuera de ese tributo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

No tengas miedo: el que te pide amar es el que te da, con su Hijo, su Espíritu, para que ames a Dios con todo tu ser, y al prójimo como a ti mismo.

Cursos de Lenguas y Apoyo Escolar

CENTRO CULTURAL LERCHUNDI de MARTIL

2014-15· Cursos de español, francés, inglés y alemán: desde el 20 de octubre, hasta junio, en horarios de mañana, tarde y noche. La duración es de 100 horas, dos días a la semana y su precio de 100 dhs al mes (el pago se efectúa por trimestres), con descuentos a familias inscritas y dobles matrículas, así como a personas con impedimentos económicos.
· Cursos especiales de español/árabe para ágrafos y estudiantes extranjeros: para mujeres y jóvenes beneficiarios de los programas sociales del Centro o personas con rentas bajas. Los estudiantes pertenecen a la asociación de estudiantes extranjeros de Tetuán (ASEET)
· Cursos de apoyo de matemáticas, física y ciencias: para alumnos de liceos y bachillerato, sesiones de tarde intersemanales, descuentos a familias inscritas o de escasa renta.
· Cursos de apoyo de español, francés e inglés: para alumnos de liceos y bachillerato, sesiones de tarde intersemanales.
· Clases de dariya y árabe clásico: Dirigidos a extranjeros, clases intersemanales, en horarios de tarde, profesorado licenciado en hispánicas.

comienzo de los cursos: 20 de octubre

UN CENTRO QUE VIVE LA INTERCULTURALIDAD, QUE QUIERE ACOGER A LAS PERSONAS Y COMPARTIR VALORES HUMANOS. TE ESPERAMOS

Francisco Jiménez Maldonado
Centro Cultural Padre Lerchundi
Martil (Tetuán)
0539 97 95 53 – 0669 012 853