Los 19 mártires de Argelia

BEATIFICACION DE LOS 19 MARTIRES DEL AMOR POR ARGELIA:

8 DE DICIEMBRE DE 2018

Los 19 mártires de Argelia de los años 1994-1996 son testigos de una fe limpia que, a través de la oración y la presencia ha creado un espacio de diálogo. Son una hermosa imagen de la Iglesia de Argelia, compuesta por unos pocos miles de fieles en cuatro diócesis: Argel, Orán, Constantina-Hipona y Laghouat. La Iglesia de Argelia es consciente de tener una misión profética, la de crear un clima de diálogo entre la fe cristiana y el islam, en la certeza de que todos somos hijos de Dios, obra de sus manos, y que los hijos de Dios están llamados a reconocerse. Personalidades diferentes, unidas por una vocación común a la santidad, cada uno de ellos fue un auténtico testigo del amor de Cristo, del diálogo, de la apertura a los demás, de la amistad y de la pertenencia a la Iglesia. Los rasgos comunes de los 19 mártires son: fe sólida en Cristo y su Evangelio; amor por la tierra a la que el Señor los había enviado; atención y delicadeza evangélica hacia el pueblo argelino, sobre todo hacia los pequeños y los humildes, con una especial atención a los jóvenes; respeto por la fe del otro y deseo de entender el islam. Los 19 mártires encarnaron hasta el final la vocación de la Iglesia argelina de ser sacramento de la caridad de Cristo por todo el pueblo. Monseñor Pierre Claverie O.P., obispo de Orán, unas pocas semanas antes de morir, en una homilía pronunciada el 23 de junio de 1996, decía: “Después del comienzo del drama argelino, a menudo me preguntaban: ‘¿Qué estáis haciendo allí? ¿Por qué os quedáis? ¡Sacudid el polvo de vuestras sandalias! ¡Volved!’. ¿Pero a dónde vamos a volver? ¿Cuál es nuestra casa? Estamos allí por el Mesías crucificado. Por ninguna otra razón y por nadie más. No tenemos ningún interés que salvaguardar, ninguna influencia que mantener. No estamos impulsados por algún tipo de perversión masoquista. No tenemos ningún poder, pero estamos allí como junto a la cama de un amigo, de un hermano enfermo, en silencio, sosteniendo su mano y secándole la frente. Es por Jesús, porque es él quien sufre allí, en esta violencia de la que no escapa nadie, crucificado de nuevo en la carne de miles de inocentes. Dar la propia vida. Esto no está reservado a los mártires o, al menos, estamos llamados a convertirnos en ‘mártires-testigos’ del don gratuito de amor, del don gratuito de la vida. Este don nos viene de la gracia de Dios dada en Jesucristo. ¿Y cómo traducir este don, esta gracia?”.

Los 19 mártires, beatificado el 8 de diciembre de 2018 en Orán, en la Basílica de Nuestra Señora de la Santa Cruz son:

  • El hermano Henri Vergès, Marista, y Sor Paul-Hélène Saint-Raymond, de las Hermanitas de la Asunción. Fueron asesinados juntos en la biblioteca de la casba de Argel el 8 de mayo de 1994;
  • dos Agustinas Misioneras, asesinadas el 23 de octubre de 1994 al ir a la Misa dominical, delante de la capilla de Bab-el-Oued: Sor Esther Paniagua Alonso y Sor Caridad Alvarez Martín;
  • cuatro Misioneros de África (Padres Blancos), asesinados juntos en Tizi-Ouzu, en su casa, el 27 de diciembre de 1994: P. Jean Chevillard, P. Alain Dieulangard, P. Charles Deckers, P. Christian Chessel;
  • dos Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles, asesinadas por dos disparos a la salida de Misa, el 3 de septiembre de 1995, a cien metros de su casa, en Belcour: Jeanne Littlejohn (Sor Angèle-Marie) y Denise Leclercq (Sor Bibiane);
  • Sor Odette Prévost, Hermanitas del Sagrado Corazón;
  • siete monjes Trapenses de Tibhirine: el prior P. Christian de Chergé, el hermano Luc Dochier, el P. Christophe Lebreton, el hermano Michel Fleury, el P. Bruno Lemarchand, el P. Célestin Ringeard y el P. Paul Favre-Miville.
  • Mons. Pierre Claverie O.P., obispo de Orán, asesinado el 1 de agosto de 1996, junto a su joven chofer y amigo musulmán, Mohamed: esta circunstancia sume un alto valor simbólico para la vida de la Iglesia en Argelia.

