SANTA MADRE TERESA DE CALCUTA

ACCION DE GRACIAS POR LA CANONIZACIÓN DE LA SANTA MADRE TERESA DE CALCUTA

El domingo, 4 de septiembre, el Santo Padre canonizó en Roma a la beata madre Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad en la solemne ceremonia, que se celebró en la plaza de San Pedro. De parte de nuestra Archidiócesis participó el p. Martin Arriaga, párroco de la Catedral de Tánger.

El día 25 de septiembre, se celebró una solemne Misa de acción de gracias en la catedral del Espíritu Santo de Tánger. Presidida por monseñor Santiago Agrelo Martinez y concelebrada por los sacerdotes de nuestra diócesis.

Las Misioneras de la Caridad fueron fundadas por la madre Teresa de Calcuta en 1950 con el compromiso de atender a los más pobres. La orden consta actualmente de más de 4.500 monjas en más de 133 países. Deben hacer los votos de pobreza, castidad y obediencia, más un cuarto voto de servicio libre y de todo corazón a los más pobres de entre los pobres.

Los Hermanos de las Misioneras de la Caridad fueron fundados en 1963. Y una rama contemplativa de las hermanas, en 1976. En 1984, la Madre Teresa fundó junto al Padre Joseph Langford los Padres Misioneros de la Caridad.

En Tánger, las Misioneras cuentan con una residencia y hogar para personas abandonadas y mujeres que esperan la llegada de sus bebés en su vientre. Además, las misioneras tienen la atención con los niños pequeños, los jóvenes de la calle y reparten las comidas a las personas necesitadas.

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Un salmo para mendigos de justicia: 

liturgia1Habéis escuchado la lectura del profeta y habéis oído un “¡ay!”, que resonó en vuestro interior como una amenaza para los que “se fían de Sión”, para los que “confían en el monte de Samaria”, para quienes hacen de la riqueza un dios al que entregarse, para quienes banquetean y no ven al hambriento, para quienes derrochan sin reparar en el que nada tiene, para todos los huéspedes del egoísmo, que han exiliado de la propia vida la justicia de la misericordia.

Habéis oído también una predicción: Los que ahora os acostáis, coméis, canturreáis, inventáis instrumentos, bebéis, os ungís ¡y no os doléis con el dolor del que sufre!, iréis al destierro, iréis a la cabeza de los cautivos.

Hemos oído un “¡ay!”, que es una predicción de lamentos, una amenaza, y, sin embargo, en nuestra asamblea, aclamamos diciendo: “Alaba, alma mía, al Señor”. La palabra amenaza ¡y nosotros alabamos!

El que alaba no es el que lleva una vida disoluta, sino aquel a quien auxilia el Dios de Jacob. Para el disoluto, la riqueza es su dios, y ¡banquetea! Para el creyente, Dios es su riqueza, y ¡alaba!

Deja en los labios de Lázaro, el mendigo las palabras de tu alabanza; allí se llenan de verdad, adquieren un sentido que sólo aquel mendigo les puede dar: “Alaba, alma mía, al Señor”.

Vuelve los ojos al mendigo Jesús, echado en el portal de la humanidad -los suyos no le recibieron-, cubierto de llagas -los suyos le hirieron-, sediento de mí y de ti –le ofrecimos vinagre-; vuelve los ojos al mendigo muerto y resucitado, muerto y glorificado, muerto y enaltecido hasta la derecha de Dios; vuelve los ojos a Cristo y escucha las palabras de su canto, acércate a la verdad de su poema: “Alaba, alma mía, al Señor. Él me hizo justicia, él me sació de pan, él me dio la libertad… “.

Si has escuchado el canto de Cristo resucitado, has escuchado las palabras de tu propio canto, ya que tú, que has muerto con Cristo, con él has sido sepultado, con él has resucitado, con él estás sentado a la derecha de Dios en el cielo.

Cristo dice con verdad: “El Señor me hizo justicia”, ¡y ésa es, Iglesia cuerpo de Cristo, la verdad de tu canto! Cristo dice con verdad: “El Señor me sació de pan”, y ¡ésa es, Iglesia esposa de Cristo, la verdad de tu confesión! Cristo dice con verdad: “El Señor me dio la libertad”, y ésa es la verdad de nuestra alabanza: ¡Su salmo es nuestro salmo, su verdad es nuestra verdad, porque somos de Cristo y estamos en él!

