Entrevista a Cristobal López Romero

«Punto de Fuga» –  Cadena SER, dirigido por Pablo Morán, Sonia Moreno, corresponsal en Marruecos, sobre la App RefAid con monseñor Cristóbal López Romero, cardenal arzobispo de Rabat.

“Orar siempre y sin desanimarse”

Para acercarnos al misterio de la palabra proclamada en este domingo, nos ayudará recordar que Jesús se está acercando a Jerusalén, al lugar de su tránsito, al tiempo de su pasión, a la hora de su muerte.

Esta composición de lugar nos permite situar en un contexto adecuado la instrucción del Señor acerca de la perseverancia en la oración: “Orar siempre y sin desanimarse”.

Cuando los discípulos pidieron a Jesús que les enseñase a orar, él les enseñó palabras esenciales para dirigirse al Padre del cielo: Padre nuestro, santificado sea tu nombre…

Entonces no era necesario hablar de perseverancia en la oración, pues Dios es siempre nuestro Padre, su nombre ha de ser siempre santificado, la venida de su reino ha de ser siempre deseada, lo mismo que siempre deseamos ver cumplida su voluntad: Si permanecemos en la fe, perseveramos en la oración.

Cuando en el evangelio nos encontramos con aquella oración de Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”, tampoco allí se habla de perseverancia en la oración, pues toda exclamación agradecida, también la de Jesús, tiene su tiempo, como lo tienen la alegría de la fiesta, el asombro ante algo que nos sorprende, el entusiasmo nacido de la admiración. Admiración, sorpresa y fiesta son realidades enmarcadas en tiempos cuya naturaleza no pide la perseverancia o la permanencia, sino sólo la repetición, posiblemente periódica y frecuente.

¿Por qué ahora Jesús nos explica cómo tenemos que orar siempre y sin desanimarnos?

Pienso que lo hace porque algunas circunstancias, dentro del discípulo y a su alrededor, lo están empujando a no orar, a no pedir, porque ya antes lo indujeron a no esperar, a no confiar, a no creer…

Jerusalén está cerca, está muy cerca el escándalo de la cruz, muy cerca la huida y el miedo y la tristeza. Ahora es necesario hablar de perseverancia, porque el adversario se ha hecho fuerte, los pobres necesitan justicia, y la oración de los elegidos de Dios es un grito que resuena en el cielo día y noche.  Ahora es necesario hablar de perseverancia, porque el pueblo de Dios está amenazado en su propia existencia, porque se ha hecho necesaria la lucha, y ésta va a ser, no sólo prolongada en el tiempo, sino también perturbada con inquietantes alternativas de victoria y de derrota. Ahora es necesario hablar de perseverancia, porque las manos del orante se han hecho pesadas, y es tarea penosa mantener en alto los brazos.

Levanto mis ojos a los montes, levanto mis manos a lo alto, levanto mi corazón hasta el Padre, hasta el Señor que hizo el cielo y la tierra. Con el salmista hemos confesado la fidelidad del Señor: “El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha… el Señor guarda tu alma ahora y por siempre”; si confesamos siempre la fidelidad del Señor, oramos siempre; y si oramos siempre, confesamos siempre su fidelidad. Y así, mientras nuestra fe confiesa que él está siempre a nuestro lado, nosotros nunca nos desanimamos. Con Jesús, escuchando su palabra y comulgando su cuerpo, deseamos perseverar hasta el fin en la oración de la fe, prolongar en nuestra vida la entrega de su obediencia, comulgar, junto con su palabra y su cuerpo, su abandono filial en las manos del Padre: Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya… Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen… Padre, a tus manos encomiendo mi vida

Ahora ya sabemos por qué se nos habla de la perseverancia en la oración: Porque necesitamos auxilio, porque la injusticia nos rodea, porque la muerte nos acecha, porque el peligro se ha hecho tan cercano que la oración se nos ha vuelto un grito que dura día y noche.

Ahora en nuestro corazón resuena la voz del Espíritu, las palabras del salmista, la confianza del Hijo: Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia

Mientras creemos, oramos; si perseveramos en la esperanza, perseveramos en la oración; si por la fe, la esperanza y el amor permanecemos en la palabra de la Escritura que hemos aprendido y en la comunión con el cuerpo del Señor que se nos ha confiado, también permanecerá en nosotros la oración del Señor, la verdad de su entrega, su obediencia filial.

Siempre en el corazón Cristo.
+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo emérito de Tánger

Un pan del cielo:

Jesús relee, y nos enseña a releer, la Escritura como “palabra que se cumple en él”.

Lo había hecho con el profeta Isaías. Aquel día, en la sinagoga de Nazaret, Jesús “se pudo en pie para hacer la lectura”, y, después de leer un pasaje en el rollo del profeta Isaías, “comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír»”.

Ahora, en Cafarnaún, lo da a entender a propósito del Libro del Éxodo: la memoria que ese libro guarda del maná con que Dios alimentó a su pueblo en el desierto, es para Jesús anuncio profético del verdadero pan del cielo con Dios alimentará a los hijos del Reino en su camino hacia la Vida.

A la murmuración de los israelitas en el desierto, a la protesta por la falta de pan para la comunidad, se corresponde ahora la crítica a Jesús porque ha dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”.

Cuando el salmista cantaba: “hizo llover sobre ellos maná, les dio pan del cielo, el hombre comió pan de ángeles”, confesaba el amor providente de Dios a su pueblo; aquel pan, el maná, era “del cielo” porque era de Dios, porque su providencia lo preparaba bajo el rocío de la mañana. Aquel pan era una evidencia de la cercanía de Dios a su pueblo: aquel “pan del cielo” era memoria permanente de que el cielo era de la tierra, de que Dios era Dios de su pueblo.

