Asamblea diocesana en sintonía con la 2ª sesión del Sínodo

El horizonte del próximo curso pastoral está marcado por la Asamblea diocesana programada para el 5 de octubre de 2024. Este evento de nuestra Iglesia local se encuentra en sintonía con la importante cita de la Iglesia universal que será la segunda sesión del Sínodo de los Obispos sobre la sinodalidad, y que tendrá lugar en Roma del 2 al 27 de octubre.

Precisamente en esta semana se ha hecho público el Instrumentum Laboris para esta segunda sesión (IL2), Las primeras páginas de este documento repasan, a modo de introducción, el camino recorrido hasta ahora. Le sigue un apartado dedicado a los Fundamentos de la comprensión de la sinodalidad. Después, incluye tres partes estrechamente relacionadas, que iluminan la vida sinodal misionera de la Iglesia desde diferentes perspectivas. La primera, desde la perspectiva de las relaciones con el Señor, entre los hermanos y hermanas y entre las Iglesias. La segunda, desde la perspectiva de los caminos que sostienen y alimentan en lo concreto el dinamismo de las relaciones. Y la tercera, desde la perspectiva de los lugares que, contra la tentación de un universalismo abstracto, hablan de la realidad de los contextos en los que se encarnan las relaciones, con su variedad, pluralidad e interconexión.

El primer sábado de octubre, ya iniciada la 2a sesión del Sínodo, tendrá lugar nuestra Asamblea Diocesana, que quiere ser también una expresión de camino sinodal, concretamente en la elaboración del Plan Diocesano Pastoral, a partir de todas las aportaciones y comentarios de comunidades parroquiales y religiosas. El programa se desarrollará por la mañana y hasta la comida, en la Catedral de Tánger. ¡Resérvate la fecha!

 

Tendiendo puentes: Experiencia fraterna intraeclesial

Hablar de la frontera norte-sur desde ambos lados del estrecho de Gibraltar quiere decir hablar del flujo migratorio entre África y Europa. Detrás de este fenómeno, hay sobre todo personas, no números, con sus propias historias sobre por qué emprenden este viaje. Y también personas, en ambos continentes, que acogen, trabajan, acompañan a esos hombres, mujeres y niños que migran.

Tender puentes entre los dos lados de esta frontera norte-sur es lo que desde hace un decenio de años intentan realizar diversas entidades de la Iglesia, presentes en las diócesis de Andalucía, de las Islas Canarias y de Marruecos, con encuentros regulares en los que compartir experiencias y profundizar el fenómeno migratorio, a fin de ayudar a las personas que se ven implicadas. Como se decía en el lema de la Jornada Mundial del migrante y refugiado del año pasado, para garantizar las condiciones de que sean “libres de elegir si migrar o quedarse”.

Este objetivo de “tender puentes” se ha ampliado también a quienes trabajan a ambos lados de la frontera en las experiencias de fraternidad intraeclesial para voluntarios y voluntarias de diversas congregaciones religiosas y entidades de Iglesia que se llevan a cabo en el periodo estival.

Del 30 de junio al 13 de julio, un grupo de cuatro voluntarios están acogidos en la comunidad Vedruna de Tánger, para esta experiencia fraterna intraeclesial. Son Lorenza, religiosa Hija de Cristo Rey, actualmente en Jaén; Patro, hermana de Lorenza, laica que vive en Albacete; Pablo, redentorista en formación, que viene de Madrid; Victoria, joven laica del grupo San Francisco, de Granada. A ellos se suman otras dos voluntarias, que coinciden parcialmente en el tiempo de estancia de este grupo: Teresa y María, que vienen de Madrid y conocían ya a las vedrunas de Tánger.
Con este grupo de lo más variado hemos podido compartir impresiones sobre su estancia en Marruecos.

¿Por qué?
Las motivaciones para realizar esta experiencia son bastante coincidentes, aunque con matices diversos.

Precisamente, por estar en contacto con la realidad de la inmigración, hay quien desea conocer este mundo “desde el otro lado”, como Patro. Pablo reconoce que su congregación no está tan involucrada en el mundo de la inmigración, y por ello, esta es una muy buena oportunidad formativa, para conocer “como trabaja la Iglesia en inmigración en origen, como la Iglesia promueve el Reino donde no es tan fácil”. Victoria, desde pequeña se ha sentido atraída por el mundo de las misiones y ha participado en campamentos misioneros en España; ya había estado en Tánger junto a otros jóvenes voluntarios, acogidos por la fraternidad franciscana, pero esta vez, le enriquece la diversidad de este grupo, con edades y vocaciones diferentes.

Lorenza ha vivido durante muchos años en Senegal y ahora ya lleva diez años en España. Reconoce que sentía nostalgia de compartir la vida con estas personas del continente africano que “me han formado como persona… Tengo el deseo de vivir esta experiencia no tanto para solucionar cosas sino para empatizar”.