Porque eres de Cristo y vives en Cristo y mueres con Cristo, tú alabas al Señor; mientras el lamento se cierne sobre los que son de la riqueza y mueren en ella. Tú alabas al Señor, porque has conocido su amor, mientras el infierno se apodera de los que no aman.

Y ya que te has asomado al abismo del amor que Dios te tiene, imita ese amor, imita al que te hace justicia, al que quiso ser para ti pan y libertad.

UNA CELEBRACIÓN ESPECIAL: Hoy, en acción de gracias por la canonización de la Madre Teresa de Calcuta, celebraremos en la iglesia catedral una misa estacional. El corazón de esta comunidad eclesial aprende cada día a latir al ritmo del corazón de Jesús de Nazaret, al ritmo de la caridad que es Dios. Hoy nos fijamos en la Madre Teresa, y ya no queremos apartar de nuestra mente su imagen entrañable que a todos habla de amor a los que no cuentan, a los excluidos, a los olvidados, a los predilectos de Dios.

Feliz domingo.

Congreso internacional sobre la trata de seres humanos en África

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La Delegación Diocesana de Migraciones de la Diocesis de Tánger ha participado del 5 al 7 de septiembre en Abuja (Nigeria) al Congreso internacional sobre la trata de seres humanos en África organizada por Cáritas International y el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes bajo el lema: “Una familia humana, una voz. No a la trata de seres humanos”.

nigeriaposter-768x1076Con este congreso, tanto Cáritas Internacional como el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes pretende promover el diálogo y la cooperación para terminar con el tráfico de personas con fines de explotación laboral y sexual.

El Congreso fue inaugurado por el Cardenal Luis Antonio Tagle, Arzobispo de Manila y presidente de Cáritas Internacional. Se contó con la presencia y participación de Mons. Robinson Wijesinghe, director de la Oficina del Pontificio Consejo para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes, representantes de la Iglesia Católica en Nigeria, el gobierno Nigeriano y de la Unión Africana, y organizaciones de la Iglesia Católica de más de 40 países.

De forma concreta y desde los grupos de reflexión y diálogo se abordaron temas como; la trata de niños, la explotación laboral, la explotación sexual, el tráfico de personas en la industria marítima y la trata en situaciones de emergencias naturales.

EXPOSICIONES:

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Recuerda tu nombre para no olvidar el de Dios: 

b56fef34ce6c20943695b82138e90a45Queridos: La palabra de la revelación nos ayuda a acercarnos al misterio inefable de la relación de Dios con los pecadores, es decir, con nosotros.

¿Quién sois vos, Señor, y quién soy yo? Poco o nada podrá conocer del infinito amor de Dios –no sabrá responder a la pregunta “¿quién sois vos, Señor?”-, quien no haya experimentado la pobreza de la propia condición –quien no haya respondido con verdad a la pregunta “¿quién soy yo, Señor, delante de tus ojos?”-.

La palabra de la revelación, con figuras diversas, nos acerca hoy a la verdad de nosotros mismos, hombres y mujeres que de muchas maneras nos hemos desviado del camino que el Señor nos ha señalado, creyentes marcados por la culpa, impuros por el delito, manchados por el pecado.

Y la misma palabra nos acerca a la verdad de Dios, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios fiel a sus promesas, aquel cuyo nombre es misericordia y bondad, gracia, fidelidad y compasión.

Guarda siempre en tu memoria tu nombre de pecador, de modo que nunca olvides el nombre santo de tu Dios. Recuerda siempre tu miseria, de modo que no nunca olvides su misericordia. Recuerda tu pecado y la dureza de tu corazón, de modo que no olvides su gracia y su ternura.

En efecto, el Dios santo, justo y fiel, por el amor con que nos amó a nosotros pecadores injustos e infieles, nos dio a su Hijo único, para que, por la fe en él, recibiésemos gracia sobre gracia y tuviésemos vida eterna. El Hijo de Dios vino al mundo para salvar a los pecadores, y nosotros somos los pecadores a quienes el Hijo de Dios vino a salvar. Él es aquella mujer que enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado hasta que encuentra su moneda perdida, hasta que me encuentra, como si yo fuese su única moneda. Él es aquel dueño de las cien ovejas que deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada hasta que la encuentra; y cuando te encuentra, hermano mío, te lleva sobre sus hombros, muy contento, como si tú fueras su única oveja.

Si recuerdas el nombre de Jesús, recuerdas que Dios te busca, y sabes que, si te encuentra, hay alegría entre los ángeles del cielo porque se ha llenado de alegría el corazón de Dios.

