Nos vamos de bodas:

g-david-bodas-de-canaEscribo como si el comentario fuese sólo para María.

Me ha preguntado por algún «truco» para que “esto de ir a misa un domingo resulte algo menos horrible y más llevadero”. Y confiesa además que la misa “no encaja en su vida ni haciéndole sitio, más bien interrumpe y molesta”. Pregunta y confesión hacen de María mi particular interlocutor de esta semana.

Querida: intentaré entrar contigo en la comunidad de fe, en vuestra celebración, en la realidad concreta de vuestro domingo, en ese tiempo que se supone os habéis reservado para el encuentro con Cristo.

Ese encuentro tiene carácter festivo y comunitario, y es al mismo tiempo una cita de amor. Sólo una predicación obstinadamente moralizante ha podido transformar en tiempo para hacer deberes el que se nos ha dado para el abrazo en la intimidad y el desbordamiento de la alegría en la fiesta.

Como ves, estamos traspasando una puerta que da a la fe y a sus misterios, a un abismo en el que necesitamos que nos guíe la fe de la comunidad y la inspiración de la palabra de Dios.

A esa fiesta con tu Dios, ¡qué menos que invitar a todo el mundo!: “Aclamad a Dios todo el mundo, tañed en honor de su nombre, dadle gloria con la alabanza. Decid a Dios: ¡Qué formidable es tu acción!… Que se postre ante ti, oh Dios, la tierra entera; que toquen en tu honor; que toquen para tu nombre, oh Altísimo”.

Con esas palabras, el salmista convocaba a la alabanza de Dios a todos los habitantes de la tierra. Tú puede convocar también a la tierra misma, al universo entero, pues sabes que tu Dios, no sólo es el que se ha desposado contigo, sino también el que ha redimido de la esclavitud la creación entera.

Con todo, en el bullicio de la fiesta, no olvidas la palabra de Dios para ti, una declaración de amor que penetra como un perfume en la intimidad del yo, una memoria para guardar celosamente en el corazón: “Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido”.

Entonces te arriesgas a convocar de nuevo a tu fiesta a la humanidad entera, y sueñas que todos acuden a esta boda de Cristo con su Iglesia, a esta hora de Dios contigo, y que todos, con un cántico nuevo, van proclamando a todas las naciones el misterio de amor que se les ha revelado: “Contad las maravillas del Señor a todas las naciones”.

Feliz domingo, hermana mía.

Feliz domingo, Iglesia esposa de Cristo.

“Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”:

bautismoseñorAunque es la fiesta del Bautismo del Señor, la idea más repetida en la lectura apostólica es la de “manifestación”, “revelación” o “epifanía”; me pregunto de qué o de quién.

Esto es lo primero que has oído con tu comunidad de fe: “Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres”.

Y después se te dijo: “Se ha manifestado la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre”.

Que no caiga en el olvido lo que has oído: Guárdalo y medítalo en el corazón.

El mensaje apostólico de nuestra celebración trae a la memoria el saludo del ángel Gabriel a la virgen María: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.

Para María de Nazaret y para ti, las palabras de la salutación angélica eran revelación de una vocación admirable, evidencia de favor del cielo, de predilección divina; eran palabras encinta de Navidad; aquel saludo anticipaba la alegría mesiánica, el asombroso don de un hijo al que el cielo llamaba Jesús, porque había de ser en medio del pueblo presencia salvadora de su Dios.

Y con esa evocación del desbordamiento del favor de Dios sobre María de Nazaret y sobre el mundo, vuelve a lo que hoy has guardado en el corazón: Esas palabras son para ti, Iglesia de Cristo; son para todos, aunque no todos las conozcan todavía; llegan del mismo cielo de donde venían las palabras de la anunciación, y hablan de la misma gracia, de la misma salvación, del mismo Hijo, del mismo don del que era mensajero el ángel de Nazaret.

En la celebración de los misterios de la Navidad, has recordado y adorado a ese Hijo que llegó humildemente al mundo cuando nació en Belén. Ahora lo ves llegar humildemente a tu vida en la palabra humana con que Dios te habla, en el pan de la tierra con que el cielo te alimenta, en los pobres que el Padre del cielo te ofrece como el más precioso de sus tesoros. Y, llevando ya desde ahora una vida santa, aguardas la dicha de verlo cuando, al final de los tiempos, llegue gloriosamente para ser tu recompensa.