Para Teresa, que no comparte una fe religiosa, el objetivo es ayudar a todo el mundo: “cada uno lo hace desde su perspectiva y la mía no es de fe. Pero me siento mejor si los de mi alrededor se sienten mejor”.

¿Qué se hace?
El programa de estos días a grandes líneas consiste en cooperar en diversas acciones sociales por la mañana: los programas de la DDM (Delegación diocesana de migraciones), talleres para mujeres vulnerables, etc., además de actividades de mantenimiento en la casa que les hospeda. Y por las tardes, se trata de fraternizar con otras presencias de la Iglesia en la ciudad de Tánger, como el obispado y las comunidades religiosas. Sin duda, también hay espacio para conocer el entorno, la cultura del pueblo marroquí que nos acoge. En cualquier caso, “aquí, todo fluye”, como le decían antes de venir a Tánger a María, que trabaja en la enseñanza en una escuela claretiana, y como ella misma comprueba: existe la pauta pero luego, todo es flexible, es una experiencia preciosa que se teje día a día.

Recomendable.
Todos coinciden en que aconsejarían a otros a realizar una experiencia así de voluntariado. Primero hay que conocerlo y después, sabiendo de qué va, se puede sugerir a otros. Seguramente, de manera personalizada, cuando sabes que a una persona o a otra le puede ir bien. El matiz de fraternidad intraeclesial es el plus de este tipo de voluntariado, que fortalece recíprocamente a los participantes.

Hay quien la pregunta que se plantea es: ¿y después, qué? Esta inquietud de la continuidad de esta experiencia de voluntariado es un estímulo para continuar a la vuelta con este espíritu de donación, quizá con nuevas fórmulas, en el contexto de cada uno.

La comunidad vedruna también está agradecida por poder participar en este proyecto. Yolanda e Inma reconocen por una parte que reciben un apoyo grande y por otro lado, que su rol es el de “facilitadoras”, el de crear las condiciones para que la gente llegue a realizar su propia experiencia de donación y de encuentro con los demás y con Dios, creando un clima de familia y siendo una “casa de puertas abiertas”, acentos fuertes del último capítulo de la congregación de las carmelitas de la caridad vedruna.

María, Teresa, Pablo, Lorenza, Patro y Victoria: gracias por compartir vuestras inquietudes y que completéis vuestra experiencia de voluntariado de la mejor manera posible.

Final de curso en las escuelas de costura

En los meses de junio y principios de julio se han sucedido los desfiles, exposiciones y entrega de títulos a las alumnas de los diversos centros de enseñanza de costura presentes en la Archidiócesis de Tánger, de carácter diocesano o vinculados a diversas instituciones religiosas.

A lo largo del tiempo y en el contexto marroquí de nuestra diócesis, los proyectos sociales orientados al empoderamiento de las mujeres en muchas ocasiones han pasado por ofrecerles una formación profesional en el campo del corte y confección y bordado tradicional, que les permite trabajar por cuenta propia o ajena. Actualmente, con frecuencia las escuelas de costura se enmarcan en proyectos más amplios, que comprenden también alfabetización, orientación laboral, etc.

Después de todo el curso trabajando con las mujeres, es motivo de alegría y de celebración apreciar los progresos que han realizado, no solo profesionalmente sino también en autoestima y crecimiento personal. El breve vídeo que aquí recogemos, con algunas imágenes de los diversos lugares, sea un reconocimiento a todas las mujeres, alumnas y profesoras, que lo han hecho posible.

Asamblea Diocesana en el horizonte

Estamos acabando el curso pastoral y a la vez, vislumbramos ya un acontecimiento importante al iniciar el nuevo, tras el verano: la Asamblea Diocesana del próximo 5 de octubre 2024. Ese sábado nos reuniremos como Iglesia diocesana, en torno a nuestro arzobispo Fr. Emilio Rocha, ofm, para compartir lo que somos y lo que hacemos.

Están invitadas a participar todas las personas que forman parte de esta porción de Iglesia que camina en el norte de Marruecos: laicos, religiosos y religiosas, voluntarios, jóvenes y familias, etc. Será una matinal de encuentro en la catedral del Espíritu Santo, desde la llegada a las 9.30h hasta el momento de la comida compartida, con espacio para la reflexión, el trabajo en grupos, la eucaristía… Ese día será también la conclusión del trabajo sinodal de elaboración del Plan Diocesano Pastoral, que marcará las líneas de acción para los próximos tiempos de la Iglesia en Tánger, como familia que acoge y peregrina en Marruecos.

Fray Marko, nuevo sacerdote franciscano

La alegría de la comunidad cristiana de la Archidiócesis de Tánger es grande por la ordenación sacerdotal de Fr. Marko Bagarić, ofm, que se suma al gozo de su familia de sangre y al de toda la familia franciscana.