Si recuerdas el nombre de Jesús, sabes que Dios es tu Padre y que, mientras tú estás todavía lejos de él –tan lejos que no podrías acercarte a él si él no se acercase a ti-, tu padre te ve y se conmueve, y corre a tu encuentro y te abraza y te besa, y manda preparar un banquete y hacer fiesta, porque estabas perdido y te ha encontrado, estabas muerto y has vuelto a la vida.

Si recuerdas el nombre de Jesús, recuerdas la misericordia de Dios que te visita, la gracia de Dios que te santifica, la fidelidad de Dios que te justifica, el amor de Dios que te salva.

Pero hoy, hermano mío, no sólo pronuncias el nombre de Jesús y traes a la memoria cuanto ese nombre significa, sino que te encuentras realmente con tu salvador y redentor, escuchas verdaderamente su palabra que te ilumina, y recibes su Espíritu que congrega en la unidad a todos los que participamos del Cuerpo y de la Sangre de Cristo.

Y si es Jesús quien hoy te encuentra, hoy te has encontrado con la misericordia de Dios, hoy te ha rodeado la bondad de Dios, hoy te has sumergido en la compasión de Dios, hoy te ha visitado la santidad de Dios, hoy has sido renovado por dentro y te han dado un corazón nuevo, un espíritu nuevo.

“¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios! Los humanos se acogen a la sombra de tus alas”.

Queridos: Sólo desde la verdad de un corazón quebrantado y humillado puede subir hasta el Señor la verdad de nuestro sacrificio. Sólo si el Señor nos ha abierto los labios con su misericordia, nuestra boca proclamará con verdad su alabanza. Haced que hoy sea verdad vuestro sacrificio, vuestra alabanza, y con ellos, sea también verdad la alegría de Dios por vosotros.

¡Feliz domingo!

El futuro está… en el odio: 

jesus_feet2Jesús lo dijo así: “Si uno viene a mí y no odia a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío”.

Los responsables de la versión litúrgica del texto, al transformar un explícito «odiar» en un supuesto «posponer», han rendido un homenaje impensado a la radicalidad hiriente del evangelio.

Me quedo con lo que hiere, “odiar”, porque en esa acción escandalosa vio Jesús una norma para discernir entre quienes se acercan a él por casualidad, por curiosidad, por beneficiarse de su poder, por conocer su doctrina, y quienes optan por ser de verdad sus discípulos.

El evangelio no me pide que odie al enemigo, sino que odie lo que amo, lo que más amo, desde mi padre y mi madre hasta mi propia vida.

Algo dentro de mí va diciendo que ese odio es todo amor. Algo me dice que mi padre y mi madre, por amor, odiaron la propia vida para proteger la mía. Algo me dice que los mártires de la fe, por amor, odiaron la propia vida y la entregaron a Cristo Jesús y a quienes los martirizaban. Algo me dice que Jesús de Nazaret, por amor, odió su vida para que yo pudiese vivir. Algo me dice que la Eucaristía, sacramento del amor que Dios nos tiene, es al mismo tiempo sacramento del odio que se nos exige, pues en este divino misterio se nos entrega por entero quien nos ama, y sólo si nos odiamos para amar, sólo si renunciamos a poseernos y nos damos a quienes amamos, podremos ser en verdad discípulos de aquel a quien nos hemos acercado en la comunión.

Bajo esta luz se puede releer la carta de Pablo a Filemón: “Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo… Te lo envío como algo de mis entrañas… Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor, como hermano querido. Si yo lo quiero tanto, ¡cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano!” Es como si el apóstol estuviese diciendo a su amigo: «Odia y ama», «ódiate a ti mismo y ama a tu esclavo». Ese odio que libera al hombre para el amor, es condición de futuro para el que ama, para el que es amado y para el mundo. Paradojas del amor: El futuro está… ¡en el odio!

