Huéspedes de Dios: 

The Exhortation to the Apostles (Recommandation aux apôtres)-001La hospitalidad es “virtud que consiste en acoger y prestar asistencia a los necesitados”. También se dice hospitalidad la “buena acogida y recibimiento que se hace a los extranjeros o visitantes”.

Los textos que se proclaman este domingo en la liturgia de la palabra nos recuerdan cómo Abrahán acogió al Señor que lo visitaba, y cómo una mujer llamada Marta, con su hermana María, recibió en su casa a Jesús.

Tú escuchas los relatos, contemplas los misterios, e imitas la hospitalidad.

De Abrahán aprendes la fe que le permitió ver a tres hombres y reconocer al Señor, la piedad con la que adoró, la magnanimidad con que los obsequió, la reverencia con que los sirvió. De Marta imitas la hospitalidad y evitas seguirla en la excesiva preocupación, que te impediría escoger como María la parte mejor, a saber, escuchar la palabra de Jesús.

Escuchas los relatos y no envidias a quienes participaron en los misterios, pues hoy, en la celebración eucarística, eres tú, mujer Iglesia, quien acoges al Señor en tu casa, eres tú quien ofreces hospitalidad a tu Dios, eres tú quien, sentada como discípula a los pies de Jesús, escuchas su palabra.

Escuchas y no envidias, pues en esa palabra, en la eucaristía, en los hermanos, en los pobres, el Señor está hoy en pie frente a ti, Jesús entra hoy en tu aldea, el Señor viene hoy a tu casa.

Dichosa tú, Iglesia a la vez Marta y María; dichosos tus hijos; “los que con un corazón noble y generoso guardan la palabra de Dios y dan fruto perseverando”.

Pero aún has de reparar en una nueva hospitalidad que se ofrece en el misterio que celebras. Mientras Abrahán acogía a Dios, era Dios quien estaba acogiendo a Abrahán para darle un hijo. Cuando Marta recibió a Jesús, era Jesús quien recibía a Marta y a su hermana María para regalarles el tesoro de su palabra. Cuanto tú, por la fe, la esperanza y el amor acoges a Cristo en su palabra, en la Eucaristía, en los hermanos, en los pobres, es Cristo quien te acoge a ti en su cuerpo, en su tienda, en su reino, en su gloria.

Feliz domingo, mujer Iglesia, esposa de Cristo, madre de los pobres, casa de Dios.

CURSOS y TALLERES DE LENGUAS DEL VERANO

Estimados/as amigos/as:

ImageProxy.mvcEn nombre del Centro Cultural Lerchundi de Martil, os queremos hacer partícipes de los CURSOS y TALLERES DE LENGUAS DEL VERANO’2016, que tendrán lugar durante los meses de julio y agosto. Se proponen diversas actividades:

  • Cursos intensivos de español: del 1 al 26 de agosto, horarios de mañana y tarde, niveles inicial, intermedio y grupo especial de niños. La duración es de 40 horas, de lunes a viernes y su precio de 250 dhs, con descuentos a familias inscritas y dobles matrículas. Profesores Maruan y Hassan Srifi
  • Cursos intensivos de francés: del 1 al 26 de agosto, horarios de mañana y tarde, niveles inicial, intermedio y grupo especial de conversación. La duración es de 40 horas, de lunes a viernes y su precio de 250 dhs, con descuentos a familias inscritas y dobles matrículas. Profesores Cámara Alseny y Thierry Maicka
  • Cursos intensivos de inglés: del 1 al 26 de agosto, en horarios de mañana y tarde, niveles inicial e intermedio. La duración es de 40 horas, de lunes a viernes y su precio de 250 dhs, con descuentos a familias inscritas y dobles matrículas, así como a personas con impedimentos económicos. Profesor Abdallah Dadaki
  • Taller de conversación en español: del 11 de julio al 26 de agosto, nivel intermedio, lunes, miércoles y jueves, de 19’00-21’00. Profesora Lola.
  • Taller de conversación en italiano: del 1 al 7 de agosto, de lunes viernes en horarios a convenir con la profesora Elena Barba.
  • Tertulias en español, temas de actualidad: del 12 de julio al 26 de agosto, nivel intermedio, martes y viernes, de 19’30-21’30 en la biblioteca. Imparten Inma Muñoz, Enma Prim y Jesús Bueni
  • English debates, current issues: del 14 de julio al 25 de agosto, nivel intermedio, jueves de 19’30-21’00 en la biblioteca. Modera Abdallah Dadaki

Información: Biblioteca Lerchundi, de lunes a viernes, de 10’00 a 20’00. Matrículas: biblioteca, de lunes a viernes, de 10’00 a 16’00.