La celebración ha tenido lugar el sábado 22 de junio, a las 10h, en la iglesia de San Juan XXIII, papa, en Zagreb. Ha sido así porque la nacionalidad de Fr. Marko es croata, aunque lleva viviendo en Marruecos desde hace dos años y medio: primero en Rabat y desde septiembre 2023 en Tánger. Con él, han recibido el sacramento del orden sacerdotal en total 15 hombres, algunos como sacerdotes diocesanos y otros eran religiosos franciscanos, carmelitas y salesianos.

Hasta Zagreb ha viajado una delegación de nuestra archidiócesis, encabezada por su arzobispo, Fray Emilio Rocha, ofm, y con los otros frailes franciscanos de la fraternidad del nuevo sacerdote, entre otras personas. La celebración  fue presidida por el Arzobispo de Zagreb, Mons. Dražen Kutleša, y concelebrada por otros miembros del clero local.

Exactamente ocho meses atrás, el 22 de octubre 2023, Fr. Marko recibió la ordenación diaconal en la Catedral del Espíritu Santo de Tánger. Ahora, ha recibido el orden sacerdotal. Pero, ¿cómo vive Fr. Marko este momento tan especial? ¿Cuál ha sido su trayectoria hasta llegar aquí? De todo ello hemos conversado con él, para entender mejor y compartir con toda la diócesis su vivencia personal. 

  • ¿Cuándo y dónde naciste? ¿Cuándo y dónde entraste en los franciscanos?

Nací hace 34 años en Tomislavgrad, Bosnia y Herzegovina y tengo nacionalidad croata. Los franciscanos están en la parroquia de nuestra familia, dedicada a San Francisco, y los franciscanos me formaron religiosamente. Los primeros santos a los que recé fueron San Francisco y San Antonio de Padua. Mi abuela estaba en la orden secular de San Francisco y ese impacto de la espiritualidad franciscana marcó mi vida desde una edad temprana. Así que entré a los franciscanos en agosto de 2014. Nuestra formación tiene tres fases: postulantado, noviciado y seminario. Terminé el año de postulantado en Samobor, un pequeño pueblo cerca de Zagreb. Después acabé mi noviciado en el santuario de la Madre de Dios de la casa Nazarena en Rijeka, durante otro año. En 2021 estuve obteniendo un master (diploma) en la Facultad de Teología y Filosofía de Zagreb. Y desde la fiesta de la Virgen de Lourdes de 2022 estoy en Marruecos, por invitación del Ministro general P. Massimo Fusarelli.

– La llamada a la vida religiosa, como franciscano, y la llamada al sacerdocio: en tu experiencia personal, ¿han sido una misma cosa o hay matices diferentes? ¿Una evolución, una maduración?   

Creo que Dios a veces se adapta a nuestra lógica, por eso entré en los franciscanos. Como os decía, mi vida de fe está vinculada a los franciscanos desde pequeño. Además, en Croacia y en Bosnia y Herzegovina la situación es un poco específica: el 98% de los franciscanos son sacerdotes. Así que creo que yo recibí dos vocaciones en el mismo paquete…  De hecho, hasta que entré en el monasterio ni siquiera sabía que había frailes que no son sacerdotes, pero ciertamente cuando uno entra piensa en ese aspecto del franciscanismo. En este discernimiento, los hermanos y nuestros superiores nos ayudan discernir la vocación. Es importante tener el corazón abierto y escuchar la palabra de Dios, y los hermanos priores. Así la persona crece y madura en su propia vocación.

– Marko, ¿qué sientes en tu interior, ahora que has recibido la ordenación sacerdotal?

Me siento pequeño ante el misterio que me sobrepasa y ahora sólo quiero entregar todo mi ser y  amar a Dios, perseverar en mi vocación, justificar la confianza que Jesús tiene para mí y servirle como él quiera. Estoy orgulloso porque Jesús es nuestro Dios y sé que su bondad supera nuestra pequeñez y sólo puedo decir una cosa a Dios: Alabado seas, mi Señor.

  • ¿Qué le aconsejas a una persona que se esté planteando un camino de seguimiento a Jesús de manera plena?

Le aconsejo que sea valiente, que no tenga miedo a las dificultades, que es importante amar a Dios y a la Virgen, que es guardiana de nuestras vocaciones, trabajar cada día en uno mismo y ponerse incondicionalmente en sus manos, y Jesús guiará y arreglará todo.

Noticia en la web de la Archidiócesis de Zagreb.

“Alegres en la esperanza”, Jornada Diocesana de la Juventud 2024

Los jóvenes de nuestra archidiócesis tienen una cita en Martil, del 18 al 21 de julio.