Béatification de Mgr Pierre Claverie op, évêque,

et ses 18 compagnons, religieux, religieuses, martyrs

Programme

–  Vendredi 07 décembre:

Arrivée, retrait des badges et installation des invités à l’Hôtel Liberté.

Veillée spirituelle à la cathédrale Sainte Marie (Centre Pierre Claverie) à 20h00 (familles et participants venant de l’étranger)

–  Samedi 08 décembre:

  • Cérémonie d’accueil à la Grande Mosquée à 9h00 (pour les délégations des familles, les évêques et les journalistes)
  • Messe de béatification au Sanctuaire Notre Dame de Santa Cruz à 13h00   présidée par le cardinal Becciu, préfet de la Congrégation pour les causes des saints.
  • Retransmission à la cathédrale Sainte Marie (Centre Pierre Claverie) en direct.
  • dîner offert par Mr le Ministre des Affaires Religieuses suivi de pièce de théâtre «Pierre et Mohamed» (pour les résidents à l’hôtel Liberté).

–  Dimanche 09 décembre:

  • Les familles seront invitées à se rendre sur les tombes des bienheureux (Alger, Tibhirine, Tizi Ouzou)
  • Pour ceux qui le souhaitent, messe d’action de grâce à la cathédrale Sainte Marie (Centre Pierre Claverie) à 9h.

http://www.ktotv.com/beatification-martyrs-algerie

Obispo de Tánger – Santiago Agrelo

 

SALUDO

Queridos amigos de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía.  Señoras. Señores: Paz y Bien.

Si alguien preguntase qué nos ha traído hoy a este encuentro, podríamos responder que nos ha convocado la defensa de los derechos humanos. Así es.

Confieso, sin embargo, que he llegado a pensionista sin haber leído la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Y constato con asombro que son muchos los que, habiéndola firmado, supongo que después de haberla leído, no la respetan; y que seguramente somos muchos los que, sin haberla firmado y puede que ni siquiera leído, ponemos todo el empeño en respetarla escrupulosamente.

Porque va a ser que lo que cuenta no es un papel que todos pueden firmar e ignorar; lo que cuenta es el ser humano, la persona humana, ese otro que es como yo y en el que puedo reconocerme.

Aquí me han traído hoy vuestra benevolencia y las certezas morales que han guiado mi vida como ciudadano y como cristiano.

A ese mundo de certezas pertenece la de la comunión de todos en una misma y única humanidad. Si las cosas son así, servir a otro es de alguna manera, servirse uno a sí mismo; servir a quien se encuentra en situación de necesidad es siempre un modo de remediar la propia necesidad; eso me lo enseñó el profeta que dijo: “No te cierres a tu propia carne”.

De ahí que la Delegación Diocesana de Migraciones de la Iglesia de Tánger y yo mismo nos sintamos hoy no poco confundidos en un evento que es de ¡reconocimiento de la solidaridad que cada día tenemos con nosotros mismos!

Por esa misma antigua y entrañable identificación de los pobres con uno mismo, sería poco comprensible que nadie recordase hoy lo que ayer ha compartido con los demás, pues sería algo así como recordar lo que ayer hemos comido: ¡Nadie guarda memoria de eso!

Mi admirada Simone Weil lo dijo de esta manera: “El benefactor de Cristo, en presencia de un desdichado, no siente ninguna distancia entre la persona que tiene delante y él mismo; proyecta hacia el otro todo su ser; y desde ese momento el impulso a dar de comer es tan instintivo, tan inmediato, como el de comer uno mismo cuando tiene hambre. Y cae enseguida en el olvido, como caen en el olvido las comidas de días pasados”.

Un segundo motivo de confusión para la Delegación y para mí es que llevamos años intentando hacer visibles a esos inmigrantes que las opciones políticas han hecho clandestinos en los países por donde transitan, y resulta que ¡nos hemos hecho visibles a nosotros mismos!

Y aquí me toca confesar pecados que, en la lucha por la justicia, pueden haberse escondido en los pliegues de la solidaridad:

Podemos olvidar que al necesitado no le damos de lo que es nuestro, sino de lo que es suyo.

A algunos, que tienen recursos para ayudar, les he oído reclamar el agradecimiento de quienes son ayudados: olvidamos que no estamos dando, sino devolviendo, y que por eso mismo, no hemos de reclamar gratitud, sino que hemos de pedir perdón.