TE ESPERAMOS

Francisco Jiménez Maldonado
Centro Cultural Padre Lerchundi
Martil (Tetuán)
0539 97 95 53 – 0669 012 853

Un mundo sencillamente humano: 

creer-380x252Se lo has oído proclamar al lector: “El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo”.

Ese mandamiento es para ti un sacramento de la cercanía de Dios a tu vida. En el mandamiento, Dios se quedó a tu lado para que pudieses escuchar su voz, para que pudieses buscar humildemente a tu Señor, convertirte a él con todo el corazón y con toda el alma, dirigirte a él en el día de su favor y alegrarte en su presencia con su salvación.

El Señor tu Dios, que en el mandamiento se había hecho huésped de tu corazón y de tus labios, en su Palabra encarnada se hizo tu prójimo, samaritano compasivo de tu necesidad: Por el misterio de la encarnación, la Palabra emprendió su viaje por los caminos de la humanidad, se llegó adonde estabas tú, y al verte malherido, se compadeció de ti, se te acercó, te vendó las heridas, te cuidó, y, cuando hubo de continuar su camino, no lo hizo sin dejar a otro –a su Iglesia- el encargo de cuidarte en todo lo que necesitases.

Y el que practicó misericordia contigo por el misterio de la encarnación, se hace hoy tu prójimo en el misterio de la eucaristía: Dios más cercano a ti que el sacramento que recibes, Dios aceite y vino sobre tus heridas, Dios alianza y ternura que cubre tu desnudez y rompe tu soledad de hombre abandonado medio muerto al borde del camino.

Lo dijimos en comunión de necesidad con el Salmista: “Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante”. Y tú nos diste tu ley, palabras de vida eterna, mandamientos verdaderos, más preciosos que el oro, más dulces que la miel. Y llegada la plenitud de los tiempos, por el amor sin medida de tu amor, a tus pobres, a tus cautivos, a nosotros pequeños y pecadores, nos has entregado a tu Hijo para que fuera nuestro Salvador y nuestro Redentor, nuestro Señor y nuestro hermano.

Ahora, en comunión de misericordia contigo, Cristo Jesús, pedimos ser sacramentos creíbles de tu presencia en el camino de los pobres: que ellos reconozcan en nuestras manos las tuyas, en nuestra mirada tu ternura, en nuestra caridad tu abrazo, en nuestra debilidad la fuerza divina de tu cruz. Y pedimos también, Señor, que en ellos, en los pobres, nuestra fe te reconozca, y se apresure a ungir tu cuerpo herido, vendarlo, perfumarlo y cubrirlo de besos.

Hoy soñamos que los caminos del mundo se llenan de samaritanos compasivos. Hoy soñamos con un mundo que tú –lo digo de Cristo, de la Iglesia, de ti y de mí- haces sencillamente humano.

Feliz domingo.

AYUDA Iglesia Tetuán

Titular: FUNDACION SOCIO CULTURAL PETEIRO

BANCO 0049 BANCO SANTANDER

C.C.C : 0049 4894 06 2516012036

I.B.A.N. : IBAN ES85 0049 4894 0625 1601 2036




Tánger, 7 de julio de 2016

A quien pueda ayudarnos en esta tarea

Estimados en Cristo: Paz y Bien.

De Mons. Santiago Agrelo Arzobispo de Tánger

La iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Victorias, en la ciudad de Tetuán, reclama actuaciones urgentes de restauración.

En la actualidad, el número de fieles atendidos en esa parroquia sería considerado insignificante en un país de tradición cristiana-católica, pero resulta particularmente significativo si se considera que se trata de cristianos entre musulmanes. De ahí la importancia de conservar cuidadosamente los espacios de culto que la piedad de los fieles y el celo de los frailes franciscanos han ido levantando a lo largo de los últimos ciento cincuenta años.
Con este escrito manifiesto mi apoyo al proyecto de restauración de esa iglesia parroquial y pido la colaboración de quienes puedan ayudarnos a realizarlo.