Ahora Jesús dice: “Yo soy el pan bajado del cielo”. Ahora, en el misterio de la encarnación, en el misterio de la eucaristía, es Jesús el sacramento en el que la salvación se nos hace visible, es el cuerpo en el que tocamos la gloria de Dios, es la evidencia de que Dios se ha hecho de la tierra, de que Dios es Dios para el hombre, de que Dios está cerca de nosotros, de que Dios nos ama.

Donde antes se decía: “les dio pan del cielo”, ahora se dice: “Yo soy el pan bajado del cielo”.

Si consideras el verbo “dar”, a la memoria de la fe suben las palabras de la revelación: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca sino que tenga vida eterna”. Entonces Jesús, en el misterio de la encarnación, en el misterio de la eucaristía, se nos hace medida de la sin medida del amor de Dios.

Si consideras el verbo “bajar”, recuerdas las palabras del evangelista: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”; y también suben al corazón las palabras del apóstol: “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de Dios; al contrario se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos”. Y sabes que, si crees, si aceptas ese amor que desde el cielo baja a ti para ser tuyo, aceptas ir con él adonde él va, y va siempre hacia abajo, va siempre hacia lo más hondo, va siempre hacia los últimos.

Baja con Cristo al abismo donde se mueven los pobres, baja y sé para ellos sacramento del amor con que Dios los ama, evidencia de la cercanía de Dios a sus vidas, certeza de que son importantes, lo más importante, para ti y para Dios.

Del cielo ha bajado el pan, del cielo ha bajado Jesús, del cielo, para los pobres, has bajado tú, Iglesia cuerpo de Cristo.

Con Cristo hasta los pobres, hasta Dios:

La Ascensión del Señor a los cielos es para la Iglesia motivo de alegría, de alabanza, de eucaristía, pues la victoria que celebramos de Cristo es ya nuestra victoria, y la gloria que en él contemplamos es la misma que nosotros esperamos alcanzar.

Entra en el misterio que celebras, Iglesia enaltecida con tu Señor; entra y admira la consumación admirable de la gracia de la encarnación: El que vino del cielo hasta ti para buscarte, vuelve al cielo contigo después de hallarte.

Cuando de tu Señor y Pastor dices que ‘vino hasta ti’, no hablas sólo del lugar donde te habías extraviado, sino de la mísera condición en que te hallabas; y cuando dices de él que ‘vuelve al cielo contigo’, confiesas que tu condición ha sido asumida en la suya y elevada con él hasta Dios.

Por la encarnación, la Palabra que vino a buscarte, ocultó su condición divina en la condición humana. Por su ascensión, el Resucitado que se sentó a la derecha de Dios en el cielo, ocultó la condición humana en su condición divina. El amor que a él lo despojó de su rango, a ti te revistió de su gloria.

Si contemplas a Cristo sentado a la derecha de Dios en el cielo, te reconoces elevada, enaltecida, glorificada con él. Si te fijas en tu pequeñez, no dejas de ver a tu Señor que está siempre contigo.

Si la palabra proclamada evoca hechos del pasado, el sacramento que la cumple te une a Cristo resucitado, de modo que, comulgando, vives lo que admiras en la fe, pues tú, aunque pobre, unida a Cristo, subes enaltecida con él a la gloria, y él, aunque glorificado, unido a ti, se queda contigo en tu pobreza.

Que todos aclamen contigo, que todos vengan a tu fiesta, pues para todos abrió el camino del cielo el que a todos redimió porque a todos amó: “Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo. Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas”.

Admira revelada hoy a los discípulos la gloria de Dios, la misma que reconoces oculta en el abajamiento de Jesús de Nazaret, en la humildad de la Eucaristía, en la pequeñez de tu vida, en el sufrimiento de los pobres.

Si la fe no deja de ver, nunca la esperanza dejará de ir y evangelizar para que todos vean, nunca el amor dejará de agradecer, nunca los labios dejarán de aclamar.

Feliz abajamiento con Cristo hasta los pobres. Feliz ascensión con Cristo hasta Dios.

CINE FORUM

Mi tierra

Jueves 3 de agosto, 21’30, Patio
Título original: Né quelque part
Nacionalidad: Francia, 2013
Dirección: Mohamed Hamidi
Guión: Michel Blanc y Mohamed Hamidi
Reparto: Tawfek Jailab, Jamal Debbouze, Fatsah Bouyahmed, Abdelkader Ssedeur… v.o. árabe con subtítulos en español

Presenta:
Tirso Diego de Somonte. Arabista

O los tres o ninguno

Jueves 10 de agosto, 21’30, Patio
Título original: Nous trois ou rien
Nacionalidad: Francia, 2015
Dirección: Kheiron
Guión: Kheiron
Reparto: Kheiron, Leila Bekhti, Gérard Darmon, Zabou Breitman…
v.o. farsi/francés con subtítulos en español

Presenta:
Enrique Ortiz. Sociólogo

Fiesta fin de curso

Nos complace anunciar que la fiesta final del año escolar 2013-2014 de la guardería y Dar Tika será el jueves, 26 de junio de 17:00 h. en la sede del centro.

Contamos con ustedes para venir a compartir este momento juntos, con alegría y buen humor, es un momento esencial en la vida de cada estudiante que asiste a clases impartidas por nuestros maestros y así cerrar el año escolar 2013-2014.

Fete juin 14

Misas y Oficios, Semana Santa 2014

Misas y Oficios, Semana Santa 2014

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