Por otra parte, no sé cómo habremos de arreglárnoslas en circunstancias como ésta para que “no sepa la mano izquierda lo que hace la mano derecha”.

Y, último capítulo de esta confesión: mucho me temo que no hayamos amado a los pobres “tanto que nos perdonen la escudilla de sopa que les damos” (Vicente de Paúl).

El pan compartido, la mano estrechada, el abrazo fraterno, son reconocimiento y defensa de la dignidad y de los derechos de todos los miembros de la familia humana.

El pan compartido, la mano estrechada, el abrazo fraterno, son pequeños pasos que se dan hacia un mundo en el que “los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de libertad de palabra y de creencias”.

El pan compartido, la mano estrechada, el abrazo fraterno, son los primeros nombres que damos a una relación que queremos que sea humana con todos.

No hacen falta declaraciones solemnes para compartir pan, estrechar manos y abrazar hermanos.

La DUDH está ahí, firmada por todos los que salían de las atrocidades de la II Guerra mundial y habían conocido la barbarie de crímenes contra la humanidad justificados con ideologías supremacistas y totalitarias. La DUDH está ahí, y, sin embargo, en los once años de mi servicio como obispo en la diócesis de Tánger, he sido testigo de la violación continuada del derecho de todos a emigrar, del derecho de todos a la integridad física; he visto humanidad esclavizada, humillada, vejada, utilizada; he visto pisoteada la dignidad humana, mujeres y hombres mendigando lo que se les debe de justicia. He visto tanto sufrimiento inútil y evitable, que sólo puedo avergonzarme de pertenecer al mundo de quienes lo provocan.

Una constatación o, si ustedes prefieren, una evidencia: en esos once años de testigo en la frontera sur de España, la situación de los emigrantes no ha hecho más que empeorar. Han sido once años de descenso en la escala del respeto a la dignidad de las personas, y de progresiva degradación social en materia de solidaridad con los pobres: de ignorar sus sufrimientos y mirar para otro lado, hemos pasado a justificar que se les condene a la esclavitud y se les deje morir.

A quienes me pregunten qué hacer para poner remedio a este mal que amenaza con destruir nuestro patrimonio de humanidad, les recordaré la importancia de compartir pan, estrechar manos y abrazar hermanos; que es un modo de pedir que se te encuentre siempre al lado del que sufre, siempre solidario con él; y ése es tu modo de mostrar que reconoces en el otro a uno como tú mismo.

Pero puedo decirlo de otra manera: que te encuentren siempre al lado de los que sufren, siempre con los pequeños, siempre entre los últimos.

Ahora bien, si son muchos los motivos que tengo para sentir confusión en este acto, también los tengo y muchos para estaros agradecido, todo lo agradecido de que soy capaz, por esa extraña decisión de reconocimiento a estos repartidores de pan y de abrazos. Necesito agradecéroslo cuanto sé y puedo, ya que ese gesto vuestro, es un modo bien sencillo y eficaz de decirle a alguien –seguramente que a muchas personas-, que los inmigrantes están aquí. Ellos son hoy aquel niño solo del que habla con inmensa ternura Eduardo Galeano en El libro de los abrazos:

«Fernando Silva dirige el hospital de niños en Managua. En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar. Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían… se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba detrás. En la penumbra, lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso. Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano: _Decile a… -susurró el niño-, decile a alguien que yo estoy aquí».

Gracias, amigos, gracias por este reconocimiento, que es un modo de recordar que los inmigrantes están aquí, que existen, que tienen derechos, y que están olvidados en la soledad de la frontera sur de España.

Gracias, también en nombre de la Delegación Diocesana de Migraciones. Un abrazo de este hermano menor.

Cádiz, 10 de diciembre de 2018.

Santiago Agrelo Martinez, obispo

El Papa Francisco vendrá en visita oficial a Marruecos

A la Iglesia de Dios que peregrina en Tánger

Hoy, a mediodía, la Santa Sede ha anunciado que, los días 30 y 31 del próximo mes de marzo, el Papa Francisco vendrá en visita oficial a Marruecos.

El Papa llega invitado por su Majestad el Rey Mohamed VI y por la Iglesia que peregrina en Marruecos. Será pues una visita al pueblo marroquí y a la comunidad eclesial.

Todavía se mantiene viva aquí la memoria de aquella otra visita que, en 1985, hizo a este Reino el Papa San Juan Pablo II, una visita que ha aportado al pueblo marroquí y a la Iglesia un inmenso caudal de esperanza, de caridad, de bendiciones.