A la luz de la experiencia vivida los días 1 al 6 de agosto de 2023 en la ciudad de Tánger, simultáneamente y en comunión a la JMJ de Lisboa, muchos jóvenes que participaron y otros que no pudieron hacerlo han expresado el deseo de seguir celebrando nuestra fe con iniciativas que reúnan a los jóvenes de la diócesis de Tánger.  Ante esta realidad, Fr. Emilio Rocha, ofm, arzobispo diocesano, se unió a este deseo de la juventud cristiana y convocó en febrero de este año una Jornada Diocesana de la Juventud (JDJ) que se desarrollará del 18 al 21 de julio 2024 en Martil. Es una respuesta a la necesidad pastoral de sembrar, cultivar, animar y celebrar nuestra fe con gozo renovado y con intensidad creciente.

La Comisión diocesana de Familia y Juventud se ha encargado de la organización, aunque, en palabras de Fr. Emilio, “todos, cada uno desde nuestra realidad personal, somos corresponsables en la animación, preparación y celebración de la JDJ”, en actitud de diálogo con los párrocos y agentes de pastoral, para facilitar y promover esta Jornada.

El texto inspirador para los días de la JDJ en Martil es el mensaje del mismo papa Francisco para la Jornada Mundial de la Juventud que se celebra localmente en el 2024, y que lleva por título “Alegres en la esperanza”, retomando la cita de Pablo a los romanos.

Además de profundizar este mensaje, el programa incluye también otros temas de reflexión y formación; otros momentos de oración, eucaristía, etc; espacios para compartir la fe y la cultura de los diversos países de proveniencia, a través de coreografías, poesía, teatro, etc; paseos y deporte en la playa y alrededores, en contacto con la naturaleza. Todo, preparado con la ilusión de vivir esos días con una actitud de peregrinación espiritual, de oración profunda, de meditación de la Palabra de Dios y de crear un ambiente de convivencia en paz y fraternidad. Así lo expresan Wali y Paul, de la Comisión diocesana de Familia y Juventud:

 

Vida sacramental en nuestra Iglesia local

En este mes de junio, en diversas parroquias de nuestra diócesis, se han dado pasos de maduración en la fe de muchos miembros de la comunidad cristiana, a través de los sacramentos de la comunión y de la confirmación.

El 2 de junio, Solemnidad del Corpus Christi, John y Lizzy, jóvenes de Zambia, recibieron la confirmación en la Parroquia de San José de Alhucemas. En esta ocasión, el celebrante fue P. Manuel Cánovas, osst, párroco y vicario general.

John y Lizzy en el centro, con la comunidad cristiana de Alhucemas

El mismo día, en la catedral de Tánger, 8 personas recibieron la primera comunión, entre los cuales, un adulto y sus dos hijos adolescentes.

Primeras comuniones en la catedral

El 9 de junio, en cambio 14 jóvenes (dos de ellos, provenientes de la Parroquia de la Asunción de Tánger y el resto de la Catedral del Espíritu Santo) recibieron el sacramento de la confirmación, de manos de nuestro obispo, Fr. Emilio Rocha, ofm, recién llegado a la archidiócesis después de la intervención quirúrgica que realizó a principios de mayo.

Confirmandos en la catedral

En el horizonte aún está la confirmación de Toni, joven de Sudán del Sur, que tendrá lugar el 30 de junio en la capilla de San Francisco de Asís, en M’diq.

Damos gracias a Dios por todas estas celebraciones y gozamos con la vitalidad de la diócesis y el crecimiento en la fe de la comunidad cristiana.

 

La acción social de la archidiócesis apuesta por la salvaguardia de menores y adultos vulnerables

El pasado sábado 8 de junio tuvo lugar una sesión formativa y de trabajo de todas las entidades diocesanas y de congregaciones religiosas que trabajan en el área de acción social de la Archidiócesis de Tánger. La reunión tuvo lugar en el Centro Cultural Lerchundi de Tánger, una de estas entidades, durante toda la mañana. La convocatoria se realizó desde el responsable diocesano del área de acción social, P. Manuel Canovas, osst, y contó con la participación de una veintena de personas provenientes de Asilah, Ksar el Kebir, Tetuán, Martil, Alhucemas, Nador y Tánger. También contó con la presencia del arzobispo diocesano, Fr. Emilio Rocha, ofm, recién llegado después de su ausencia por motivos de salud.

La temática fundamental que se ha profundizado es el enfoque de bienestar y salvaguardia de las personas atendidas en las diversas obras de acción social presentes en la diócesis, así como de los mismos trabajadores y el voluntariado de estas entidades. Este enfoque viene dado, no solo por la mayor sensibilidad de la sociedad en general hacia estos temas, sino sobre todo por la opción evangélica preferencial hacia los pobres, excluidos o marginados que alienta la vida de la Iglesia.

Para conducir la sesión, estuvieron el P. Alvar Sánchez, sj, director de Cáritas diocesana de Tánger, y Maria Jesús Martín, coordinadora diocesana de la entidad, que aportaron como base inicial, los protocolos y documentos de Caritas Internationalis en esta materia: código ético, código de conducta, normativa para la salvaguardia de menores y adultos vulnerables, canales de denuncia, etc.