Lo puedes decir así: En aquel tiempo, en Jesús de Nazaret, se manifestó la gracia de Dios, su bondad y su amor al hombre. Hoy, ese amor, esa bondad, esa gracia, se nos manifiestan en la Eucaristía que celebramos. En ella, comulgando la palabra y el cuerpo del Señor, entramos en el abismo del amor que nos entrega a Cristo, nos sumergimos en la bondad de Dios que Cristo encarna, acogemos la gracia que es Cristo para los hambrientos de salvación.

Hoy, en comunión con Cristo, descubrirás asombrada que también de ti se dice: “Tú eres mi hijo, el amado, el predilecto”.

Feliz comunión con Cristo.

A la Iglesia de Dios que está en Tánger

Navidad1aA todos “gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”.

Permitidme, queridos, que robe al apóstol Pablo, no sólo el saludo, sino también la acción de gracias “por vosotros, por la gracia de Dios que se os dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia, porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo”. Doy gracias a mi Dios por vuestra fe, por vuestro trabajo, por vuestra entrega, por vuestra vida.

Restituir en amor lo que debemos en justicia:

Apenas hemos comenzado el año, y a las puertas de esta Iglesia llegan hombres y mujeres con heridas nuevas, testigos de nuevas violencias, víctimas de vejaciones que la reiteración hace insoportablemente renovadas.

El mar de Benzú ha devuelto otro cadáver, otro sin nombre, otro sin padre, sin madre, sin genealogía, otro sin nadie que reclame justicia por otra muerte inicua en la frontera de España.

La pasada noche, la misma frontera ha sido escenario de nuevos despliegues de fuerzas del orden, de nueva violencia con nuevos heridos, con más muertos, como si la única respuesta posible a la tragedia de los inmigrantes fuese la de la fuerza, la de las armas, la del miedo, un ejercicio despiadado, irracional y criminal de intimidación.

Ahora, mientras os escribo, en un aeropuerto de Marruecos, a un joven en tránsito hacia su país, a ciudadano normal, con un pasaporte normal y una tarjeta de embarque normal, a ese joven que, con un cáncer terminal, regresa a la casa familiar para morir entre los suyos, la policía lo ha confinado en dependencias propias, le ha retirado el pasaporte, lo ha aterrorizado, lo ha humillado, y todo ello, mucho me temo, motivado sencillamente porque el joven es negro.

Apenas lo hemos comenzado, y ese amargo anticipo de lo que el año reserva a los pobres se nos hace llamada apremiante del Señor para que esta Iglesia camine con ellos, se solidarice con ellos, cure sus heridas, alivie sus sufrimientos, de modo que les restituyamos en amor lo que les debemos en justicia.

Desde nuestra pobreza:

El Señor tu Dios te ha ungido para que seas de Cristo, y te ha enviado para que seas de los pobres: ¡De Cristo y de los pobres!, valga la redundancia.

No podemos, queridos, humillar a los pobres haciéndolos partícipes de los desechos de nuestra riqueza.

El altísimo Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo, nos mostró el camino por el que hemos de ir, pues él se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza: nació pobre, vivió pobre, murió como un desdichado, como un excluido, como un criminal, como un peligro para la sociedad.

Al decir “pobre”, decimos mucho más que hombre o mujer carente de lo necesario para vivir: Decimos hombre, mujer, despreciados, excluidos, humillados, negados; decimos hombre, mujer, a quienes la iniquidad ha obligado a interiorizar que no tienen derechos, a vivir como si no los tuviesen, a ser como si no fuesen; decimos hombre, mujer, a quienes hemos llevado a dudar de su dignidad humana, de su condición de hijos de Dios.

Es gracia inmensa el que se nos haya acercado a esa condición humillada, haciéndonos así partícipes de la pobreza de Cristo, de su pasión, de su cruz. Es la infinita misericordia de nuestro Dios la que nos puso en camino con los pobres, para que les llevemos una buena noticia, para que sepan que Dios los ama.

Trabajar y orar por los derechos de los pobres:

Teme la indiferencia y la crueldad con ellos:

Supongo que no os sorprende ver una y otra vez confirmadas por la experiencia las palabras del Señor en el evangelio: “Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve».

Pero habréis observado también que, lo mismo ahora que en tiempos de Jesús de Nazaret, son muchos los que, imitando a reyes y autoridades de los pueblos, se buscan a sí mismos, se yerguen sobre los demás, y se hacen responsables, no sólo de indiferencia ante los que sufren, sino también de crueldad con ellos.