Como Pastor de la Iglesia universal, el Papa viene a encontrarse con el pueblo marroquí y con sus autoridades, especialmente con su M. el Rey Mohamed VI, en un marco de diálogo interreligioso que musulmanes y cristianos queremos promover.

Como sucesor del apóstol Pedro, el Papa viene también a confirmar la fe de los fieles: viene a conocernos, a compartir nuestra vida, a darnos ánimos, a orar con nosotros, a bendecirnos.

En esa visita tiene puestas muchas esperanzas el pueblo de los emigrantes en tránsito hacia Europa.

El programa de la visita no está todavía cerrado. Seguramente que celebrará la Eucaristía con la comunidad cristiana. Allí estaremos cuantos esperamos, deseamos y pedimos su visita. Él viene de lejos para encontrarnos. Nosotros iremos de más cerca para encontrarlo.

Nos alegramos por esta buena noticia para el pueblo de Marruecos, para la comunidad eclesial, para los preferidos de Dios.

Y ya desde ahora encomendamos al Señor la persona del Papa Francisco, su ministerio y el fruto de su encuentro con nosotros.

Bendito el que viene en nombre del Señor.

Retiro Espiritual del P. Jean Baptiste

Retiro Espiritual del P. Jean Baptiste con los estudiantes africanos en Al Hoceima

Los días 24 y 25 de noviembre de 2018, se celebró en la Parroquia de San José de Al Hoceima un retiro de preparación al adviento dirigido a los jóvenes estudiantes de Costa de Marfil, Camerún, Guinea Bissau y Burkina Fasso, impartido por el Franciscano P. Jean Baptiste.
El sábado por la mañana fue la charla y oración con meditación personal.
El domingo por la mañana se celebró una Eucaristía festiva y una comida elaborada por los jóvenes estudiantes dando la bienvenida a los de primer año.
Muchísimas gracias al P. Jean Baptiste por seguir acompañando a los jóvenes y también muchísimas gracias a los jóvenes estudiantes por continuar dando testimonio de su fe en esta población.

Al Hoceima

Homenaje al Doctor Don Federico Molina y a la Comunidad de Hijas de la Caridad

Los días 15 y 16 de noviembre de 2018, el Instituto Español Melchor Jovellanos de Al Hoceima, celebró las cuartas Jornadas Interculturales, centradas en la Sanidad en el Protectorado Español de Marruecos, donde se homenajeó al Doctor Don Federico Molina y a la Comunidad de Hijas de la Caridad de Al Hoceima por toda la labor que están realizando en el campo de la sanidad y del compartir generoso con la población.

En los diferentes actos, estuvo presente el hijo del Doctor Don Federico Molina y también la Comunidad de Hijas de la Caridad, con mención especial a Sor Josefa que después de cerca de setenta años en la ciudad de Al Hoceima trabajando en el área de cirugía, ha tenido que regresar a su tierra.

Muchísimas gracias al Doctor Don Federico por su labor y a nuestras Hermanas por su entrega generosa.

PAROQUIA SAN JOSE – AL HOCEIMA

Vida pastoral de los Padres Trinitarios

El viernes 2 de noviembre de 2018, conmemoración del Día de Todos los Difuntos, celebramos la Eucaristía en el Cementerio Español de Al Hoceima.

Después de una oración por todos los Difuntos en el Cementerio, en mitad del camposanto, celebramos la Eucaristía recordando a todos los Difuntos de las familias que han vivido en esta ciudad.

LLEGADA DE LOS PADRES TRINITARIOS A MARRUECOS

El domingo día 30 de septiembre de 2018, se celebró en la Parroquia de San José de Al Hoceima la presentación de los nuevos Párrocos – pertenecientes a la Orden de la Santísima Trinidad – y el comienzo de curso Pastoral Parroquial.

Contamos con la presencia de nuestro Arzobispo Monseñor Santiago Agrelo, quien presidió la Eucaristía, el Vicario General de la Archidiócesis el P. Simeón Stachera junto a las Comunidades de Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca e Hijas de la Caridad de Al Hoceima, Religiosas Franciscanas y de la Divina Infantita de Nador,  Religiosos Trinitarios y Laicos Trinitarios venidos desde España junto a los Estudiantes de Costa de Marfil, quienes animaron la Celebración, Directora y profesores del Colegio Español Melchor de Jovellanos y feligreses.

Monseñor Santiago Agrelo nos animó con estas palabras: El escalón que divide el Presbiterio nunca debe ser una frontera en la vivencia y crecimiento de la fe de una Comunidad Cristiana.