La primera parte de la matinal consistió en la presentación de las diversas obras, en cuanto a características generales y a los instrumentos de salvaguardia de los que disponen. Esta presentación permitió conocer el amplio y variado abanico de situaciones y de servicios que se ofrecen desde la acción social diocesana.

En un segundo momento, se trabajó en grupos y después en plenaria, valorando la mejor manera de avanzar en el campo de la salvaguardia. El consenso general de todas las entidades presentes se orienta a dotar a la Archidiócesis de Tánger de un marco normativo común, de acuerdo con la legislación marroquí, en materia de bienestar y salvaguarda de las personas, así como de una estructura diocesana para acompañar las diversas organizaciones de acción social presentes en el territorio en esta materia.

Fray Emilio, de nuevo en Tánger

Fr. Emilio, en su primer acto público a su regreso a Tánger

Después de poco más de un mes de ausencia, Fray Emilio Rocha, ofm, arzobispo de Tánger, ha regresado a su sede episcopal después de la intervención quirúrgica de prótesis de cadera que tuvo lugar a inicios de mayo en España, según el comunicado de este Arzobispado.

El estado de salud de Fray Emilio es muy bueno y su pleno restablecimiento progresa adecuadamente. Tanto es así que llegó a Tánger el viernes 7 de junio y el día 8 participó en el encuentro del área de Acción Social sobre salvaguarda. El domingo día 9, impartió la confirmación a un grupo de jóvenes de las dos parroquias de la ciudad de Tánger.

El domingo 9 de junio, confirmaciones en la catedral, por parte de Fr. Emilio

Fray Emilio agradece las oraciones por su salud y las muestras de cercanía en este periodo, que le han llegado numerosas por diversos canales, de todos los rincones de la diócesis.

Mons. Nicolas Lhernould vuelve a Túnez como obispo

El pasado 4 de abril, el papa Francisco, aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Túnez, presentada por S.E. Mons. Ilario Antoniazzi y anunció a la vez el nombramiento como nuevo arzobispo de este territorio a Mons. Nicolas Lhernould, trasladándolo desde la sede de Constantina-Hippone (Argelia). El próximo 8 de junio tendrá lugar en la catedral de Túnez una celebración de acción de gracias a Mons. Antoniazzi y el inicio del ministerio episcopal del nuevo arzobispo.

Mons. Lhernould, aunque francés de nacimiento, ha desarrollado su vida pastoral como sacerdote en Túnez, hasta su ordenación episcopal para la sede argelina de Constantina-Hipona, en 2020. Mons. Antoniazzi, al dar la noticia de su relevo a los diocesanos tunecinos, se expresaba así: «Merci, cher Abouna Nicolas, «fils» de l’Église de Tunisie, pour avoir accepté de revenir parmi nous, pour nous accompagner et nous guider!».

Con motivo del inicio de su ministerio episcopal en Túnez, le hemos realizado la siguiente entrevista (original en francés y traducción al español):

Foto de Didier Lucas

Comment accueillez-vous cette nomination, après quatre années de ministère à Constantine et Hippone?

Il y a quatre ans, le pape François me demandait de quitter la Tunisie pour rejoindre Constantine. Il me demande aujourd’hui de traverser la frontière dans l’autre sens pour succéder à Mgr Antoniazzi comme archevêque de Tunis. Bien que cela en ait l’apparence, je ne le vis pas comme un retour, mais un nouveau départ. La Tunisie m’a enfanté comme prêtre, l’Algérie comme évêque. En Algérie, j’ai grandi. J’ai senti que s’élargissait pour moi l’espace de la tente (cf. Is 54,2), pour reprendre un thème cher au synode sur la synodalité, à mesure que j’ai été accueilli par le peuple et l’Eglise d’Algérie, desquels j’ai tant reçu. Il n’est jamais facile de partir. Dans la vie diocésaine, nous sommes formés à durer. C’est aussi dans ces moments-là que l’on mesure le poids des relations tissées, des amitiés nouées, de tout ce qu’on a vécu… ou qu’il y aurait encore à vivre. La Tunisie elle aussi a évolué. Même si j’y ai vécu de nombreuses années par le passé, il y a beaucoup à redécouvrir. Un petit pas après l’autre, dans la confiance en l’Esprit Saint qui fait toutes choses nouvelles (cf. Ap 21,5). Je quitterai l’Algérie à la fin du mois de mai. La cérémonie de passation et d’installation aura lieu à la cathédrale de Tunis le samedi 8 juin.

