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El pasado viernes 1 de mayo tuvo lugar en la ciudad de Tánger el encuentro de la vida consagrada presente en Marruecos: consagrados y consagradas de las dos archidiócesis. La jornada comenzó con la acogida de los participantes, en el claustro del arzobispado: entre muestras de alegría y grandes abrazos la gente fue llegando poco a poco, hasta alcanzar la increíble cifra de ciento veintidós personas. Entre ellos el arzobispo de la Archidiócesis de Tánger, Fr. Emilio Rocha Grande, OFM; el cardenal arzobispo de de la Archidiócesis de Rabat, P. Cristóbal López Romero, sdb, y su Vicario General, el P. Marc Helfer.
Con la energía vital que ofrece el reencuentro, nos dispusimos a confiar la jornada al Espíritu Santo con la oración de apertura centrada en el tema de la paz. Y aunque debido al gran número y a la disposición de la sala no pudimos mezclarnos mucho, cada cual desde su sitio fue presentándose por diócesis, por regiones del país y hasta por congregaciones.

La presidenta de la COVICOMA (Conferencia de la Vida Consagrada en Marruecos), la Hna. Celina Luz María Pérez, ein, de Nador, dio la bienvenida oficial a toda la asamblea y agradeció el esfuerzo realizado para poder estar todos juntos.
Sin más preámbulos el P. Stéphan Delavelle, OFM, nos introdujo en el tema de la jornada “Consagrados por la paz”, así como en el programa del día. Una breve presentación de la realidad de la violencia en el mundo, sea por las guerras, como por la inmigración o por la pobreza. La violencia que también en nuestro país de acogida, Marruecos, podemos observar: los jóvenes que reclaman justicia o el desenlace de un evento deportivo como el de la CAN. La violencia verbal de los políticos en casi todas partes del mundo. La falta de veracidad y de objetividad de la palabra, las teorías de la conspiración que generan dudas y miedos. Las relaciones virtuales y el poder amplificador de la IA a través de sus algoritmos desvestidos de esperanza. ¿Qué significan para nosotros, consagrados y consagradas, esas cifras, así como las imágenes que recibimos constantemente de diversas partes del mundo? ¿Cómo nos afectan en nuestras propias vidas, en nuestras relaciones personales y comunitarias? ¿Cómo podemos ser en medio de toda esta realidad mejores artesanos de paz?

Por eso, a nivel personal y en pequeños grupos, tomamos el tiempo para pararnos, hacernos estas preguntas, reflexionar y compartir juntos sobre alguna situación que nos haya supuesto una toma de conciencia. Abundantes fueron los frutos expresados por los distintos grupos. Algo que supo recoger muy bien la señora Anne Balenghien, formadora de PRH (personalidad y relaciones humanas) y gran colaboradora de nuestra iglesia de Marruecos. Después de escucharnos nos ofreció algunas pistas para poder afrontar la violencia sea en nuestras vidas, o la que nos llega del entorno. A través de una presentación del desarrollo humano nos invitó a tomar conciencia para ver desde dónde actuamos y reaccionamos ante un acontecimiento o estimulo exterior. Si lo hacemos desde lo que somos, lo que deseamos, desde ese lugar al que llamamos conciencia profunda, algo así como nuestra brújula interior, nuestro lugar de escucha, de apertura a la trascendencia, a la realidad de Dios en mí. O si mas bien lo hacemos desde lo corporal, lo mental, la sensibilidad, que nos lleva a cerrarnos a ese espacio del SER.
Y a continuación el P. Rolando Ruiz, sx, nos guio en un momento de oración silenciosa acompañado por algunas imágenes, palabras inspiradoras y música para poder integrar todo lo vivido y experimentado durante la mañana. Y en ese clima de silencio nos fuimos a la catedral para la celebración de la eucaristía.
Y de la misa a la mesa, nos encontramos nuevamente en el claustro del arzobispado para degustar lo que con tanto amor habían preparado en Casa Riera, así como todos los dulces y bebidas que cada participante trajo para hacer del compartir, esa multiplicación en la que al final siempre sobra para poder seguir compartiendo.
Y para aquellos que aun tenían fuerzas y tiempo, hubo la posibilidad de hacer algunas visitas: al Archivo Diocesano de Tánger, a la casa de los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca, a la casa de las Misioneras de la Caridad, de Madre Teresa.
Poco a poco nos fuimos despidiendo los unos de los otros, para regresar a nuestras comunidades y lugares de misión, fortalecidos en nuestra vocación de consagrados y consagradas, para seguir siendo constructores y artesanos de paz.
Mari Carmen Ocón, SMNDA
Ouarzazate