Si esa indiferencia y esa crueldad hubiesen echado raíces en nuestro corazón, serían evidencia de ausencia del evangelio en nuestra vida. Témelas, hermano mío, hermana mía, mucho más de lo que temerías la muerte. Témelas mucho más de lo que temerías el infierno. Témelas, porque los pobres son de Cristo, porque en los pobres vive Cristo, porque si eres indiferente o cruel con los pobres, lo habrás sido también con Cristo, con Dios.

Acércate a ellos:

Habrás de hacerlo si quieres acercarte a Cristo, si quieres comulgar con él.

Habrás de bajar hasta los pobres, hasta su mundo, y no tendrás más razón para hacerlo que tu fe, que tu esperanza, que tu amor. Habrás de bajar hasta ellos como Cristo bajó hasta ti: “Él se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres”. Habrás de bajar para que te reconozcan como de los suyos, y no teman asediarte con su indigencia. Habrás de hacerte experta en sufrimiento para que seas, como Cristo, experta en misericordia.

Ama la justicia:

Declara ilegal para ti, por injusta, la posesión de lo que no necesitas; declara intolerable a tus ojos, por inicuo, que alguien carezca de lo necesario para la vida. Declara un crimen el hambre, sencillamente porque lo es.

Declara ilegal una política de fronteras que es discriminatoria con los pobres, que viola sus derechos fundamentales, que es violenta con los pequeños de la tierra, que mata sin escrúpulo a hombres y mujeres que sólo buscan un futuro mejor para ellos y para sus familias. Es criminal esa política, son criminales quienes la aprueban, son criminales quienes la aplican.

Si alguna vez lo hemos hecho, ya no podemos permitirnos el lujo de pensar en nosotros mismos: No eres Iglesia para ti, sino para los pobres; no te han hecho sacramento de la grandeza de Dios, sino de su amor infinito a los que piden vivir; no es tu misión sostener el poder ni apoyarte en él, sino defender de sus abusos a los pobres.

Recomendación final:

Vuelvo a robar palabras a la inspiración de la Iglesia apostólica: “Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad… Acordaos de los presos como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados como si estuvierais en su carne… Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: Nunca te dejaré”.

“Que el Dios de la paz os confirme en todo bien para que cumpláis su voluntad, realizando en nosotros lo que es de su agrado por medio de Jesucristo”.

En Tánger, el 4 de enero de 2016.

+ Fr. Santiago Agrelo

Arzobispo

TALLER DE LECTURAS COMPARTIDAS

PARA COMPRENDER MEJOR EL MUNDO

imageCon el nuevo año vuelve el taller de lecturas compartidas, con mucha ilusión y la aportación de todos aquellos que ya están participando, con la coordinación entusiasta de Inma Sáez. El Centro Cultural Lerchundi de Martil te invita a participar de este espacio que pretende fomentar el debate público, que nos permita crecer como personas y trabajar por la igualdad.
La primera sesión de 2016 tendrá lugar el próximo sábado 9 de enero, a las 17’00, analizaremos el texto «Luchas feministas y transiciones democráticas en el Mundo Árabe», de la profesora Awatif Ketiti, de la facultad de Filología, Traducción y Comunicación de la Universidad de Valencia. Te esperamos

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Coordina: Inma Sáez de Cámara. Antropóloga

imascoe@yahoo.es

Sesiones: todos los sábado, 17’00. Salón de actos
duración de los encuentros: dos horas y media

los talleres se impartirán en español
lerchundimartil@gmail.com

facebook: Centro Cultural Lerchundi

0539 97 95 53

¡TE ESPERAMOS!

Título del proyecto: LECTURAS COMPARTIDAS PARA COMPRENDER MEJOR EL MUNDO

* Objetivo: fomentar el debate público, facilitar la comprensión de la teoría feminista y propiciar el conocimiento de la historia del feminismo.

* Cronología: una treintena de sábados de noviembre 2015 a junio 2016.

* Requisitos para participar: manejar la lengua castellana y respetar la libertad de expresión y a las personas.

* Duración de los encuentros: dos horas y media.

* Organización de los encuentros:

1ª sesión: presentaciones de l@s participantes, presentación de los objetivos, introducción general, esbozo esquemático de la teoría feminista, análisis de conceptos fundamentales, negociación de horarios y de la forma de distribuir los textos, y compromiso en torno a expectativas.