Quand je suis devenu évêque, j’ai choisi le mot «fiat» comme devise épiscopale. Une devise que je vais garder. Ce mot évoque la confiance de la Vierge Marie au jour de l’Annonciation («Qu’il me soit fait selon ta parole» – ‘Fiat’ – Lc 1,38), mais aussi celle de Jésus la veille de sa Passion («Père, que ta volonté soit faite» – ‘Fiat’ – Mt 26,42), ainsi que la création («Que la lumière soit» – ‘Fiat’ – Gn 1,3). Ces trois consentements embrassent toute l’histoire du monde et en appellent un quatrième : le nôtre. Je demande à Dieu de pouvoir continuer de le prononcer tous les jours avec confiance, dans les moments joyeux, lumineux, douloureux ou glorieux. Une chose m’y a beaucoup aidé ici : c’est de ne jamais avoir été regardé seulement comme la fonction qui m’a été confiée, mais d’abord comme un frère. C’est ce qu’éprouvait déjà saint Augustin en son temps : «Si ce que je suis pour vous m’épouvante, ce que je suis avec vous me rassure. Pour vous en effet, je suis l’évêque ; avec vous je suis chrétien. Évêque, c’est le titre d’une charge qu’on assume ; chrétien, c’est le nom de la grâce qu’on reçoit. Titre périlleux, nom salutaire» (Sermon 340,1).

Qu’avez-vous à cœur pour les fidèles en Tunisie et pour la société tunisienne en général?

En Tunisie, le nombre de chrétiens est environ dix fois plus élevé qu’en Algérie, pour une population quatre fois moins nombreuse. Une communauté très diverse par ses origines, qui vit l’interculturalité depuis trente ans. En Algérie, ce phénomène heureux est plus récent. Le plus grand nombre est une joie mais aussi un défi, pour que chacun puisse trouver sa place, quelle qu’elle soit, en particulier les enfants du pays. De ce point de vue, l’Eglise d’Algérie a fait beaucoup plus de chemin. J’ai été très impressionné par le nombre et la qualité des propositions de formation en Algérie. Une réalité que je trouve inspirante pour les communautés voisines. L’héritage de nos anciens est aussi très précieux : Augustin en Algérie, Cyprien en Tunisie, pour ne citer qu’eux. Il est très beau de voir leur rayonnement à des siècles de distance, témoins très actuels d’une part de l’histoire sainte de nos peuples. Ce qui domine en moi, c’est l’émerveillement devant ce qui me semble être la force de l’un et l’autre de nos deux peuples : la générosité impressionnante du peuple algérien et l’optimisme constant du peuple tunisien.

J’ai vécu avec le peuple tunisien la Révolution de Jasmin de 2011 et une part de ses suites. J’ai été témoin de ses aspirations, de son sang-froid, de sa résilience. Les défis restent importants aujourd’hui. J’ai confiance, comme je le disais, en cet optimisme que rien n’ébranle, même dans les situations délicates. Je souhaite prospérité et stabilité à une société qui en a soif et qui fait face à de nombreux défis, sur le plan social, économique, institutionnel. J’ai toujours eu la conviction que la diversité, dont l’Église est un des éléments, était une chance pour construire cet édifice, en apportant sa pierre à la place qui est la sienne. Nos Églises sont en ce sens citoyennes. Leur histoire n’est ni parallèle ni révolue, mais un élément de l’histoire sainte, de l’actualité et de l’avenir de nos peuples, dont elles partagent les espérances. Une conviction m’habite, devant les nombreux défis liés à la paix, à la stabilité économique et sociale, à la gouvernance, aux personnes en mouvement… «Le juste doit être humain» (Sg 12,19). Exigeante boussole que rappelle l’Écriture, qui m’invite au même souhait que formulait le pape François au début de son encyclique Fratelli tutti : «Je forme le vœu qu’en cette époque que nous traversons, en reconnaissant la dignité de chaque personne humaine, nous puissions tous ensemble faire renaître un désir universel d’humanité» (n. 8).

De votre expérience en Algérie, et comme vice-président de la CERNA, quels sont de votre points de vue les chances et les défis de l’Eglise d’Afrique du Nord, sur cette rive sud de la Méditerranée?

Ce qui me marque le plus dans nos pays, ce ne sont pas les événements qui sortent de l’ordinaire, même s’il y en a beaucoup, mais les petits événements de la vie quotidienne, souvent discrets, qui sont comme autant de perles sur le fil de la vie, où tout prend d’autant plus goût que l’on s’attache à y retrouver la Présence invisible de celui qui nous fait vivre. Portés par la spiritualité de l’incarnation et l’expérience de grandes figures comme Charles de Foucauld, nous sommes attentifs à essayer de vivre ce quotidien de qualité. «Habiter», «demeurer», «goûter» : tels sont à mon sens les trois appels premiers de notre vie en Afrique du Nord. «Goûtez et voyez comme est bon le Seigneur», dit le psaume 33 : retrouver cette bonté dans le visage et dans l’ordinaire de la vie de chacun, y être attentif, la mettre en valeur, la cultiver, la célébrer, la seconder… Quand on mange rapidement, on se nourrit, mais sans apprécier toute la valeur des aliments. Certaines saveurs ne s’exhalent qu’en mastiquant patiemment ce qu’on porte à la bouche, en laissant le temps à tous les parfums de se révéler. Il en va des rencontres et des événements comme des aliments : c’est en les vivant et en les habitant pleinement, patiemment, que l’on accède à la saveur profonde de ce qu’ils sous-tendent : une part du mystère lumineux de la vie de chacun… et aussi de la nôtre.