TERTULIAS DE VERANO

imageEl Centro Cultural Lerchundi de Martil te invita a participar de las tertulias y coloquios de verano, donde abordamos diversos temas de interés general, que nos permitan conocer de forma crítica y compartida nuestra realidad, al tiempo que crecer en valores humanos y estrechar lazos fraternales. Las sesiones tienen lugar los martes y viernes, a partir de las 19’30 en la biblioteca Lerchundi, están coordinadas por Inmaculada Muñoz, Jesús Bueni y Enma Prim. Las próximas versarán sobre los siguientes temas:

Coordinan: Inmaculada Muñoz, Jesús Bueni y Enma Prim. Animadores culturales el Centro Lerchundi

· Hijos legítimos e hijos naturales: su situación legal en el mundo y en Marruecos

  • Viernes 19 de agosto
    • El reciclaje: opción u obligación
  • Martes 23 de agosto
    • · La educación vial y la responsabilidad social
  • Viernes 26 de agosto
    • Biblioteca Lerchundi Martes y viernes, 19’30

lerchundimartil@gmail.com

facebook: Centro Cultural Lerchundi

0539 97 95 53

¡TE ESPERAMOS!

Peregrinación en las Dos Orillas

Peregrinación en las Dos Orillas por las “Puertas de la Misericordia”

10 – 14 Octubre

Buscamos escuchar y salir al encuentro del PADRE de la MISERICORDIA, contemplando la vida y los caminos que recorren los migrantes en las dos orillas.

En la FRONTERA del SUR

podemos encontrarnos con “otras puertas de la Misericordia”, puertas santas que nos permitirán experimentar el amor de DIOS que consuela, que perdona y que ofrece esperanza, invitándonos a “ser compasivos, como el Padre DIOS es compasivo”

Habrá tiempo para el silencio y la oración, para la convivencia y la amistad, para la comunión y la fraternidad con la Iglesia hermana que peregrina en Tánger y, sobre todo, para dejarnos interpelar por la vida de nuestros hermanos migrantes.

TRÍPTICO Peregrinacion por las Puertas de la Misericordia

«Ven, Señor Jesús»

jesus_handtCada día, al comenzar la oración de la Liturgia de las Horas, la comunidad eclesial repite una súplica apremiante: Dios mío, ven en mi auxilio. Al decir, “ven”, el orante bíblico pedía la irrupción de la divinidad en su historia, en su contexto vital.

Sobre el hombre vienen, sin que él los llame, el temor y el terror, la desgracia, el sufrimiento y la muerte. De ahí la apelación del creyente al Dios de su vida: “Ven, date prisa en socorrerme”. Con Dios vendrá la misericordia y la compasión, la luz y la alegría, el auxilio y la liberación, el juicio y la salvación. Si él viene, vendrán todas las naciones; él las reunirá; vendrán para ver la gloria del Señor.

Habéis oído lo que dice el Señor: “Yo vendré para reunir a las naciones”. Mientras lo oíais, evocabais el misterio de la encarnación, por el que Dios ha visitado y redimido a su pueblo; recordabais la vida de Jesús de Nazaret, enviado por el Padre a las ovejas perdidas de la casa de Israel; pensasteis en la entrega del Señor, en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo Jesús, de quien el evangelista Juan dice que “murió para reunir a los hijos de Dios dispersos”.

Mientras oíais la palabra del Señor que decía “Yo vendré”, hacíais memoria de su venida a vuestra vida. Él os visitó en el bautismo para hacer de vosotros criaturas nuevas, una humanidad nueva de la que Cristo era el Primogénito, el primero de muchos hermanos. Él os visitó para ungir vuestro cuerpo y vuestro espíritu con óleo de alegría y hacer de vosotros los “ungidos-cristos de la nueva alianza”, un pueblo de sacerdotes, profetas y reyes. El que había dicho: “Yo vendré”, os visitó con la unción de su Espíritu Santo para enviaros a evangelizar a los pobres. El que había dicho: “Yo vendré”, viene hoy a nuestra vida, nos visita con su palabra en esta celebración eucarística, nos visita con su Hijo, a quien acogemos por la fe cuando acogemos, escuchando, la palabra de Dios y cuando acogemos, comulgando, el cuerpo y la sangre del Señor.

El que había dicho: “Yo vendré”, dijo también: “Las naciones vendrán”. Y os contáis a vosotros entre los que el Señor ha convocado de entre todas las gentes, para que fueseis su Iglesia una, su Iglesia sin fronteras, su Iglesia católica, el pueblo de su heredad, la asamblea convocada por la fuerza de su gracia, por la fidelidad del Señor a sus promesas, por la misericordia del que es misericordia. Él dijo: “Las naciones vendrán”, y vosotros habéis venido, habéis acudido hoy a la casa del Señor, al banquete de bodas del cordero, a la cena pascual de la Nueva Alianza, a la presencia del que os ha llamado porque es fiel.

