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Palabras que unen, tapices que viajan: Fiesta final de curso en el Centro Lerchundi de Tánger
6 julio 2026

Palabras que unen, tapices que viajan: La huella del Centro Lerchundi en el Ramón y Cajal

Ayer, 5 de julio, el Colegio Ramón y Cajal acogió una tarde de gratitud, música y encuentro. La fiesta de fin de curso del Centro Cultural Lerchundi tuvo el aire sencillo de las despedidas bonitas: alumnos, familias y docentes compartieron una jornada donde las lenguas, el teatro, la música y la costura hablaron con la misma emoción.

Quienes enseñamos idiomas sabemos que una lengua extranjera se aprende palabra a palabra, con paciencia y con vida. Al principio, el alumno tantea los sonidos, duda, se corrige, vuelve a intentarlo. Poco a poco, esa lengua empieza a darle otra manera de mirar. Cada frase nueva trae una puerta pequeña: hacia una cultura, una voz, una sensibilidad distinta. En ese proceso hay algo profundamente artístico, porque aprender también es afinar la escucha y educar la mirada. Ayer, esa paciencia del aula salió a escena: en una canción, en una frase dicha con emoción, en una tela trabajada con las manos.

Esta imagen acompañó muy bien la tarde. En el Centro Lerchundi, las clases de idiomas conviven con los talleres de corte y confección y con la música. Ayer se vio con claridad que todas estas disciplinas comparten un mismo pulso: la paciencia de las manos, la memoria del cuerpo y el deseo de hacer algo bello. El desfile de modas mostró prendas trabajadas durante el año, con telas, costuras y detalles que hablaban de constancia. Las canciones y las obras teatrales hicieron lo mismo desde otro lugar: dieron forma a la palabra aprendida y la llevaron al escenario.

 

Voces de una comunidad unida

El acto estuvo acompañado por la comunidad educativa, las familias y las autoridades que sostienen este proyecto, ya con tres décadas de camino en Tánger. Monseñor Emilio Rocha Grande, arzobispo de Tánger, recordó la misión del centro como lugar de encuentro, diálogo y convivencia. Sus palabras invitaron a los profesores a seguir enseñando con pasión y a las familias a acompañar con cariño el crecimiento de sus hijos. También deseó a todos un verano sereno y reparador.

La directora del centro, la profesora Silvia Beatrice Dall’O, compartió con los asistentes la alegría por el trabajo realizado durante el curso y agradeció el esfuerzo de los educadores, del personal de administración, limpieza y seguridad. En su intervención dedicó un reconocimiento muy especial a la coordinadora general, la profesora Dekra Hamoudan, por su presencia constante y por ese trabajo discreto que permite que el centro respire cada día. El público respondió con un aplauso largo y cálido.

Un escenario de lenguas, música y teatro

El programa de la tarde mostró la riqueza de las aulas del Centro Lerchundi. Después de las palabras de apertura, distintos grupos infantiles fueron apareciendo en escena: los más pequeños cantaron en inglés y representaron en español Si esa calle fuese mía, una pieza inspirada en las tonadas de la Gallina Pintadita. También hubo un momento para la poesía, con versos dedicados a la libertad. Luego llegaron los grupos de adultos: sonó L’italiano, de Toto Cotugno, y se presentó una obra teatral en inglés sobre el impacto de la inteligencia artificial en la vida cotidiana.

La tarde mantuvo un ritmo vivo, entre risa, música y reflexión: el payaso Adam, la primera parte del desfile de confección, una interpretación musical en árabe y la obra Desconectados, interpretada por niños con la participación de dos jóvenes alumnas, para mirar con humor y sensibilidad nuestra relación con las pantallas. En la parte final, los niños cantaron en francés L’hymne de la vie y el grupo de adultos cerró con Madre Tierra, de Chayanne, antes de la entrega de certificados.

Al terminar la entrega de diplomas, el Colegio Ramón y Cajal conservaba algo de todo lo vivido aquella tarde: voces, telas, aplausos, risas y la emoción serena de ver un año de trabajo convertido en presencia. Para quienes enseñamos, días así recuerdan por qué merece la pena estar en el aula. La palabra que un día se escribió con timidez en la pizarra puede llegar a ser arte, vínculo y memoria compartida entre las dos orillas del Mediterráneo.

Como gesto final, los docentes del centro recibieron ramos de flores de manos de Mons. Emilio Rocha Grande, en un reconocimiento sencillo y lleno de afecto. Después, las canciones folclóricas de España y Latinoamérica se entrelazaron con melodías tradicionales marroquíes, cerrando la jornada con una imagen profundamente humana: distintas lenguas, una misma emoción.

Rania Entifi
Docente de español como lengua extranjera en el Centro Lerchundi.

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