Resto de sesiones: breve recapitulación de la sesión anterior, lectura en voz alta del texto elegido para la sesión, aclaración de dudas, análisis y debate, elaboración de conclusiones o recapitulación y presentación de la siguiente autora.

* Características de los textos: extractos de obras o artículos, con extensión aproximada de dos folios y temática variada.

* Selección preliminar de autoras, abierta a modificaciones:

Mary Wollstonecraft, Fatima Mernissi, Carol Gilligan, María Ángeles Durán Heras, Camille Lacoste Dujardin, Nawal Al Sadawui, Betty Friedan, Wazyla Tamzali, Simone de Beauvoir, Nadia Naïr, Celia Amorós, Soumaya Naamen Guessous, Amelia Valcárcel, Rita el Khayat, Nancy Fraser, Aicha Belarbi, Gloria Anzaldúa, Marcela Lagarde, Asmae Lamrabet, Luisa Muraro, Nadia Yassine, Seyla Benhabib y Drucilla Cornwell, Marta Lamas, Joumana Haddad, Susan Moller Okin, Aminata Traoré, Carol Pateman, bell hooks, Kate Millet, María Luisa Femenías, Geneviève Fraisse, Margot Badran, y Susan Browmiller.

* Coordinación de las sesiones: Inma Sáez de Cámara.

Un niño, una Iglesia, una bendición…

Adoración-al-Niño-Dios-Ft-imgConsidera el misterio: “Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción”.

Era el niño de María y de José, y el ángel y los padres le llaman Jesús, Dios salvador.

Era un niño acostado en un pesebre, y el cielo y la tierra le llaman Dios liberador.

Era un niño, y era el Mesías, el Señor, una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo.

Era un niño, con María y José, para quienes no había sitio en la posada, y era el Hijo por el que Dios nos hablaba en esta etapa final de la salvación.

Era un niño, , fragilidad, pobreza, indigencia, y era la bendición que Dios nos daba, la luz con que Dios nos iluminaba, el favor con que Dios nos miraba, la paz con que Dios nos agraciaba.

Era un niño, y en él Dios se te hacía cercano, asequible, tierno; en él Dios se hacía como tú; en él Dios se hacía tuyo.

Era sólo un niño…

Con aquel niño nació la Iglesia: una Iglesia de niños, una Iglesia niña, una Iglesia pequeña, frágil, pobre, indigente, una Iglesia con olor a establo, con la que Dios se hace cercano a todos, con la que Dios se hace de todos.

Con aquel niño nació una Iglesia que nada tiene que decir de Herodes aunque lo padezca, una Iglesia que nada dice del posadero aunque la haya dejado a la intemperie, una Iglesia de pobres que viven pendiente de Dios porque la fe en Dios es todo lo que tienen.

Y ahora, Iglesia niña y pobre, fíjate en María, en la Madre de aquel niño y madre tuya, y con ella, proclama la grandeza del Señor, del Poderoso que ha hecho cosas grandes en tu pequeñez; como ella, guarda lo que no entiendas de los misterios que te han sido confiados, medita en tu corazón lo que te sobrepasa, lo que te asombra, lo que te confina en la oscuridad del no saber.

Considera el misterio, Iglesia cuerpo de Cristo: Has nacido con Cristo para ser bendición de Dios sobre la humanidad.

Feliz camino con tu Dios y Señor.

Feliz mundo nuevo.

Talleres y actividades para niños y jóvenes

Centro Intercultural Padrjovenesruedae Lerchundi de Martil

Dentro de la programación estival del Centro Cultural Lerchundi, os queremos invitar a participar de los nuevos talleres dirigidos a niños y jóvenes: música, manualidades, fotografía, educación y salud. Propuestas gratuitas gracias al trabajo voluntario que desarrollan en Martil los jóvenes de la parroquia de San Francisco de La Coruña. ACUDE Y PARTICIPA, te esperamos.

 Dirigido: niños y jóvenes, desde los 6 a los 16 años del 19 de agosto al 6 de septiembre de 2013

Centro Intercultural  Lerchundi, 10’00-13’00

lerchundimartil@gmail.com

facebook: Centro Cultural Lerchundi de Martil

 0539 97 95 53

¡TE ESPERAMOS!

Hazte pequeño:

estad-preparadosProcede con humildad… hazte pequeño… porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes”.