Desde ese día la Parroquia está abierta desde las 18h hasta las 20h miércoles, jueves y viernes, siendo el horario de la Eucaristía a las 18,30h. Además del domingo a las 11h.

Lunes, Martes y Sábado la Eucaristía se celebra en la Comunidad de las Hijas de la Caridad.

Llamados a ser evangelio para los pobres

A la Iglesia de Dios que peregrina en Tánger: Paz y bien.

Queridos: La Paz y el Bien que con vosotros comparto en el Señor cada vez que os saludo, son el evangelio que deseo reciban también los emigrantes –hombres, mujeres y niños en busca de un futuro mejor- cada vez que se encuentren con nosotros en el camino de la vida.

Sobre ellos, desde que han salido de sus casas, se abatido una ola de violencia, que es institucional antes de ser mafiosa, y que es siempre inhumana si no es simplemente criminal.

En los últimos tiempos, la violencia institucional se ha hecho más arrogante y más cruel, tal vez porque sabe que cuenta ya con el soporte de la aprobación social: En todos los continentes, las sociedades se inclinan sin pudor hacia propuestas políticas egoístas, supremacistas, xenófobas, racistas.

Esas sociedades están cavando la fosa en la que han de ser enterradas.

Todo ello hace ineludible una señal de alarma, una palabra de discernimiento de opciones a la luz de la fe, una palabra de solidaridad con los pobres y de compromiso personal y comunitario en defensa de los derechos de los emigrantes, que por ser personas particularmente vulnerables, han de ser particularmente protegidas.

Grabado a fuego en la conciencia:

Vosotros, que sois de Cristo, recordáis el evangelio que habéis recibido, y el evangelio dice que a nuestro lado, a la puerta de nuestras vidas, no hay sin papeles, no hay ilegales, no hay clandestinos, no hay irregulares; sólo hay alguien a quien hemos de amar como a nosotros mismos.

He dicho “alguien”. Podría haber dicho “otro”, podría decir “personas”, podríadecir “emigrantes”; y todas las palabras se me quedarían pobres, pues ninguna guarda memoria de lo que han vivido, de lo que han sufrido, de lo que han perdido esos hermanos que Dios nos ha confiado para que en nosotros encuentren luz, esperanza, ternura y pan.

Para eso hemos nacido, para eso hemos sido ungidos por el Espíritu de Dios, ésa es la misión que el mismo Espíritu nos ha confiado: la de ser buena noticia de Dios para los pobres1.

El que llama a mi puerta no es un extraño sino un hermano, y aunque sea otro, no deja de ser yo mismo, pues es mi propia carne.

Y si, para acogerlo y acudirlo, esa identificación del otro conmigo no me pareciese manifiesta, entonces la fe recuerda todavía que a mi puerta está mi hermano mayor, Jesucristo el Señor, en quien creo, en quien espero, a quien amo.

Dichoso quien se apiada del pobre2, porque habrá hospedado a Dios en su corazón.

Acerca de Dios y de los pobres:

Esta carta, que quiere ser una llamada al compromiso de todos con los últimos, está dictada por el sufrimiento de los emigrantes y la pasión de Dios en favor de sus hijos pobres.

En torno al sufrimiento de los emigrantes, la información ha levantado un muro de silencio, coronado por una concertina de mentiras y calumnias, crueldad ésta que se añade a la violencia extrema –física y moral- que de forma continuada se ejerce sobre mujeres, hombres y niños indefensos y vulnerables.

Cuando se dice que las fronteras matan, lo que se quiere decir es que matamos quienes las pretendemos impermeables para los pobres.

Las vallas fronterizas son evidencia de nuestra pretensión de dominio sobre la tierra y sobre los pequeños de la tierra.

Y así, en las vallas de Ceuta y Melilla, las puertas que debieran haber servido para regular y ordenar la entrada de emigrantes en un recinto de serena esperanza, han servido y sirven para perpetrar la iniquidad de las devoluciones en caliente desde territorio español a territorio marroquí.

Las vallas saben de heridas, fracturas, mutilaciones y muertes, todo ello silenciado aceleradamente o falseado interesadamente por los medios de comunicación, de modo que una sociedad desinformada interiorice que en las fronteras no hay emigrantes, no hay violencia contra los emigrantes, no hay sufrimiento de los emigrantes, no hay humanidad vejada y humillada.