Nos Églises sont petites, humbles, fragiles, «dans la mangeoire», comme aime le dire Mgr Desfarges, archevêque émérite d’Alger. En Afrique du Nord, d’année en année, je comprend mieux que la catholicité de l’Eglise n’est pas d’abord une question d’extension mais de mission, comme le disait le grand théologien Henri de Lubac : celle d’avoir conscience, en Dieu qui nous précède en toute culture, d’avoir reçu de lui en partage la responsabilité du salut du genre humain dans son entier. Simplement parce que telle est la mission de Jésus et que nous en sommes les serviteurs, en essayant d’aimer comme lui-même a aimé. Il s’agit là d’un thème très méditerranéen, porté en particulier par le Cardinal Jean-Marc Aveline, archevêque de Marseille. Les Rencontres Méditerranéennes de septembre 2023 en ont été un signe fort. Je crois aussi que nous sommes appelés à vivre d’une manière prioritaire et exigeante ce que Jésus dit dans l’Evangile : «A l’amour que vous aurez les uns pour les autres, tous reconnaîtront que vous êtes mes disciples» (Jn 13,35). Quand on est pauvre de tout, avec peu de monde, peu d’œuvres, peu de moyens, on expérimente cela de manière encore plus forte. Je crois que c’est un des aspects les plus importants du témoignage missionnaire que notre petite Église du Nord de l’Afrique peut et doit donner à l’Eglise universelle et au monde.

Foto de Didier Lucas

¿Cómo acoge este nombramiento, tras cuatro años de ministerio en Constantina e Hipona?

Hace cuatro años, el Papa Francisco me pidió que dejara Túnez para ir a Constantina. Ahora me pide que cruce la frontera en la otra dirección para suceder a monseñor Antoniazzi como arzobispo de Túnez. Aunque lo parezca, no lo veo como un regreso, sino más bien como un nuevo comienzo. Túnez me vio nacer como sacerdote, Argelia como obispo. Crecí en Argelia. Sentí que el espacio de la tienda se ensanchaba para mí (cf. Is 54,2), para retomar un tema querido por el sínodo sobre la sinodalidad, al ser acogido por el pueblo y la Iglesia de Argelia, de los que tanto he recibido. Partir nunca es fácil. En la vida diocesana, estamos formados para durar. Es también en estos momentos cuando medimos el peso de las relaciones que hemos construido, de las amistades que hemos hecho, de todo lo que hemos vivido… o que nos queda por vivir. Túnez también ha cambiado. Aunque viví allí muchos años en el pasado, hay mucho por redescubrir. Un pequeño paso cada vez, confiando en el Espíritu Santo que hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21,5). Dejaré Argelia a finales de mayo. La ceremonia del relevo y el inicio del ministerio episcopal tendrá lugar en la catedral de Túnez el sábado 8 de junio.
Cuando me convertí en obispo, elegí la palabra «fiat» como lema episcopal. Es un lema que voy a mantener. Esta palabra evoca la confianza de la Virgen María el día de la Anunciación («Hágase en mí según tu palabra» – ‘Fiat’ – Lc 1,38), pero también la de Jesús la víspera de su Pasión («Padre, hágase tu voluntad» – ‘Fiat’ – Mt 26,42), así como la creación («Hágase la luz» – ‘Fiat’ – Gn 1,3). Estos tres “síes” abarcan toda la historia del mundo y reclaman un cuarto: el nuestro. Pido a Dios que me permita seguir pronunciándolo cada día con confianza, en los momentos de alegría, de luz, de dolor o de gloria. Una cosa me ha ayudado mucho en esto: el hecho de que nunca se me ha visto sólo en función del cargo que se me ha encomendado, sino ante todo como hermano. Es lo que ya sintió San Agustín en su tiempo: «Si lo que soy para vosotros me asusta, lo que soy con vosotros me tranquiliza. Para vosotros soy obispo; con vosotros soy cristiano. Obispo es el título del cargo que ocupas; cristiano es el nombre de la gracia que recibes. Título peligroso, nombre saludable» (Sermón 340,1).

¿Qué desea para los fieles de Túnez y para la sociedad tunecina en general?