Si no quiero que las palabras de la revelación se me queden vacías de sentido y ajenas a la vida, he de ponerlas bajo la luz de la Palabra hecha carne, pues en ella –en Cristo Jesús- se encuentran cumplidas todas las palabras que de ella han hablado, y que la comunidad de fe ha escuchado, creído, confesado y vivido.

Procede con humildad”, dice el Eclesiástico. Y la fe, puesta la mirada en el espejo de la anunciación, aprende a imitar en la vida lo que se le concede contemplar en el misterio. Allí es humilde el lugar designado, la doncella escogida, el mensaje entregado, la respuesta confiada. Allí es humilde el misterio revelado, pues Dios con ser Dios, es engendrado, gestado y nutrido, y todo ha de recibir de una doncella quien sustenta en el ser a todo el universo.

Procede con humildad”, nos pide la sabiduría. Y la fe, necesitada de ver para saber, vuelve la mirada contemplativa al misterio del nacimiento del Hijo de Dios. Considera y admira lo que allí se ve: El que ha asignado lugar a las órbitas de toda la materia, no encontró lugar para él en la posada. A la humildad del silencio en el claustro virginal, se añade ahora la humildad del parto, la humildad del llanto, la humildad del alimento suplicado por quien es el pan de todos los hambrientos. En el misterio de aquel nacimiento has visto a Dios tan cercano y tan pequeño –tan humilde-, que los pecadores pueden darse prisa en encontrarlo, y pueden llevarlo en brazos los ancianos.

Procede con humildad”, dice el Señor. Y la fe se arrodilla a la sombra de la cruz de Cristo para contemplar el misterio que allí se consuma: “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz”.

Hazte pequeño”, como un resto que los poderosos olvidan con desprecio, como un último del que nadie tiene envidia, como un pan de eucaristía destinado a ser partido y repartido.

Hazte pequeño”, como quien sirve, como quien bendice, como quien acaricia, como quien se arrodilla para lavar pies y vendar heridas.

Hazte pequeño”, como quien cree, como quien espera, como quien ama, como quien abraza, como quien perdona, como quien sonríe.

Hazte pequeño”, como un niño, como Dios.

La llave del futuro para la tierra y el hombre la tienen en sus manos los pequeños.

Hazte pequeño”.

Feliz domingo.

“¡Vendrán” porque los “atraeré!”

bautismoLo había dicho el Señor por medio del profeta: “Yo vendré para reunir a las naciones”. Y añadió: “Vendrán para ver mi gloria”.

Hoy has oído que Jesús decía en el evangelio: “Vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios”. Lo dice el mismo que, entrando en la hora del juicio contra el mundo, en su hora, proclamará: “Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”.

Vendré –dice el Señor-, para que vengan. Los “atraeré” y “vendrán”.

Considera quién es el que atrae. Es Cristo Jesús “elevado sobre la tierra”, elevado en la cruz, elevado a su gloria.

Considera cómo atrae con palabras de perdón a quienes lo crucifican; cómo atrae al centurión a que confiese, por lo que ha visto, la inocencia de aquel ajusticiado; cómo atrae a un malhechor, ajusticiado con él, a la verdad y al paraíso.

No te atrae el espectáculo cruel, sino el portento admirable. No te acercas a una zarza devorada por el fuego, sino al hombre Cristo Jesús que en el fuego de la divinidad arde sin consumirse.

Elevado sobre la tierra, te atrae el Señor con lazos humanos, con cuerdas de cariño, como un padre que llama a su  hijo, y todo él –manos, mirada y palabra- se hace confesión de amor para que el hijo eche a andar y dé su primer paso hacia la libertad.

Elevado en la cruz, te atrae Cristo Jesús como atrae la salvación, como atrae la vida, como atrae la paz, como atrae la justicia…

Elevado a su gloria, te atrae el esposo, como atrae el perfume, como atrae el amor: “¡Que me bese con los besos de su boca! Mejores son que el vino tus amores; exquisitos de aspirar tus perfumes; tu nombre, un ungüento que se vierte”.

¡Elevado, te atrae! Escucha la palabra con que él ilumina el misterio de su glorificación y de tu eucaristía, de su cruz y de tu misa: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros… Éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna… derramada por vosotros.” Escucha y aprenderás cómo te atrae: como quien se entrega, como quien te ama, como quien se pierde por ti, como un pan partido para saciar tu hambre, como una copa de alegría preparada para apagar tu tristeza.

¡Elevado, te atrae! En la cruz, en el altar, te atrae el que te ama.

Feliz domingo.