Afectísimo en Cristo, vuestro hermano menor.

Presupuesto Iglesia Tetuan

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[button link="https://www.diocesistanger.org/wp-content/uploads/2016/07/Memoria-Tetuan.pdf" newwindow="yes"] Descargar Memoria Tetuán[/button]

Iglesia, sacramento de paz y misericordia:

Aprenderé a decirlo con el Apóstol: “Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual, el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”.

Hay quien pone su gloria en la circuncisión, y quienes la ponen en no estar circuncidados; hay quien se gloría en la ley, aun sabiendo que deshonra a Dios transgrediéndola; hay quien presume de lo que tiene, como si no lo hubiese recibido todo.

Que se gloríe quienquiera de su saber, que presuma quienquiera de su fuerza, de su poder, de sus estrategias para imponerse a los demás, someterlos, dominarlos… “En cuanto a mí Dios me libre de gloriarme, si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”.

Quise quedar abrazado a esa cruz, a ese crucificado, porque sólo él tiene palabras de vida, porque sólo él es el camino que lleva a la vida: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.

Pedí quedarme con él… y entonces ¡él me envió!, a los pueblos y lugares adonde quería ir: “Mirad que os envío- dijo- como corderos en medio de lobos”. El Príncipe de la paz nos envía con su paz, para llevarla a la gente de paz.

Y nos pusimos en camino con el mandato -la autoridad- de curar a los enfermos, y de anunciar que ha llegado para todos el Reino de Dios.

“Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis; alegraos de su alegría los que por ella llevasteis luto… Porque así dice el Señor: _Yo haré derivar hacia ella como un río la paz”.

Adonde llega Cristo, llega la paz, y tú, Iglesia cuerpo de Cristo, eres el mensajero que va adonde Cristo quiere llegar; contigo va la paz que Dios ofrece a los pobres, a todos los pobres, pues todos caben en el corazón de Dios y todos han de encontrar cabida en tu corazón.

Tú eres el sacramento por el que tu Señor se hace presente en cada lugar, en cada casa, a cada uno de los que esperan, con su llegada, la llegada de la salvación.

No eches fardos sobre los hombros de quienes esperan el evangelio; no des una piedra al hijo que te pide pan; no pongas un escorpión en la mano del hijo que te ha pedido un pescado; no defraudes con ideología religiosa a quien espera la salvación.

Tú, Iglesia cuerpo de Cristo, eres sacramento de la paz de Dios para la humanidad. Por ti, desde Cristo crucificado, la misericordia se derrama sobre el mundo. Esa es tu dicha. Esa es tu gloria.

Feliz domingo.

Libertos de Cristo, esclavos de amor:

amoracristoEn la Iglesia se habla –hablamos- muy poco de libertad; puede incluso que, en muchas ocasiones y de muchas maneras, nos hayamos mostrado recelosos de la libertad, si no abiertamente contrarios a su ejercicio. Y, sin embargo, en la lectura apostólica de este domingo oiremos proclamar: “Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado”.

Y has entendido que se te decía: Cristo nos ha liberado para amar; el amor hizo a Dios nuestro esclavo para que nos hiciéramos esclavos unos de otros por el amor: ¡Somos libertos de Cristo para ser esclavos de su amor!

La palabra de la revelación te recuerda que en esa esclavitud de amor, en esa libertad de “amar al prójimo como a ti mismo”, en esa llamada a “amar a todos como Dios te ama”, se encierran para ti todos los mandatos de la Ley.

Aquel día, que parecía hecho sólo para la tristeza de los esclavos, a la entrada de la iglesia en la que se celebraba el entierro de un bebé que había sobrevivido apenas unos minutos a su nacimiento, un cartel iluminaba la noche del sentido: “Lo importante en la vida no es hacer algo, sino nacer y dejarse amar”.

Las palabras eran un certificado de plenitud para la vida de aquel hijo, y una apertura de cada vida al aire de la libertad. Los padres del bebé habían podido suscribir aquel mensaje porque sabían cuánto amaban ellos a aquel hijo, y también porque la fe les decía cuánto a todos los amaba Dios.

Si se ha nacido amado, se ha tenido una vida completa aunque sólo se haya conocido por un instante la ternura de quien nos ama.