En Túnez, el número de cristianos es unas diez veces superior al de Argelia, para una población cuatro veces menor. La comunidad es muy diversa en sus orígenes, y vive interculturalmente desde hace treinta años. En Argelia, este feliz fenómeno es más reciente. Contar con un mayor número posible de personas es una alegría, pero también un reto, para que cada uno encuentre su lugar, sea cual sea, especialmente los niños del país. Desde este punto de vista, la Iglesia en Argelia ha recorrido un largo camino. Me impresionó mucho el número y la calidad de las oportunidades de formación en Argelia. Me parece inspirador para las comunidades vecinas. La herencia de nuestros mayores es también muy valiosa: Agustín en Argelia, Cipriano en Túnez, por citar sólo algunos. Es maravilloso ver su influencia a siglos de distancia, como testigos muy contemporáneos de una parte de la historia sagrada de nuestros pueblos. Lo que más me llama la atención es el asombro ante lo que me parece la fuerza de nuestros dos pueblos: la impresionante generosidad del pueblo argelino y el optimismo constante del pueblo tunecino.
Viví la Revolución de los Jazmines de 2011 y parte de sus secuelas con el pueblo tunecino. Fui testigo de sus aspiraciones, su entereza y su resistencia. Los retos siguen siendo grandes hoy en día. Confío, como he dicho, en este optimismo que nada puede hacer tambalear, incluso en situaciones difíciles. Deseo prosperidad y estabilidad a una sociedad sedienta de ellas y que se enfrenta a numerosos retos sociales, económicos e institucionales. Siempre he estado convencido de que la diversidad, de la que la Iglesia forma parte, es una oportunidad para construir este edificio, aportando su propia contribución por derecho propio. En este sentido, nuestras Iglesias son ciudadanas. Su historia no es paralela ni cosa del pasado, sino parte de la historia sagrada, del presente y del futuro de nuestros pueblos, cuyas esperanzas comparten. Frente a los numerosos desafíos relacionados con la paz, la estabilidad económica y social, la gobernanza y las personas en movimiento, me mueve una convicción: «El justo debe ser humano» (Sab 12,19). Esta es la brújula exigente que recuerda la Escritura, invitándome al mismo deseo que el Papa Francisco formuló al comienzo de su encíclica Fratelli tutti: «Espero que en estos tiempos que vivimos, reconociendo la dignidad de toda persona humana, podamos todos juntos reavivar un deseo universal de humanidad» (n. 8).

Desde su experiencia en Argelia, y como vicepresidente del CERNA, ¿qué oportunidades y retos ve para la Iglesia en el norte de África, en esta orilla sur del Mediterráneo?

Lo que más me llama la atención en nuestros países no son los acontecimientos extraordinarios, aunque haya muchos, sino los pequeños acontecimientos de la vida cotidiana, a menudo discretos, que son como tantas perlas en el hilo de la vida, donde todo adquiere más sabor cuando nos esforzamos por redescubrir la Presencia invisible de Aquel que nos sostiene. Animados por la espiritualidad de la encarnación y la experiencia de grandes figuras como Charles de Foucauld, estamos atentos para intentar vivir esta cotidianidad de calidad. «Habitar», «permanecer», «gustar»: éstas son, en mi opinión, las tres llamadas primordiales de nuestra vida en África del Norte. El salmo 33 dice: «Gustad y ved qué bueno es el Señor»: encontrar esta bondad en el rostro y en la vida ordinaria de cada persona, estar atentos a ella, subrayarla, cultivarla, celebrarla, apoyarla… Cuando comemos deprisa, nos alimentamos, pero sin apreciar todo el valor de los alimentos. Algunos sabores sólo pueden liberarse masticando pacientemente lo que nos llevamos a la boca, dejando tiempo para que se revelen todos los aromas. Lo mismo ocurre con los encuentros y los acontecimientos que con la comida: es viviéndolos plenamente, con paciencia, como accedemos al sabor profundo de lo que subyace en ellos: parte del misterio luminoso de la vida de todos… y también de la nuestra.
Nuestras Iglesias son pequeñas, humildes, frágiles, «en el pesebre», como le gusta decir a Mons. Desfarges, arzobispo emérito de Argel. En el Norte de África, año tras año, comprendo mejor que la catolicidad de la Iglesia no es en primer lugar una cuestión de extensión, sino de misión, como decía el gran teólogo Henri de Lubac: la de ser conscientes, en Dios que nos precede en todas las culturas, de haber recibido de él, por participación, la responsabilidad de la salvación de todo el género humano. Sencillamente porque ésta es la misión de Jesús y nosotros somos sus servidores, tratando de amar como Él mismo amó. Se trata de un tema muy mediterráneo, apoyado en particular por el cardenal Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella. Los Encuentros Mediterráneos de septiembre de 2023 fueron un fuerte signo de ello. Creo también que estamos llamados a vivir de forma prioritaria y exigente lo que dice Jesús en el Evangelio: «Por el amor que os tengáis unos a otros, todos sabrán que sois mis discípulos» (Jn 13,35). Cuando se es pobre en todos los sentidos, con pocas personas, pocas obras y pocos recursos, se experimenta esto con más fuerza aún. Creo que éste es uno de los aspectos más importantes del testimonio misionero que nuestra pequeña Iglesia del Norte de África puede y debe dar a la Iglesia universal y al mundo.