A la desinformación, se añadirá la burla atroz y criminal de representar a los emigrantes como mafiosos, como violentos, como vagos, como aprovechados, como ladrones.

Y así, el racismo, la xenofobia, la aporofobia, terminan por ser opciones democráticas, que miden con exactitud la degradación que sufre en nuestras sociedades la humanidad.

Pero, más allá de desinformaciones, representaciones y degradaciones, la realidad es que en la frontera sur de España, en la frontera norte de Marruecos, a la vista de todos en esta Iglesia, los emigrantes están viviendo una tragedia sin fin.

Hace años, a los que esperaban en el bosque de Beliones una oportunidad para pasar a Ceuta, los veíamos dispersos en pequeños grupos a lo largo de la autovía que va del puerto de Tánger a la ciudad autónoma. Allí, a quienes pasaban, y sin que a nadie molestasen y nadie los molestase, pedían la ayuda de una caridad.

Detrás de aquella normalidad rutinaria y serena, había sin embargo mucho sufrimiento, pues aquellos mendigos de color azabache, ya morían en las vallas, ya pasaban frío y hambre en los bosques, ya cargaban sobre los hombros las penalidades de un presente improvisado y la incertidumbre de un futuro imprevisible.

De repente, aquella rutina serena se rompió, y la situación de los inmigrantes se hizo más penosa.

Las razones del cambio habrá que intuirlas, porque nadie las da.

Y si, para acogerlo y acudirlo, esa identificación del otro conmigo no me pareciese manifiesta, entonces la fe recuerda todavía que a mi puerta está mi hermano mayor, Jesucristo el Señor, en quien creo, en quien espero, a quien amo.

Dichoso quien se apiada del pobre2, porque habrá hospedado a Dios en su corazón.

Acerca de Dios y de los pobres:

Esta carta, que quiere ser una llamada al compromiso de todos con los últimos, está dictada por el sufrimiento de los emigrantes y la pasión de Dios en favor de sus hijos pobres.

En torno al sufrimiento de los emigrantes, la información ha levantado un muro de silencio, coronado por una concertina de mentiras y calumnias, crueldad ésta que se añade a la violencia extrema –física y moral- que de forma continuada se ejerce sobre mujeres, hombres y niños indefensos y vulnerables.

Cuando se dice que las fronteras matan, lo que se quiere decir es que matamos quienes las pretendemos impermeables para los pobres.

Las vallas fronterizas son evidencia de nuestra pretensión de dominio sobre la tierra y sobre los pequeños de la tierra.

Y así, en las vallas de Ceuta y Melilla, las puertas que debieran haber servido para regular y ordenar la entrada de emigrantes en un recinto de serena esperanza, han servido y sirven para perpetrar la iniquidad de las devoluciones en caliente desde territorio español a territorio marroquí.

Las vallas saben de heridas, fracturas, mutilaciones y muertes, todo ello silenciado aceleradamente o falseado interesadamente por los medios de comunicación, de modo que una sociedad desinformada interiorice que en las fronteras no hay emigrantes, no hay violencia contra los emigrantes, no hay sufrimiento de los emigrantes, no hay humanidad vejada y humillada.

A la desinformación, se añadirá la burla atroz y criminal de representar a los emigrantes como mafiosos, como violentos, como vagos, como aprovechados, como ladrones.

Y así, el racismo, la xenofobia, la aporofobia, terminan por ser opciones democráticas, que miden con exactitud la degradación que sufre en nuestras sociedades la humanidad.

Pero, más allá de desinformaciones, representaciones y degradaciones, la realidad es que en la frontera sur de España, en la frontera norte de Marruecos, a la vista de todos en esta Iglesia, los emigrantes están viviendo una tragedia sin fin.

Hace años, a los que esperaban en el bosque de Beliones una oportunidad para pasar a Ceuta, los veíamos dispersos en pequeños grupos a lo largo de la autovía que va del puerto de Tánger a la ciudad autónoma. Allí, a quienes pasaban, y sin que a nadie molestasen y nadie los molestase, pedían la ayuda de una caridad.

Detrás de aquella normalidad rutinaria y serena, había sin embargo mucho sufrimiento, pues aquellos mendigos de color azabache, ya morían en las vallas, ya pasaban frío y hambre en los bosques, ya cargaban sobre los hombros las penalidades de un presente improvisado y la incertidumbre de un futuro imprevisible.

De repente, aquella rutina serena se rompió, y la situación de los inmigrantes se hizo más penosa.

Las razones del cambio habrá que intuirlas, porque nadie las da.