La libertad que has recibido de Cristo es libertad de la necesidad de poseer, ya se trate de hijos, de seres queridos, de riquezas o de la propia vida. La libertad que de Cristo has recibido es libertad frente al dolor, a la enfermedad, a la muerte; es la libertad que Eliseo necesitó para dejar bueyes y aperos de labranza y casa familia, y correr tras Elías”; es la libertad que recibieron los discípulos para dejarlo todo y seguir a Jesús. Ésa es la libertad que hace posible en Teresa de Jesús la serena quietud de su “sólo Dios basta”, la misma que hizo posible en Francisco de Asís la plenitud que se intuye resumida en la aclamación: “¡Mi Dios, mi todo!”

La libertad que de Cristo has recibido, Iglesia amada de Dios, es la que te permite hoy hacer tuyas las palabras del Salmista: “El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano”. Lo dirás orando, lo dirás comulgando; lo dirás con tus hermanos de fe, lo dirás con tus hermanos de pobreza: “Yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»”; “Tú eres el bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero”.

Y lo que va diciendo tu oración y tu comunión, al tiempo que te hace libre de tus esclavitudes, te hace siervo de todos por el amor.

Esa libertad sólo Cristo te la puede dar y nadie te la puede quitar.

Feliz domingo.

Tú eres siempre Jesús:

Jesus pan de vida2En la quietud atenta de la escucha, me alcanza tu pregunta: _ ¿Quién soy yo para ti?

Y te llamo Jesús, palabra que me sabe a Dios y a salvación. En tu pequeñez se refugia la mía. En tu cruz se hace ligera la de todos tus hermanos. A tus pies se serenan los latidos del corazón inquieto. Y aunque no sepa si es amor o egoísmo quien en mí va diciendo Jesús, aunque no sepa si ese nombre se arraiga en la mucha fe o en la poca, sé que enciende una luz en mi noche, sé que deja tu mano en mi mano, sé que me deja grabado en tu corazón, sé que me deja como sello en tu brazo.

Pero la pregunta se repite como un eco: _ ¿Quién soy yo para ti?

Entonces busco otros nombres en la memoria entrañable de la fe: Y te me vuelves pastor, de amores tan loco, que da la vida por sus ovejas; y también puerta por la que entran y salen confiadamente las que te conocen. La fe me recuerda que eres luz que irrumpe en mis ojos ciegos y deja que me asome al misterio de lo que hay dentro de mí, a la belleza de lo que hay dentro de ti, al enigma del mundo que se me ha dado para que lo cultivase. La fe me recuerda que sólo tú eres la resurrección y la vida, y que, en conocerte a ti y al Padre, está para todos la vida eterna. La fe me recuerda que tú eres la fuente misteriosa que Dios ha dado a los sedientos, para que apaguemos nuestra sed en agua viva. La fe me recuerda que eres pan del cielo para el camino de los pobres, un pan que es sacramento de tu vida entregada, de tu amor sin medida…

Y vuelve tu pregunta como una espada: _ ¿Quién soy yo para ti? Que es como decirme: Continúa buscando, no dejes de preguntar…

Y le pregunté al padrenuestro, y me dijo que tú eras el cielo que espero, que tú eras el reino de Dios que viene al corazón de los pobres, que tú eras el hijo de Dios, el amado, el predilecto, el que entrando en el mundo dijo: “he aquí que vengo para hacer tu voluntad”, el que cansado del camino y sediento dijo: “mi alimento es hacer lo voluntad del que me ha enviado”. Tú eres nuestro pan de cada día y el pan de nuestra eternidad; tú eres el perdón de mis pecados y la gracia del perdón con que me perdono en los demás. Para mí tú eres fuerza, libertad, esperanza y quietud.

Pero en las paredes de mi intimidad, sin que me cause tristeza, no deja de resonar tu pregunta: _ ¿Quién soy yo para ti?, que es algo así como si me preguntases por el amor: _ ¿Me amas?