Habéis oído la palabra de Dios, y vuestro corazón se llenó de gozo por lo que ya contempláis cumplido en la Historia de la Salvación, en la vida de vuestra comunidad de fe, y en la vida de cada uno de vosotros.

Sin embargo, también halláis en vuestro corazón, junto con la certeza de la esperanza en los bienes que el Señor os tiene reservados, la nostalgia de la manifestación definitiva de la gloria de Cristo nuestro salvador. Pues, siendo mucho lo que la fe nos permite conocer y gozar como ya cumplido, es también mucho, muchísimo, lo que esperamos ver consumado en el futuro, en el último día, en el día de la manifestación gloriosa de Cristo Jesús. Por eso, agradecemos lo que hemos recibido, damos gracias por lo que se nos ha manifestado, confesamos nuestra fe en la última venida del Señor en su gloria, la preparamos con el ardor de la caridad y la fuerza de la oración.

En la historia, en el tiempo, en este tiempo nuestro, se está haciendo realidad ese sueño de Dios que el profeta Isaías nos contó con las palabras de su mensaje: la misericordia de Dios y su fidelidad alcanzan a todos los pueblos, y de todas las naciones llega hasta Dios un canto de alabanza. Es como si por todos los caminos de la casa del Padre estuviesen llegando, no un único hijo que se había perdido, sino caravanas ininterrumpidas de hijos, que vienen días tras día, llenan de alegría el corazón del Padre, y llenan de música la sala de su banquete de fiesta.

Vosotros, queridos, sois los mensajeros que él envía para convocar a los ausentes. Con vosotros va el que os envía. Id al mundo entero, proclamad el Evangelio, llenad el mundo con la luz de Cristo, trabajad para que se llene de comensales la casa del Padre, llenad el cielo de alegría, adelantad con vuestra fe y vuestro amor la venida del Día del Señor, el cumplimiento pleno del “sueño de Dios”. ¡Ven, Señor Jesús! ¡Feliz domingo!

Contempla y escucha: 

EN LA SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

asuncion“Apareció una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas”. Así empieza la misa de este día en que la Iglesia celebra la Asunción de la Virgen María.

Más que dirigidas a la mente para introducirnos en la liturgia festiva, las palabras de la antífona parecen dirigidas a la mirada interior del corazón para llevarnos a la contemplación del misterio que celebramos.

La figura que aparece en la visión es una mujer encinta: le ha llegado su hora y grita entre los espasmos del parto. Y mujer encinta es también la del relato evangélico, la que visita a Isabel en la montaña de Judea, en casa de Zacarías.

En la visión se desvela el misterio de un tiempo de parto y de desierto, de lucha y de victoria, de humildad y de bendición, un tiempo de salvación que llega con un saludo, un tiempo de alegría que se exhibe en la danza de un niño, un tiempo de promesas que se cumplen porque tú has creído y porque tu Dios es fiel.

En aquella figura de mujer se te ha concedido admirar, Iglesia santa, ese portento de gracia y santidad que es la Madre del Señor, la Asunta al cielo, y asomarte al mismo tiempo a la hondura insondable de tu propio misterio.

“Escucha, hija, inclina el oído” –te dice el salmista-, “escucha”, porque la voz escuchada guiará tu mirada para que puedas penetrar en el corazón de la verdad.

En la contemplación de la figura celeste, te ves mujer, frágil en tu preñez y amenazada en tu parto; en la escucha de la palabra, el salmista te recuerda que eres reina, que eres hermosa, y que Dios se ha enamorado de ti: “Prendado está el rey de tu belleza; póstrate ante él, que él es tu Señor”.

En la contemplación, te ves fugitiva en el desierto, como ejército que se esconde derrotado; en la escucha, una voz que llega desde el cielo anuncia a tus hijos la victoria: “Ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios, y el mando de su Mesías”.

En la contemplación, te ves esclava del Señor y sierva de sus siervos; en la escucha, el Espíritu, a voz en grito, te saluda: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”

Contempla, escucha y proclama con la Virgen María la grandeza del Señor “porque ha mirado la humillación de su esclava”. Llevando a Cristo en tu seno por la comunión, contempla, escucha y proclama: “Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”. Reconociendo que la Virgen, Madre de Dios, asunta al cielo, es figura y primicia de la Iglesia que un día será glorificada, admira en ella lo que esperas para ti, goza contemplando en ella lo que un día serás, y por ella y por ti, alégrate hoy con los ángeles y alaba al Hijo de Dios.