Entonces dejé de buscarte dentro para buscarte cerca, lo más cerca posible de mí. Y te dije: tú eres el hermano, la hermana, con los que convivo; tú eres el hijo que no hemos dejado vivir porque nos faltó fe; tú eres la madre que no aprendió a serlo porque le faltó esperanza; tú eres el refugiado que nadie acoge, el herido que nadie cura, el excluido que a nadie importa, el emigrante que todos pintan como una amenaza. Tú eres un hambriento en todos los hambrientos, en sediento en todos los sedientos, un desecho en todos los desechos que yacen echados a las puertas de nuestras casas…

Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que para mí eres siempre Jesús.

Iglesia a los pies de los pobres:

A la Iglesia de Dios que peregrina en Tánger: Paz y bien.

Queridos: Al llegar el mes de junio, solemos encontrarnos para celebrar en comunión fraterna el Día de la Iglesia y el aniversario de la ordenación de vuestro obispo.

Este año, la celebración se hará en Tetuán, en el recinto del antiguo Hospital Español, el 12 de junio, domingo XI del Tiempo Ordinario.

En el corazón de cada hijo de la Iglesia la gracia de ese domingo aunará lágrimas de compunción y perfume de agradecimiento, historias de pecado y de perdón, sobresaltos de muerte y de vida, memorias imborrables de miseria y de amor.

Un frasco lleno de perfume:

Ese día, el evangelio nos dejará la memoria de un encuentro, memoria de Dios a los pies de una mujer, memoria de una mujer a los pies de Dios: Mujer y pecadora, mujer y lágrimas; mujer amada, mujer y perfume; mujer amante, muer y besos; mujer en la que tú, Iglesia de Cristo, te reconoces, te ves a ti misma, y, porque en ella estás representada, te dispones a vivir en el misterio de ese domingo lo que ella vivió aquel día en casa del fariseo Simón.

Mujer dichosa, aquélla y tú, pues dichoso es “el que está absuelto de su culpa”, dichoso aquel “a quien le han sepultado su pecado”. Dichosa ella, dichosa tú, Iglesia de Cristo, pues él te amó y se entregó a sí mismo por ti para consagrarte, purificándote con un bautismo de gracia, con el baño del agua y la palabra, para que estuvieses gloriosa en su presencia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada.

El fariseo te señala como pecadora, sabe que eres pecadora, más aún, lo sabe toda la ciudad. Pero ninguno de ellos ha conocido la compasión de Dios contigo, la obra de Dios en ti: no saben de su gracia en tu pecado, de su perdón en tu vida, del amor con que Dios te ha visitado y redimido.

El fariseo no sabe que tu perfume está inundando de gratitud el cielo porque Dios te ha llenado de gracia inundándote de misericordia.

Y mientras el escandalizado Simón no sepa lo que tú sabes, no podrá llorar como tú lloras, ni podrá tampoco amar como tú amas.

Dios a tus pies para lavarte:

Lavar los pies era lo propio de la hospitalidad humana.

Abrahán estaba sentado a la puerta de la tienda. Alzó la vista y vio a tres hombres frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, se postró en tierra y dijo: «Señor mío, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol…» (Gn 18, 1-4).

Cuando los ángeles llegaron, Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levantó para ir a su encuentro, se postró rostro en tierra y dijo: «Señores míos, os ruego que vengáis a casa de vuestro servidor, para pasar la noche y lavaros los pies» (Gn 19, 1-2).

Sin saberlo, los patriarcas ofrecieron hospitalidad a Dios y a sus ángeles, y, de ese modo, se hicieron a sí mismos huéspedes de Dios y de sus ángeles, que no venían del cielo a pedir algo que ellos pudieran desear, sino a ofrecer lo que Abrahán y Lot necesitaban.

Para ti, Iglesia amada del Señor, para remediar tu necesidad, en la plenitud de los tiempos la Palabra se hizo carne y puso su tienda entre nosotros. El que era de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, se quitó el manto y, disponiendo cuanto era necesario para tu purificación, se puso a lavar los pies de tus hijos.

El que era del cielo, el que era de Dios, quiso hacerse tuyo, quiso tener parte contigo, para que tú, que eras de la tierra, tuvieses parte con él, y en él te hicieses del cielo y de Dios.

Por eso vienes hoy a la sala del banquete, para llorar lo que no has amado y ungir con el mejor de tus perfumes los pies del que te amó y se entregó por ti.

Tú, con tu Dios, a los pies de los pobres:

No vayas, Iglesia de Tánger, por otro camino que no sea Cristo Jesús; no te des otra misión que no sea la de llevar, como Cristo Jesús, el evangelio a los pobres; no olvides lo que has recibido de Cristo Jesús, el cual, siendo rico, se hizo pobre por ti y te ha enriquecido con su pobreza. No quieras ser otro cuerpo que no sea el de Cristo Jesús, no quieras tener otra mirada sobre la vida de los pobres que no sea la de tu Señor sobre tu propia vida.

Que tu Señor, cuando llegue, te encuentre arrodillada como él a los pies de los pobres.

Feliz día de la Iglesia.

Tánger, 12 de junio de 2016

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20 AÑOS DE LA FUNDACIÓN C.E.N.D.I.S

para servir y amar a los más pequeños…

Un proyecto que salió de un sueño y se llevó a realizar.

Recordamos al Monseñor Antonio Peteiro p.d. a la Dra. Ana de ls Fuente , la Dra. Carmen Urbano, al Sr. Enrique Vichera, a Rafael Castillo p.d.que fueron importantes sus aportaciones, poniendo de su tiempo el cariño y la entrega.

La piedra fundamental: la formación de las educadoras, que hoy día siguen con su esfuerzo a desarrollar las aptitudes de los niños.

Y otras tantas personas anónimas que hacen posible este Centro funcione.

Muchas gracias a todos.

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¡A los pies de Jesús! ¡A los pies de los pobres!

jesus_feet2Fíjate en la “mujer de la ciudad”, de la que todo el mundo –Simón, la ciudad, la mujer misma, el evangelista, Jesús y el Padre del cielo-todos saben que es “una pecadora”.

Todo el mundo sabe, pero no todos saben lo mismo.

Simón –supongo que también “la ciudad”- sabe con un saber que, además de llevarle a juzgar a la mujer –sabe quién es y lo que es-, y a considerarse a sí mismo mejor que ella, le lleva también a “juzgar” a Jesús, que mal profeta debe de ser si ni siquiera sabe lo que está en boca de todos.

Simón sabe con ese saber que los soberbios hemos adquirido al comer del fruto del árbol que está en mitad del jardín: un saber farisaico, inquisitorial; un saber que abre los ojos, pero sólo para desnudar y avergonzar; un saber que agosta lágrimas, besos y perfumes; un saber que mata.

El evangelista, Jesús y el Padre del cielo saben quién es y qué es aquella mujer que se llegó “con un frasco de perfume” a la casa donde Jesús estaba, y, “colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, lo cubría de besos y se los ungía con el perfume”. Lo saben ellos, y lo sabe ella.

Aquellas lágrimas, aquellos besos, aquel perfume, nacen de un saber que es memoria necesaria de quién es y qué es la mujer, quién es y qué es para ella Jesús de Nazaret, quién es y qué es para ella el Dios que se le ha acercado en Jesús de Nazaret.

Lágrimas, besos y perfume –el mundo propio de “la pecadora”- son ahora la expresión de su hospitalidad para recibir a Dios, son los sacramentos de su encuentro de amor con Dios. La que antes se lavaba y se ungía para seducir, ahora lava y unge los pies de Jesús para amar.

Lágrimas, besos y perfume son evidencia de la fe que abre las puertas de una vida al don divino de la paz.

Ya habrás entendido, hermano mío, hermana mía, que ese evangelio no se proclama hoy para hablar de una mujer que no conocemos, sino para hablar de la Iglesia y de su Señor, de ti y de Cristo resucitado, de tu noche y de su luz que te ha iluminado, de tu pecado y de la gracia que te ha justificado, del amor con que has sido redimida, de la paz con que has sido bendecida.

En el misterio de la Eucaristía, la fe, la esperanza, el amor, el canto, la acción de gracias, la súplica, la bendición, son lágrimas, besos y perfume con que honras en la comunidad eclesial y en la intimidad de tu casa al que es tu salvador y tu paz y el perdón de tus pecados.

Allí aprendes a honrar a Jesús en el misterio de los hermanos; allí aprendes a lavar pies heridos, a secarlos con la entrega de tu vida, a ungirlos con el ungüento de la misericordia; allí aprendes a ser para Jesús –para su cuerpo, para sus pobres- alimento, bebida, cercanía y abrazo: ¡lágrimas, besos y perfume!